En qué información fijarte para invertir en fondos y planes a largo plazo

Antes de invertir en fondos y planes a largo plazo debemos fijarnos en determinada información clave. Descubramos de qué información se trata.

No es difícil acceder a la información sobre fondos de inversión y planes a largo plazo. Habitualmente vamos a encontrar mucha y muy accesible. Sin embargo, sí es importante leer atentamente esta información y ser capaces de localizar los puntos clave, que son los que deberían influir en nuestra decisión de contratar o no uno de estos productos.

Información clave de un fondo a largo plazo y dónde encontrarla

En un pasado muy reciente acceder a la información de un fondo a largo plazo era complejo, lo más sencillo era acudir a las tablas de fondos que se publicaban en los medios de comunicación. Hoy en día es mucho más fácil hacerlo a través de Internet, pudiendo además acceder a un mucho mayor volumen de información.

El volumen de información, de hecho, es muy amplio. Va desde datos como el valor liquidativo hasta sus variaciones con respecto a otros períodos de tiempo, fechas de actualización, categoría y posición en el ranking rentabilidad según el tipo de fondo, etcétera. Incluso, en algunos casos, podemos acceder a los históricos de evolución de valores liquidativos de los fondos respecto a determinados índices.

En definitiva tanta información puede ser hasta demasiada cantidad cuando lo que realmente queremos es saber si ese fondo a largo plazo es adecuado o no para nosotros.

Si fuéramos un inversor a corto plazo deberíamos preocuparnos por la evolución diaria de los valores liquidativos, aunque desde luego un fondo de inversión no sería la mejor herramienta para este tipo de inversor. En el caso de inversor a largo plazo los puntos de información clave son otros.

Debemos fijarnos en la evolución a largo plazo del fondo. También en las comisiones que aplica a los partícipes y, no menos importante, en la propia historia y trayectoria del equipo gestor del fondo. Toda esta información la podemos obtener en el propio folleto y la ficha del fondo, algo que se encuentra generalmente en las propias páginas webs de las gestoras. Se puede complementar con los informes anuales de las gestoras, muy adecuados para la información que necesita el inversor a largo plazo.

Los informes anuales de las gestoras

Estos informes, como ya hemos dicho, pueden ser muy interesantes cuando buscamos elegir inversiones a largo plazo.

En ellos vamos a encontrar un estudio de rentabilidades durante el año presentando las mayores inversiones en carteras y la evolución por rentabilidad que han tenido. Esto suele acompañarse con previsiones. Con estos datos podemos comprobar si la evolución del fondo supera algunos de los índices principales, así podemos ver si los bate o no y las explicaciones al respecto que se pueden ofrecer.

También es relevante analizar los gastos del fondo, ya que nos pueden situar en el escenario de los retornos que ha producido y ofrecer pistas sobre lo que puede esperarse. Esto es totalmente relevante cuando hay comisiones de suscripción y reembolso ya que los costes del fondo son repercutidos en el cálculo de su valor liquidativo.

El análisis de la cartera del fondo puede ser también importante, sobre todo si queremos determinar hacia dónde se dirige nuestro dinero de manera más precisa. Esto se puede complementar con el análisis de los riesgos, que en algunos casos van a estar descritos en el propio informe de gestión, además de lo implícito en la elección de los activos.

Por último, y no menos importante, el informe anual va a incluir datos sobre el gestor o gestores del fondo y miembros del equipo, incluyendo los analistas. Estos datos son interesantes para valorar la experiencia o trayectoria del equipo gestor de los fondos a largo plazo que vamos a elegir.

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La ventaja de invertir en fondos y no en acciones

Hay muchas formas de invertir y no todas son iguales. Por mucho que un ahorrador que invierte en fondos de inversión quiera rentabilizar sus ahorros igual que uno que invierte directamente en acciones, la realidad es que el nivel de atención, conocimiento y estrés que requiere cada uno de ellos no es el mismo.

Un reciente artículo en Finect lo ilustra a la perfección.

