¿Nos podemos fiar de las carteras modelo?

Las carteras modelo de inversión aparecen como una herramienta destinada a facilitarnos tanto el acceso a la inversión como acertar con nuestras decisiones. Descubramos un poco más sobre cómo son y cómo funcionan las carteras modelo de inversión.

Hoy en día sobre el papel tenemos la posibilidad de acceder a múltiples herramientas de inversión. Entre ellas destacan los fondos de inversión, de podemos encontrar centenares. Sin embargo, para el inversor medio no siempre resulta sencillo elegir, y mucho menos acertar con los que le ayudarán a tener una cartera diversificada.

Qué son las carteras modelo

Las carteras modelo se presentan como una herramienta elaborada por expertos con una serie de combinaciones de productos y modelos de inversión. Es decir, hacen el trabajo de diversificación que de otra forma recaería sobre el ahorrado y lo empaquetan en una única herramienta prefabricada y ajustada a los diferentes perfiles de inversor.

Dentro de las carteras modelo de inversión vamos a encontrar tres grandes grupos en función de los citados perfiles de inversor.

Las carteras más conservadoras son las que se componen generalmente de fondos clasificados como de riesgo bajo, aquí encontraremos fondos monetarios, renta fija con predilección por la renta fija gubernamental de los mercados desarrollados. Hay que tener en cuenta, en cualquier caso, que habitualmente una parte de la inversión de las carteras conservadoras también se dirige hacia posiciones que presenten algo más de riesgo para equilibrar la relación seguridad/rentabilidad. De otra forma, el beneficio que podrían ofrecer sería nulo.

En el otro extremo, las carteras agresivas se dirigen a ahorradores con mayor nivel de tolerancia al riesgo. Generalmente se cmponente  de fondos de renta variable con diferentes tipos de enfoque en función de los mercados, las divisas, etcétera.

Por su parte, las carteras equilibradas apuestan por combinar el riesgo y la seguridad, siendo menos agresivas que las carteras agresivas y menos conservadoras que las carteras conservadoras, buscando un perfil intermedio entre productos.

En cualquier caso, siempre hay que tener en cuenta que la gran mayoría, por no decir todas, las carteras modelo cumple criterios de diversificación. Esto significa que la presencia de un fondo de renta fija es perfectamente asumible en una cartera agresiva, y en el otro vértice, la presencia de un fondo de renta variable perfectamente asumible en una cartera moderada o conservadora. De lo que se trata, partiendo de los principios de diversificación, es de tratar de encontrar un equilibrio en las inversiones.

¿Merecen la pena las carteras modelo?

Realmente va a depender de nosotros como inversores aprovechar o no las ventajas de las carteras modelo. Si somos inversores poco avezados, que no disponemos del tiempo necesario para seguir nuestras inversiones y movilizar las participaciones en caso necesario, o, si simplemente, nos abruma la gran variedad de oferta de fondos, las carteras modelo puede ser una referencia muy útil.

Lógicamente, estas carteras modelo apuestan por un equilibrio entre riesgo/rentabilidad que hace que las rentabilidades medias pueda ser más estables, pero, a la larga, más bajas que las apuestas de inversión personales cuando estás tienen éxito. Es decir, realmente estaríamos ante una opción más conservadora en todos los casos, apostando por seguir el criterio de profesionales expertos.

Es interesante tener en cuenta que las carteras modelo pueden servir directamente como guía, es decir, tomar las referencias básicas y configurarlas o puede servir directamente como instrumento a replicar. Aquí tiene mucho que ver la confianza que tengamos en nosotros mismos como inversores o en aquellos que nos proponen la cartera modelo.

Por tanto  podrás realmente generar tu propia cartera a partir de la guía de una cartera modelo si te consideras preparado para ello, o podrá seguir la réplica exacta que se proponga.

