7 Jul 14

Valor y precio. Parecen lo mismo pero no lo son

publicado por en la categoría Economía, Finanzas personales

Tendemos a utilizarlos como sinónimos cuando compramos una casa, una televisión o un ordenador, pero lo cierto es que precio y valor no son lo mismo desde el punto de vista económico. Conocer la diferencia nos puede librarnos de más de un disgusto y ahorrarnos alguna pataleta. ¡Os explicamos por qué!

Valor y precio. Parecen lo mismo pero no lo son

El precio de un bien no tiene por qué coincidir con su valor y viceversa. Esta es una de las bases económicas y financieras que conviene aprender cuanto antes para valorar adecuadamente lo que compramos y cuánto pagamos por ello.

El precio de un producto sería el dinero que efectivamente pagamos por él, mientras que el valor es el beneficio o utilidad que obtenemos al adquirirlo. Se podría pensar que el primero debe ser proporcional al segundo, es decir, que si un bien cuesta más es porque su valor es mayor. Nada más lejos de la realidad.

El precio de un producto se establece en función de elementos como el trabajo, tecnología, materias primas…. Es algo en principio mucho más objetivo que su valor. Al final un producto cuesta lo que se ha pagado por él, pero puede valer más o menos con el paso del tiempo. Es precisamente aquí donde entra el factor de la demanda y en muchos casos de las moras y la irracionalidad de las personas.

Sin motivo aparente, pensamos que cuanto mayor es el precio de un objeto mayor es también su valor. Es por eso que muchas veces equiparamos valor y precio cuando no deberíamos hacerlo, sino que deberíamos establecer el valor de un elemento por el uso que vamos a hacer del mismo y, en el peor de los casos, también por disponibilidad.

Un ejemplo concreto

Quizás la mejor forma de entender el asunto sea a través de uno de los muchos ejemplos que vemos de la diferencia entre valor y precio. ¿Puede el precio de un artículo ser diferente sólo por venderse en distintos lugares -sin contar aquí con elementos adicionales como la necesidad? No debería, pero así es y así lo demostró el artista callejero Bansky.

Para quienes no estén familiarizados con este él, basta decir que la sola posibilidad de que una obra suya hubiese sido localizada en un edificio Logroño hizo que se acotase la zona por el valor de la obra. Algo lógico teniendo en cuenta que sus pinturas se pueden vender por más de 200.000 euros.

Consciente de este poder, Bansky decidió establecer un puesto de arte callejero en Nueva York donde vendía sus obras por un precio más que razonable, todo sin publicidad y en muchos casos sin siquiera mencionar al autor. El resultado no fue muy positivo y apenas consiguió colocar su producto. Ahora pensemos qué hubiese pasado si esta acción se hubiese llevado a cabo en una casa de subastas o en eBay. El precio de la obra se hubiese disparado pero ¿valdría efectivamente más? No, solamente nuestra percepción de su valor habría cambiado.

Imagen de Flickr por Guido Rossi



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