En él Luis cuenta cómo tuvo que acudir a casa de un amigo de toda la vida a petición de su mujer por un susto con “las malditas acciones”. Al llegar y preguntarle a su amigo qué había pasado la respuesta fue “Abegoa” y en concreto una caída desde los 0,9 hasta los0,27 euros a cuenta de la recapitalización de la empresa, rumores de mercado y la tan manida excusa de las manos fuertes del mercado.

Recordaba entonces Luis como cuándo comenzó a invertir en fondos, ese mismo amigo le había asegurado que siempre eran mejores las acciones, porque al final eres tú quien controla la inversión. Y es que con un fondo es un gestor el que toma las decisiones tácticas sobre dónde invertir y nosotros como ahorradores, estamos a merced de esas decisiones y encima le pagamos porque decida qué hacer con nuestro dinero.

El inversor bursátil es su propio gestor, totalmente cierto, pero con todo lo bueno y todo lo malo. La historia de Luis lo deja bien claro. Gestionar tu propia cartera de acciones es una opción válida, pero sólo para quienes gustan de emociones fuertes, tienen suficiente disciplina como aceptar las grandes pérdidas que puedan llegar y capacidad para conciliar el sueño pese a estar a merced de la volatilidad del banco.

Para el resto existen los productos gestionados por profesionales, como los fondos de inversión para los que gustan de tener un mayor control o los unit linked y las carteras perfiladas para quienes quieren una guía sobre qué estrategia de inversión seguir. Y, por supuesto, siempre está la figura del asesor profesional para ayudarnos a sacar partido a nuestros ahorros. Y es que si bien todo el mundo puede aprender a invertir, no todo el mundo está hecho para soportar todo lo que conlleva hacerlo por su cuenta.

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Invertir y jugar al póker ¿Tan distintos como parece?

Al jugar al póker se incorporan algunos conceptos financieros como la gestión de caja y estrategias a largo plazo que pueden parecer similares a la inversión. Sin embargo, la diferencia entre invertir y jugar al póker es muy grande.

La base que hace que puedan tener puntos en común ambas actividades tiene mucho que ver con una nueva manera de invertir y también con el acceso abierto que Internet ha proporcionado.

Hoy en día es tremendamente sencillo incorporarse a un salón de póker y también lo es abrir una cartera de valores. En ambos casos se utilizan palabras como, juego, apuesta, inversión, gestión de fondos. En ambos casos se puede ganar y perder dinero y en ambos casos está presente una componente psicológica importante de excitación ante los resultados de una decisión. Y realmente aquí se acaban las coincidencias y empiezan las enormes diferencias.

Las grandes diferencias entre la inversión y el juego de azar

Y es que realmente aquí está la clave: la diferencia entre un juego de azar y una inversión en un activo. Es cierto que en ambos casos influyen en las decisiones personales y la preparación, sin embargo, el azar es un elemento absolutamente presente en el póker, de hecho, se trata de un elemento fundamental.

El caso del juego lo que hacemos es utilizar las probabilidades a largo plazo, sabemos que ganamos y perdemos influyendo nuestra destreza, pero también las probabilidades de tener más o menos suerte con las cartas.

La bolsa y los mercados financieros no cuentan con este componente azaroso. La inversión se realiza, o se debe realizar, de manera profesional siempre basándose en datos reales y contrastados y nunca en decisiones inmediatas sin una base previa. Esto es una diferencia abismal, ya que el póker nos obliga a decisiones inmediatas, basándose la ‘cartera’ en el largo plazo, en las probabilidades, mientras que la inversión nos obliga a decisiones meditadas basadas en la realidad y la información.

Cuando accedemos al mercado de valores a través de la renta variable accedemos realmente a la garantía básica de retorno para los inversores en forma de dividendo. Es cierto que no todas las compañías ofrecen dividendo, ya que no es obligatorio, pero sí es un elemento presente y muy importante la inversión. En el caso del juego, aunque pueden existir las ventajas para el jugador habitual, no existe ningún tipo de garantía ni de colchón asegurado antes de sentarse a la mesa virtual o real.

El concepto básico del juego, si lo trasladamos a la inversión, sería la especulación, ya que lo que busca el corto plazo es obtener dinero lo más rápido posible con la menor inversión posible. Sin embargo, la especulación no es inversión. Cuando acudimos a los mercados acudimos con un concepto a largo plazo de gestión de cartera y consolidación de nuestro dinero en el tiempo.