Qué tener en cuenta antes de contratar una cartera modelo de inversión

Si has tomado la decisión de apostar por una cartera modelo de inversión hay varias preguntas que debes hacerte antes de comenzar a comparar y elegir. Estas preguntas realmente son las que van a determinar tu perfil inversor y las que por tanto contribuirán a ayudarte a elegir mejor la cartera adecuada.

  • En primer lugar debes conocer el riesgo que eres capaz de asumir, ya que se determinará el tipo de inversor que eres en ese momento.
  • Por otro lado debes tener clara la asignación de dinero que deseas colocar en la inversión, el tiempo que puedes o quieres inmovilizar ese dinero o las posibles necesidades de liquidez sobre el mismo.
  • Por último es interesante que te plantees descubrir el tipo de productos en los que puedes estar más interesado conociendo las características y el comportamiento en función de su modelo de inversión.

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Lo que tu bróker no te contará de la inversión a largo plazo

Generalmente al inversor de a pie le asusta la inversión, y más si es a largo plazo. En este miedo hay una gran parte de mal manejo de la información y también de interés por potenciar una manera un tanto desenfocada de entender el ahorro.

En primer lugar, debemos tener claro que estamos ante un error muy común y tremendamente extendido. Éste error hace que la inversión a largo plazo aparezca, bien como una apuesta muy lejana en el tiempo, por lo que no resulta interesante ante otras opciones, o bien como una asunción de riesgo innecesaria. Obviamente ni lo uno ni lo otro es verdad.

¿Y cómo hemos llegado a este panorama? Pues realmente es sencillo entender los motivos. En primer lugar, porque estamos ante una industria en la que la competencia ha obligado a potenciar el número de operativas por encima de otras consideraciones. Es decir, cuanto más óperas, más gana tu operador. En este contexto para los operadores es mucho más rentable promocionar las inversiones a corto y medio plazo que conllevan un mayor nivel de comisiones por cantidad de operaciones.

Por otro lado, no podemos olvidar que lo relativamente asequible que se ha vuelto operar en los mercados ha venido acompañado de una avalancha de información, en muchos casos cuando menos cuestionable. Dentro de esta sobreinformación hay que destacar sin ningún género de dudas aquellos mensajes orientados a convencer al usuario de la posibilidad de ganar mucho dinero en operativas de inversión y similares a corto plazo casi sin esfuerzo, o sin conocimiento.

No tenemos más que echar un vistazo a la publicidad para darnos cuenta de ese mensaje subliminal, cada vez menos sutil, que busca convencernos de la sencillez de seguir los mercados y acertar en las decisiones. Si añadimos la facilidad de crear una cuenta de valores, se crea una combinación explosiva en la que de repente miles de usuarios, de la noche a la mañana, están convencidos que las operativas cortas son para ellos. Obviamente esto suele conducir a la inversión de unos pocos cientos de euros que con el tiempo, en el mejor de los casos, no ha producido nada y ha supuesto un buen puñado de comisiones.

Los errores de invertir a largo plazo como remedio

Desafortunadamente, y aunque en general inversor medio español es muy conservador (aunque también poco racional a la hora de elegir ofertas extraordinarias poco creíbles), se suele llegar a la inversión a largo plazo por agotamiento o pérdidas de otros modelos.

De hecho, en muchos casos la inversión a largo plazo llega por la obsesión de mantenerse en un valor determinado: aquello de esperar y esperar la revalorización tras una mala compra.

La inversión a largo plazo hay que entenderla en los instrumentos inversores orientados precisamente a largo plazo. No es un remedio, no es una posición de seguridad y no es un bálsamo para las pérdidas en errores anteriores.  También es fundamental comprender que para los intermediarios la inversión a largo plazo es mucho menor rentable que otras opciones.

La ampliación del horizonte temporal del instrumento de inversión reparte el riesgo y lo minimiza, es decir, baja la volatilidad de la inversión. En general en la inversión a largo plazo, salvo una mala entrada en un momento de valoración excesiva, es el mejor instrumento para batir a los mercados. Elementos tan denostados como los fondos indiciados de gestión pasiva o incluso los ETFs, pueden ser en este sentido mucho más eficaces que la entrada y salida constante de los mercados para inversores no cualificados, como realmente somos la mayoría.