Es cierto que las últimas tendencias y mensajes engañosos hacen que parezca que existen puntos en común en este sentido, con esa imagen de la posibilidad de enriquecimiento inmediato a través de fórmulas infalibles en la inversión. O, por otro lado, con esa posibilidad remota de ganar grandes premios siendo jugador casual. Obviamente ambos elementos son poco probables y en todo caso más fruto del azar que de cualquier otra cuestión.

Como inversores también es importante tener en cuenta que los diferentes instrumentos de ahorro e inversión del mercado nos pueden permitir movilizar nuestro dinero en una dirección u otra, por ejemplo orientados a cubrir pérdidas. Esto no se da en ningún caso en el juego. Mucho menos cuando saltamos de juegos en los que puede existir un cierto nivel de preparación y control como es el póker a juegos en los que directamente lo único que fluye es el azar. No existe diversificación posible.

Por otro lado, la fiscalidad de la inversión comparada con la fiscalidad de los beneficios del juego es radicalmente diferente. La fiscalidad del juego en nuestro país obliga a una tributación como rentas del trabajo mucho más elevada que la fiscalidad media de los productos financieros.

En definitiva, y a pesar de compartir algunos puntos en común y de existir profesionales en el mundo del póquer muy cualificados y con sólidos conceptos de gestión de sus carreras y de su dinero, lo cierto es que para el usuario medio la diferencia entre ambas cuestiones es abismal.

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Qué es el apalancamiento

El apalancamiento financiero te permitirá ganar más al invertir, pero también multiplicará tus pérdidas. Te descubrimos en qué consiste.

Qué es el apalancamiento

El apalancamiento financiero se refiere a la utilización de deuda para incrementar la cantidad de dinero que se destina a la inversión. Se puede definir como la relación que existe dentro de una operación económica entre el capital propio y el crédito.

En cierta medida guarda ciertas semejanzas con el término ‘apalancamiento’ que se encuentra en la RAE, que lo define como levantar, mover algo con la ayuda de una palanca. En el ámbito económico se emplea la deuda a modo de palanca para aumentar las opciones de inversión. Se podrá destinar más dinero del que se tiene a una inversión, pudiendo de esta manera conseguir mayores beneficios o pérdidas que si solo hubiésemos contado con el capital que había disponible.

Una operación apalancada cuenta con más rentabilidad respecto a otras que no lo están. Se puede realizar a través de deuda o de derivados financieros. El apalancamiento financiero será mayor cuanta más deuda se use. Hay que valorar que un alto grado de apalancamiento implica unos intereses más elevados sobre la propia deuda, por lo que puede afectar a la rentabilidad de manera considerable.

Para medir el grado de apalancamiento se suelen emplear unidades fraccionadas. Cuando se escuche hablar de 1:2, por ejemplo, se refiere a que por cada euro invertido se está invirtiendo dos, por lo que la deuda en este caso será de un euro. El 1:3 supone que por cada euro que se invierta se cuentan con dos de deuda, por lo que el capital propio representa una tercera parte de la inversión.

Lo mejor para conocer el verdadero valor del apalancamiento es poner un ejemplo. Si invertimos 10.000 euros en la compra de acciones de una empresa, que pone a la venta cada una a un euro y con el paso del tiempo se revalorizan hasta los 1,5 euros el beneficio obtenido sería de 15.000 euros, que quedaría en realidad en los 5.000 euros después de descontar la inversión inicial de 10.000 euros. La rentabilidad en este caso alcanzaría el 50%.

Otro ejemplo muy interesante en el caso de tener que pedir dinero es el siguiente. Si el objetivo es adquirir 100.000 euros en acciones, con el capital propio se aporta 10.000 euros y al banco se le solicita un crédito de 90.000 euros. Esas acciones que costaban un euro pasarán a situarse en los 1,5 euros. Valdrán entonces 150.000 euros las acciones. Hay que descontar de aquí los 90.0000 euros del crédito, más 10.000 por los intereses del préstamo. Al final el beneficio que se obtiene es de 40.000 euros, con una rentabilidad del 400%.