Esa especie de idea colectiva sobre la facilidad de adivinar lo que van hacer los mercados, las divisas o, simplemente el comportamiento determinados valores, es probablemente un error consentido por la industria contra el que el usuario debe pelear. Nuestra cualificación como inversores es la que es y, en ella, probablemente la inversión a largo plazo sea mucho más adecuada.

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¿Existen de verdad las inversiones seguras?

Cuando invertimos no pensamos en perder nuestro dinero. Aun así, conocemos el riesgo que se asume en la inversión. Pero, ¿existen inversiones seguras que lo eliminen del todo y ofrezcan rentabilidad?

¿Existen de verdad las inversiones seguras?-1

La respuesta es no. No existe ninguna inversión 100% segura, sin embargo, no es menos cierto que existen algunas maneras de invertir con mayores niveles de seguridad. En cualquier caso incluso estas inversiones más seguras no sólo tienen pros, también encontraremos contras.

Ahorro en efectivo

Si no expones tu dinero se supone que no podrás perderlo. El ahorro en efectivo, es decir, guardar dinero en cuentas de ahorro básicas o productos similares, no proporciona riesgo de mercado como otras inversiones.

Por tanto, efectivamente ahorrar dinero en metálico es seguro y teóricamente ocurra lo que ocurra en los mercados no perderemos ese dinero. El problema es que esta afirmación no es del todo cierta. Es relativo que no se pierda dinero.

En primer lugar a largo plazo el dinero va a perder valor si hay inflación. A efectos prácticos sí que estaremos perdiendo dinero.

Por otro lado, tener el dinero en metálico y a mano hace que sea más fácil usarlo y gastarlo. Así, no sólo nuestro dinero pierde valor, sino que probablemente gastaremos más de lo necesario.

Bonos públicos

La inversión en bonos y letras del tesoro es un clásico entre quienes desean asumir poco riesgo para su dinero invertido.

Este tipo de inversión se encuentra muy presente en muchas carteras de jubilación,  bien de manera directa o a través de su presencia en otros productos. Generalmente estos bonos vienen a asegurar un rendimiento que evita la penalización de la inflación que veíamos anteriormente en el ahorro en metálico. Además, se trata de un ahorro garantizado y seguro.

En el otro vértice no resultan ser grandes inversiones si pensamos construir una cartera de ahorro a futuro exclusivamente a base de bonos. Hay que tener en cuenta que la rentabilidad ofrecida por esta fórmula de inversión también es susceptible a los movimientos de tasas de interés. Esto lo comprobamos hoy en día con el bajísimo retorno que los bonos públicos vienen a ofrecer.

Oro

El oro es otro de esos supuestos valores seguros para quien desea ahorrar y no asumir grandes riesgos. Es lo que se denomina un valor refugio.

Tradicionalmente al oro se le ha considerado una herramienta muy eficaz contra la inflación y una inversión correcta como medida de protección ante movimientos de mercado negativos. Es cierto que el balance histórico de la inversión en oro es positivo: aquellos que en los malos momentos económicos apostaron por el oro mantuvieron mejor su riqueza que quienes apostaron por otras inversiones.

Por tanto, desde el punto de vista de la seguridad el oro históricamente ha sido un baluarte del ahorrador que quiere pelear contra los malos momentos generalizados en la economía.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Hoy en día sabemos que esta fama de mejor herramienta anti inflación ha sido a menudo exagerada, y, también sabemos que el oro pierde valor.

Por otro lado hay que pensar que el precio del oro es volátil y generalmente no presenta el mismo retorno al alza de la inversión en acciones. En definitiva ni es tan seguro como se pensaba ni necesariamente ofrece las mejores rentabilidades en relación a otras opciones.

Seguros de ahorro

En un momento muy complicado para la rentabilidad de los productos garantizados los seguros de ahorro se han convertido en una alternativa muy interesante.