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Qué porcentaje de tu dinero debes invertir

Con el ahorro no basta y hoy en día es necesario combinarlo con inversión pero ¿Qué capital es aconsejable arriesgar en la inversión?

Qué porcentaje de tu dinero debes invertir

Cuando ya acumulas una cierta cantidad de dinero es posible que haya llegado el momento de ponerlo a trabajar, pero es ahí cuando surgen dudas sobre el lugar más adecuado para invertirlo.

Hay que pensar con detenimiento si ese capital se va a necesitar en un corto periodo de tiempo, ya que en muchos casos ocurre que ante un imprevisto tengamos que recurrir a él y cerrar esa inversión antes de tiempo y sin conseguir ningún tipo de rentabilidad e incluso con pérdidas dependiendo del vehículo elegido. De ahí que resulte necesario en todo momento reservar una cierta cantidad ante posibles urgencias.

Nunca se debe emplear todo el dinero ahorrado en una inversión ni tampoco recurrir a un crédito para ello. Una parte debe reservarse, por lo tanto, para afrontar imprevistos, como pueden ser averías. Esta cantidad se podrá destinar a un depósito o dejar en una cuenta, por poner los ejemplos. El objetivo es que esté disponible y, si es posible, que además genere algún rendimiento.

Hoy podemos tener unos ingresos importantes procedentes de un trabajo, pero en el momento menos pensado existe el riesgo de quedarse sin él y por lo tanto sin una cantidad importante de dinero todos los meses que nos obligaría a recurrirá a los fondos que tenemos de ahorro. Pero esto sólo debe ser algo momentáneo, porque los gastos se irán acumulando con el paso de los meses y si los ingresos están congelados la situación se hará insostenible..

Ante una posible situación de éstas se hace necesario contar con un importante colchón que permita vivir con unas condiciones más o menos dignas durante un tiempo a la espera de que la situación mejore.

No se deben pasar nunca por alto los gastos ocasionales y que surgen casi por sorpresa. A todo el mundo les cuesta encajarlos porque suponen un extra que no entra en los planes de nadie. Se pueden incluir dentro de esta categoría un cambio repentino de la lavadora, el material escolar de los niños o una avería en el coche. Para aquellas personas que no sean expertas en gestión de riesgo, se hace necesario medir el riesgo en meses sin ingresos para evitar así la necesidad de retirar dinero de cualquier fondo cuando lo necesitamos con inmediatez. La regla más extendida es contar con un fondo dereserva de por lo menos seis meses de tus ingresos fijos.

Si te interesa invertir algo de tus ahorros tienes varias posibilidades. Por un lado puedes recurrir a la Bolsa y operar por medio de un bróker, realizando la compra-venta de participaciones y en el caso de que esto te resulte muy complejo tienes la posibilidad de buscar un fondo que encaje con tu perfil. Se puede participar con cantidades pequeñas y el riesgo será mucho menor en comparación con el que se experimenta en la bolsa de valores.

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Si quieres invertir en oro, comprarlo no es la única solución

Por más tiempo que pase y que cambie la civilización hay algo que permanece y es el atractivo del oro. Cada cierto tiempo, de forma cíclica, los medios de comunicación alertan sobre la subida del oro y su atractivo como activo refugio en términos de inversión.

Si quieres invertir en oro, comprarlo no es la única solución

La realidad es que el oro es uno de los activos más importantes en el ámbito de las materias primas y sigue siendo uno de los pocos capaces de atraer tanto al inversión profesional o por lo menos con cierta experiencia como a quienes no suelen invertir. Al final, parece que somos capaces de ver el potencial del oro más fácilmente que el de otros activos como por ejemplo el petróleo o las acciones.

La facilidad para comprar y la familiaridad con el metal precioso juegan ciertamente a su favor. De hecho, las joyas de la familia, compuestas por las piezas de oro y brillantes siguen siendo uno de los legados más importantes en términos de herencia. Por eso, cuando se plantean invertir en oro muchas personas lo hacen pensando en comprar oro físico, pero esta no es ni mucho menos la única opción disponible.

El oro físico

Cuando nos referimos a oro físico lo hacemos no sólo a los lingotes, cuyo precio mínimo suele estar en torno a 6.000 euros, sino a otras formas en las que puede adquirirse el preciado metal. Monedas y joyas son otros medios de invertir en oro, aunque sólo para las primeras hay un mercado relativamente transparente.

Para quienes quieran comprar oro físico pero no deseen guardarlo en casa por motivos de seguridad, hay multitud de bancos y empresas que emitirán el correspondiente certificado de posesión del oro sin que éste tenga que pisar nuestra vivienda.

Alternativas al oro físico

Más allá del oro físico, existe todo un mercado en torno a este metal y distintas opciones de operar con él. ¡Vamos a verlas!

Futuros: como ocurre con todas las materias primas, es posible invertir en opciones y futuros sobre las mismas. Este es un mercado algo más complejo en el que en realidad se compra una opción de adquirir oro a un determinado precio.

ETFs: son las siglas de fondos cotizados y los hay de todo tipo, incluidos varios sobre el oro y sobre metales preciosos. Se trata de fondos de inversión que replican índices y cuya cotización es como la de una acción. Así, estaremos invirtiendo en la evolución del oro, no tanto en el propio oro.

Fondos de inversión: para los más clásicos existe la posibilidad de comprar fondos de inversión que trabajen sobre el oro. La ventaja de esta alternativa es que no sólo invierten en la compra de oro, también suelen incluir algo de plata y otros metales preciosos, así como títulos de compañías del sector, desde mineras hasta distribuidoras.

Acciones de compañías mineras: la alternativa más bizarra, pero también una fórmula para invertir en oro de forma lateral, sin comprar directamente el metal.

Oro de inversión, sin IVA

Para quienes  sigan pensando en comprar oro físico, deben saber que el oro de inversión, como pueden ser los lingotes y las monedas. Está exento de IVA. Esta es la forma de equiparar esta alternativa a las que ya hemos explicado de fondos, ETFs y acciones.

Y a ti ¿te gusta el oro como inversión?

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Cinco alternativas de inversión para evitar la bolsa

Invertir directamente en bolsa no es sencillo y quien diga lo contrario o bien es un bróker que quiere tu dinero, un inversor que quiere tu dinero o un necio que está a punto de perderlo. No entraremos en el debate acerca de si la bolsa es o no un juego de suma cero en el que para que uno gane el otro debe perder, pero sí que quien invierte en bolsa sin los conocimientos y estrategia necesarios o lo hace como una fórmula rápida para ganar dinero tiene muchas papeletas para perderlo.

Cinco alternativas de inversión para evitar la bolsa

Por otra parte, también es cierto que la inversión directa en bolsa es una de las fórmulas más eficaces de rentabilizar nuestro capital y que, al final, muchas de las otras alternativas de inversión pasan, en mayor o menor medida por la bolsa y en su práctica totalidad por los mercados financieros de una u otra manera. Os presentamos cinco alternativas a la bolsa:

  • Depósitos estructurados: esta es quizás la fórmula más conservadora de entrar en bolsa sin comprar acciones, un depósito estructurado en el que la parte variable del retorno esté ligada a la evolución de determinados activos financieros. De esta forma aseguraremos el capital invertido y una rentabilidad mínima ‘jugándonos’ el resto en los mercados.
  • Fondos Mixtos: apostar por fondos en los que una parte importante de la inversión se destine a renta fija es otra forma de, en teoría y salvo default o impago, asegurarse parte de la inversión inicial, dejando un porcentaje destinado a la renta variable.
  • Fondos de inversión en renta variable: en este caso sí estaremos invirtiendo en bolsa, aunque con la ventaja de que no lo haremos en unas pocas acciones, sino en una cartera en teoría bien ponderada y, sobre todo diversificada, que, además, estará gestionada por profesionales de la inversión.
  • ETFs o fondos cotizados: una de las fórmulas más agresivas para evitar la bolsa. Los fondos cotizados son en realidad fondos de inversión que cotizan como si fuesen acciones. Es decir, se pueden comprar y vender en cualquier momento. En este punto la apuesta sería por fondos indexados que replican el comportamiento de un índice concreto como pueda ser el Ibex 35 o el Dow Jones. La ventaja es, de nuevo, que no estaríamos fiándolo todo a un puñado de acciones, sino a un índice entero compuesto por, en el caso del Ibex, de las 35 empresas nacionales con mayor capitalización.
  • Planes de pensiones: la alternativa a largo plazo. Los lectores del blog ya saben cómo funciona un plan de pensiones y que, dependiendo del tipo de plan, buena parte de sus activos pueden estar invertidos en renta variable. Esta es quizás la opción que menos se asemeja a la bolsa, ya que aquí se pierde buena parte de la capacidad de maniobra y, sobre todo, la liquidez que sí ofrecen el resto de alternativas.