Generalmente esta combinación entre seguro de vida y producto de ahorro garantizado que son los PPAs y los PIAs viene a ofrecer mejores rentabilidades que otras opciones como depósitos o cuentas de ahorro. A esta gran ventaja hay que añadir el hecho de tratarse de productos con ausencia de riesgo.

En cualquier caso hay que recordar que no se trata de un modelo de ahorro compatible con la necesidad de liquidez inmediata, las penalizaciones a la hora de rescatar estos seguros antes del plazo suelen ser elevadas. Por otro lado acorde a todos los productos garantizados, la rentabilidad de los seguros de ahorro también se ha visto mermada en los últimos años.

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Por qué los españoles no aprovechan los fondos de inversión como deberían

Que los fondos de inversión son un instrumento financiero eficaz e interesante para todos los bolsillos parece que lo sabemos. Sin embargo, los españoles no aprovechamos su potencial como deberíamos.

Por qué los españoles no aprovechan los fondos de inversión como deberían

Existen muchas señales que indican que el uso de fondos de inversión como herramienta financiera en nuestro país no es la más correcta. Probablemente la señal más evidente es la de los periodos de permanencia media en los fondos de inversión.

Si en el caso de la mayoría de países del ámbito europeo esta permanencia media en un fondo de inversión por parte del usuario viene a durar unos cinco años, en el caso de España, los partícipes en fondos de inversión permanecen menos de un año de media.

Obviamente, si se trata de consolidar carteras de inversión en fondos es necesario alargar los períodos de permanencia en el instrumento financiero. Esta permanencia es la que permite afrontar los diferentes movimientos del mercado y extraer el equilibrio en la rentabilidad entre los buenos y los malos periodos que afecten al fondo.

Otra de las señales importantes tiene que ver con cómo entendemos los fondos de inversión. Y es que aún no visualizamos del todo, como usuarios, que se trata de herramientas que pueden resultar tremendamente útiles para todos los modelos de economía personal, incluso los más conservadores. Esto nos lleva a una situación curiosa en la que en nuestro país, a pesar de encontrarnos en una situación de tipos de interés cero, siguen existiendo 800.000 millones de euros colocados en depósitos bancarios. La lógica indica que se debería estar ante un trasvase de dinero de los depósitos a los fondos muy elevado, y sin embargo esto no está siendo así.

Por otro lado tendemos, como partícipes de fondos de inversión, a no profundizar más allá de las fórmulas estándar que nos propongan los fondos. Es decir, no solemos utilizar correctamente ni los servicios de asesoramiento, ni las herramientas de traspaso entre fondos, ni los canales de información que nos permiten entender la evolución de nuestro producto. Esto genera una visión del fondo casi a la altura de la de los productos pasivos de ahorro, algo con lo que realmente no tiene que ver ya que una de las claves en la gran mayoría de fondos de inversión es la posibilidad de su flexibilidad y adaptabilidad.

España sigue manteniendo una mentalidad muy tradicional en cuanto a la colocación del ahorro monetario. Esta mentalidad es la que nos lleva a acercarnos más a productos que resulten o garantizados o que nos suenen bien por el tiempo que llevan acompañando al ahorrador, como los depósitos, o las grandes campañas publicitarias con las que se lanzaron, como las cuentas de ahorro.

Lo cierto es que, como también ocurre en los planes de pensiones, la media de los pequeños inversores en nuestro país no aprovechamos correctamente el potencial que los fondos de inversión tienen. El mejor consejo en este sentido es acudir siempre al asesoramiento profesional.

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La inversión activa frente a la inversión pasiva: ventajas y desventajas

Este es uno de los debates más repetidos entre los gestores de carteras de fondos de inversión y carteras de inversión en general. Gestión activa frente a gestión pasiva. Se trata de dos modelos de trabajo enfrentados pero también complementarios. Analizamos sus fortalezas y puntos flacos.

La inversión activa frente a la inversión pasiva: ventajas y desventajas

Quienes hayan leído la entrada sobre cómo afecta la inflación a nuestras inversiones puede que apunten a la gestión activa del dinero como la mejor solución para sus finanzas personales. Sin embargo, la realidad es que existe otra forma de invertir en la que el dinero se mueve, pero sin que tengas que estar constantemente comprando o vendiendo acciones. Es lo que se conoce como gestión pasiva y día a día va ganando puntos.

Qué significan gestión pasiva y gestión activa

Por inversión activa y pasiva se entienden dos modelos de gestión de carteras y de inversiones en general que se pueden definir de la siguiente forma:

Gestión activa: supone mover el dinero en buscar de maximizar las oportunidades de inversión. El objetivo será siempre batir al mercado.

Gestión pasiva: implica menos movimientos de capital ya que el objetivo suele ser el de replicar un índice. En otras palabras, hacer lo que hace el mercado asumiendo que a largo plazo la bolsa siempre sube, entre otras cosas.

Para quienes todavía tengan dudas, la mejor forma de entenderlo es acudiendo a los fundamentos de la inversión pasiva. Los que apuestan por este tipo de gestión se basan en que los gestores de fondos tiende a equivocarse más que acertar y que, en cualquier caso, su operativa genera comisiones que impactan directamente sobre la rentabilidad del fondo. Las cifras, por ahora, avalan esta teoría, ya que salvo los fondos de autor, la mayoría de fondos obtiene rentabilidades inferiores a la del mercado.

Siendo esto así, ¿Por qué no tratar de replicar el comportamiento del mercado? Así surgieron los fondos indexados que, en buena medida son los que sustentan la gestión pasiva, dentro de la cual los Blogeheads son una de las corrientes más exitosas. Es lo que se llama gestión indexada y los ETF son sus grandes protagonistas.

Ventajas de la inversión pasiva

La principal ventaja de la inversión pasiva es que, como su propio nombre indica, supone realizar muchos menos movimientos de capital. Esto hace que las comisiones que paguemos sean menores, algo que también se aplica a los fondos de inversión con un estilo de gestión pasivo. Sin movimientos no se generan comisiones y por eso los ETF tienden a ser más baratos que los fondos.

Además, al ser una gestión menos activa y habitualmente más automatizada, se minimiza el impacto humano en la inversión. No es que funcionen solos y con sistemas automáticos -que también en algunos casos-, sólo que las pautas de inversión están más claras, así como la composición de sus carteras.

Desde el punto de vista inversor, la cartera puede estar todo lo diversificada que uno quiera. Al comprar un índice, como por ejemplo el Ibex, se está diversificando por tipo de compañía, aunque tambéin es verdad que no por ámbito geográfico. Por fortuna, hoy en día hay ETF para todos los gustos sobre cualquier activo. En pocas palabras, una gran diversificación a un coste reducido.

En cierto sentido, la gestión pasiva del capital es quizás la que mejor se adapta a los recursos de una persona que desea hacer su propia cartera de inversión a través de fondos y/o Etfs.

La desventaja más obvia es que se pueden perder oportunidades de negocio a las que sí se accedería con un tipo de gestión más activa y rápida, que reserva parte de su capital para acceder a estas oportunidades.

Ventajas de la inversión activa

Esta es la que utilizan la mayoría de fondos de inversión y, dejando de lado la generación de comisiones, en teoría les permite ser más inmediatos en la respuesta al mercado y, sobre todo, no perder oportunidades de inversión.

En un momento en el que las bolsas y los mercados suben, la inversión pasiva puede resultar muy atractiva porque genera menos comisiones y ofrece buen rendimiento, ya que casi todos los activos suben. Sin embargo, cuando el mercado está plano y sin una tendencia definida, la gestión activa es la que permite aprovechar más las pocas oportunidades que hay.

Y es que en esos casos, habrá que hacer algo diferente al mercado si se quiere ganar.