Y vosotros ¿Qué otras alternativas a la inversión bursátil conocéis?

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¿Se puede invertir ahorrando 50 € al mes?

Uno de los grandes problemas para muchos ahorradores es la falta de asesoramiento financiero real para encauzar sus inversiones y su esfuerzo ahorrador. Si bien es cierto que la red es hoy en día un hervidero de ideas y de información sobre cómo gestionar nuestras finanzas personales, no lo es menos que el común denominador de los ciudadanos no tiene tiempo o ganas de alcanzar el nivel de formación que consideran necesario para poner en marcha un plan de inversión factible y bien estructurado.

Se puede invertir ahorrando 50 € al mes

El problema es que sin un patrimonio sólido que aportar de salida tampoco pueden acceder al este asesoramiento. Dicho de otra forma, si no tenemos 40.000 euros en cartera sólo para invertir muchas entidades y bancos de inversión se limitarán a ofrecernos uno u otro producto sin que exista un plan financiero real a largo plazo. La cuestión es que para la mayoría de las personas 40.000 euros es una cantidad importante y que cuesta alcanzar, como para ‘dejarla en manos de cualquiera’. Sin embargo, prácticamente todo el mundo es capaz de ahorrar 50 euros al mes.

Esta es precisamente la disyuntiva que hace tiempo le planteaba a un compañero, inversor profesional y desarrollador de sistemas de trading para más señas. Como si se tratase de un fondo de inversión, solicitaba una aportación mínima cercana a los 1.000 euros para contratar uno de sus sistemas, mientras que yo le comentaba que la mayoría de la gente, con lo que les cuesta ahorrar esos 1.000 euros, después se lo van a pensar muy mucho dónde invertirlos –otra cosa distinta es que sean capaces de gastarlos en unas vacaciones no presupuestadas sin pestañear-. No ocurre lo mismo con cantidades pequeñas, como 50 euros al mes.

Casi todo el mundo el mundo es capaz de ahorrar 50 euros al mes, que es la cifra que figura en el titular del artículo. Sin embargo, no existen tantas alternativas de inversión para ese capital. ¡Vamos a ver qué podemos hacer con el mismo!

Opción Suma y sigue: la preferida por el ahorrar de a pie. Consiste en ir ahorrando los 50 euros en una hucha o debajo del colchón hasta contar con capital para invertir o gastarlo. La segunda alternativa termina siendo la más habitual.

Opción suma y sigue+: repetimos la operación anterior, pero en lugar del colchón, el dinero va a una cuenta corriente. Si es remunerada, mucho mejor. Aquí las posibilidades de malgastar el dinero y no invertirlo son menores que la alternativa anterior.

Opción suma y sigue ‘perfil intrépido’: a todo lo anterior le sumamos la inversión en depósitos según se van juntando los primeros 250 euros.

Opción ahorra para tu jubilación: una de las más exitosas y populares. Inversión mensual de este dinero en un PIAS o un PPA. Se pierde el acceso inmediato a ese capital, pero se asegura que ofrezca unos rendimientos.

Opción arriésgate e invierte: muy pocos lo hacen por el riesgo que entraña y porque empezar invirtiendo 50 euros en renta variable puede sonar cómico para muchos inversores –de hecho, se recomienda que la inversión mínima sea en torno a 3.000 euros por cuestiones de comisiones-. Sin embargo, todo es empezar y para hacerlo una buena alternativa pueden ser los ETFs o plataformas de trading que permitan inversiones de pequeña cuantía. Y si os parece poco 50 euros, la renta variable siempre puede ser la última parada del plan “Suma y sigue”

Y vosotros ¿Qué haríais con 50 euros al mes?

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