Gestión pasiva y gestión activa son totalmente complementarias. El primero tiene un carácter a priori más conservador, mientras que el segundo es el que permitirá maximizar ganancias aprovechando los baivenes del mercado.

Y a vosotros ¿Cuál de los dos estilos os gusta más?

Imagen de Flickr por David Lacarta



Los inversores tienden a ser cortoplacistas y poco realistas con la rentabilidad (estudio de Schoeders)

¿Sabemos cómo nos comportamos como inversores? El informe de Schroeders en el Global Investors Study 2016 nos arroja mucha luz al respecto.

Los inversores tienden a ser cortoplacistas y poco realistas con la rentabilidad (estudio de Schoeders)

Adelantemos que, según este informe, hay una conclusión importante por encima de todas: los inversores mantenemos expectativas que se alejan de la realidad, no sólo en lo que a la rentabilidad se refiere, que sería razonable, sino también en cuanto a plazos de maduración de la inversión.

Profundizando más, el informe viene a mostrar un amplio abanico en los objetivos finales de los inversores medios. Desde quienes simplemente invierte como mecanismo de rentabilidad inmediato, hasta quienes apuestan por búsquedas de carteras de inversión consolidadas en el tiempo.

Uno de los objetivos que más importa a los inversores, siempre según este estudio, es la planificación de la jubilación. Sin embargo, resulta interesante comprobar como cuando se trata de profundizar en lo que a dicha planificación se refiere, no tenemos tan claros los objetivos, ni los pasos, ni los procesos que debemos seguir.

En cierto modo se da el perfil que ya indicábamos al comienzo del artículo: sabemos y asumimos la necesidad del ahorro para la jubilación, pero, a la vez, no calibramos ni valoramos bien la cantidad que debemos ahorrar, los instrumentos para hacerlo, ni mucho menos el tiempo durante el que debemos hacerlo. Con una alarmante tendencia a la baja en todas estas consideraciones.

Por qué no somos realistas al invertir

Uno de los motivos clave es el ya explicado: tendemos a sobrevalorar la rentabilidad que vamos a poder obtener y los plazos en los que vamos a obtenerla.

Esto se comprueba de manera radical cuando observamos como en el estudio los inversores esperan un rendimiento de sus activos superior al 9%. Este rendimiento es absolutamente incompatible con el momento actual en cuanto a la rentabilidad relacionada con los tipos de interés, máxime cuando uno de los elementos principales, y, destacable en estos inversores, es la preservación de su capital. Dicho de otro modo, se pretende obtener rentabilidades casi mágicas en productos garantizados, todo ello en un marco de mínimos históricos de los tipos de interés.

Tampoco somos realistas con los plazos

Pero no es sólo en la expectativa de rentabilidad donde sobrevaloramos nuestras inversiones. Según el estudio, el ahorrador medio no es en absoluto un inversor a largo plazo. De hecho, la gran mayoría de inversores mantiene sus posiciones durante un plazo medio de tres años y sólo un porcentaje inferior al 20% supera con sus posiciones los cinco años.

Dependiendo del tipo de inversión, estos plazos son sencillamente cortos. Cuando se trata de activos de alta volatilidad como la renta variable los plazos de inversión han de aumentar necesariamente para compensar la volatilidad. Por otro lado, cuando los objetivos son tan claros como el de ingresos complementarios para la jubilación, se trata de carteras a largo plazo que deben consolidarse en el tiempo, movilizando diferentes estrategias de inversión.

Esta sobrevaloración tanto de la rentabilidad como de los plazos puede traer consigo un problema mucho más elevado de lo que parece a priori. Tengamos en cuenta que si nos plantamos en un escenario, por ejemplo, a 10 años vista de la jubilación, con un ahorro escasamente consolidado, deberemos realizar un esfuerzo extraordinario para tratar de compensar lo no obtenido.

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Invertir el ahorro familiar ¿Cuáles son las alternativas?

Si de verdad quieres unas finanzas familiares sólidas no basta con el ahorro, hay que ir más allá e invertir. Éstas son las opciones.

Invertir el ahorro familiar ¿Cuáles son las alternativas?

Para llegar a final de mes sin muchos apuros lo necesario es ser ordenado y no gastar en ningún momento más dinero de lo que se gana. Para ello se hace necesario contar con un presupuesto familiar en donde aparezcan reflejados los gastos e ingresos que habrá durante un determinado periodo de tiempo.

Una familia puede tener muchas razones para empezar a ahorrar. Entre otras cosas un viaje de vacaciones, pagar los estudios de los hijos en el futuro, financiar parte de la compra de una vivienda en un plazo de tiempo corto, contar con un mayor patrimonio cuando se llegue a la vejez o el conjunto de algunas de estas razones.

En el caso de que algún mes haya un excedente de ingresos, este capital puedes reservarlo para soportar otros meses cuando sepas que el gasto sea superior a los ingresos. Cuando una familia tiene intención de invertir sus ahorros, en primer lugar hay que establecer la capacidad real para ahorrar, y a partir de ahí se establecerá el objetivo y el plazo de tiempo para alcanzar una determinada cantidad de dinero.

Hay varias alternativas de instrumentos financieros que contribuyen al ahorro y que permiten aumentar el capital acumulado. A través de estas vías se produce una relación directa entre el riesgo y el retorno. Esto supone que cuanto mayor es el riesgo, mayor será también el retorno que se espera.

Si decides decantarte por una opción de bajo riesgo, lo mejor es que apuestes por un instrumento de renta fija de los que ofrece cualquier entidad financiera. En el caso de que decidas arriesgarte con intención de obtener una mayor rentabilidad, lo aconsejable sería decantarse por los productos de renta variable, como pueden ser los fondos o acciones. Los beneficios que reportan estos últimos son mayores, aunque el riesgo también es más elevado y a corto plazo se corre el peligro de acabar con resultados negativos. Sin embargo, sí que puede ser una buena opción para aquellos que busquen un producto a largo plazo, que les permita arriesgarse.

Al final todo dependerá del tiempo que quieras ahorrar. Si tienes previsto recurrir a ese dinero invertido en un plazo de un año o menos, lo conveniente pasaría por meter el capital en renta fija. Si por el contrario no tienes intención de sacar el dinero en un plazo muy largo, de 15 o 20 años, sería aconsejable apostar por la renta variables. En casos de inversión intermedia, una combinación de ambos tipos encajaría sin problemas.

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Qué porcentaje de tu dinero debes invertir

Con el ahorro no basta y hoy en día es necesario combinarlo con inversión pero ¿Qué capital es aconsejable arriesgar en la inversión?

Qué porcentaje de tu dinero debes invertir

Cuando ya acumulas una cierta cantidad de dinero es posible que haya llegado el momento de ponerlo a trabajar, pero es ahí cuando surgen dudas sobre el lugar más adecuado para invertirlo.

Hay que pensar con detenimiento si ese capital se va a necesitar en un corto periodo de tiempo, ya que en muchos casos ocurre que ante un imprevisto tengamos que recurrir a él y cerrar esa inversión antes de tiempo y sin conseguir ningún tipo de rentabilidad e incluso con pérdidas dependiendo del vehículo elegido. De ahí que resulte necesario en todo momento reservar una cierta cantidad ante posibles urgencias.

Nunca se debe emplear todo el dinero ahorrado en una inversión ni tampoco recurrir a un crédito para ello. Una parte debe reservarse, por lo tanto, para afrontar imprevistos, como pueden ser averías. Esta cantidad se podrá destinar a un depósito o dejar en una cuenta, por poner los ejemplos. El objetivo es que esté disponible y, si es posible, que además genere algún rendimiento.

Hoy podemos tener unos ingresos importantes procedentes de un trabajo, pero en el momento menos pensado existe el riesgo de quedarse sin él y por lo tanto sin una cantidad importante de dinero todos los meses que nos obligaría a recurrirá a los fondos que tenemos de ahorro. Pero esto sólo debe ser algo momentáneo, porque los gastos se irán acumulando con el paso de los meses y si los ingresos están congelados la situación se hará insostenible..

Ante una posible situación de éstas se hace necesario contar con un importante colchón que permita vivir con unas condiciones más o menos dignas durante un tiempo a la espera de que la situación mejore.

No se deben pasar nunca por alto los gastos ocasionales y que surgen casi por sorpresa. A todo el mundo les cuesta encajarlos porque suponen un extra que no entra en los planes de nadie. Se pueden incluir dentro de esta categoría un cambio repentino de la lavadora, el material escolar de los niños o una avería en el coche. Para aquellas personas que no sean expertas en gestión de riesgo, se hace necesario medir el riesgo en meses sin ingresos para evitar así la necesidad de retirar dinero de cualquier fondo cuando lo necesitamos con inmediatez. La regla más extendida es contar con un fondo dereserva de por lo menos seis meses de tus ingresos fijos.

Si te interesa invertir algo de tus ahorros tienes varias posibilidades. Por un lado puedes recurrir a la Bolsa y operar por medio de un bróker, realizando la compra-venta de participaciones y en el caso de que esto te resulte muy complejo tienes la posibilidad de buscar un fondo que encaje con tu perfil. Se puede participar con cantidades pequeñas y el riesgo será mucho menor en comparación con el que se experimenta en la bolsa de valores.

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Cómo afecta la deflación a tus ahorros

Deflación y desinflación son términos que últimamente nos encontramos con frecuencia. Aunque los datos económicos en general no sean tan pesimistas como hace un par de años, lo cierto es que la amenaza de la deflación sigue planeando sobre nuestro país (y en conjunto de Europa). Es interesante, por tanto, saber cómo puede afectar la deflación a nuestros ahorros y a nuestro día a día en la economía familiar.

Cómo afecta la deflación a tus ahorros

La deflación básicamente se resume en una bajada general de los precios de los bienes y servicios en la cual el Índice de Precios al Consumo se desploma o, en cualquier caso, no avanza sino que retrocede. En este contexto generalmente el usuario frena el consumo, se extiende una sensación en la que parece que los precios que bajan mañana estarán más bajos y el miedo a la pérdida del valor del dinero aumenta la sensación de frenazo a las transacciones comerciales. Dicho de otra forma, si el precio va a seguir cayendo, no hay motivo aparente para realizar hoy una compra cuando mañana será más barato.

En este contexto, no hace falta más que observar el IPC de nuestro país en los dos últimos años para darnos cuenta de, efectivamente, una situación muy cercana a estos parámetros.

En nuestro país, y como producto de la situación, aumenta el valor de la deuda y disminuye como indicábamos la oferta, en función del grado de ralentización de lo uno y lo otro podemos hablar de manera absoluta de deflación o de desinflación, que sería un proceso previo camino de la primera figura pero aún con más posibilidades de ser revertido.

Por tanto, la consecuencia inmediata para nuestros bolsillos es esa sensación de disminución del consumo y ese miedo a la pérdida del valor del dinero, mayor cuanto mayor sea el tiempo en el que se extienda el proceso.

La deflación y los ahorros

Esta es una de las contradicciones en un proceso deflacionario.  Una deflación sostenida en en el tiempo será negativa y perjudicará a la economía general, por más que pueda beneficiar momentáneamente al bolsillo del ahorrador. Sin embargo, si sólo se extiende durante un periodo corto de tiempo incluso puede llegar a ser positiva porque permite  eliminar el exceso y los errores pasados. Es decir, técnicamente la deflación puede llegar a ser buena para el ahorrador conservador, pero no tan buena para aquellos que asumen riesgo para sus ahorros.

Esto no es difícil entender: el ahorro conservador va evolucionando de manera constante en función generalmente de los intereses pactados de manera previa -inversión en depósitos y productos similares-, la rentabilidad real se va a obtener siempre a través de la suma de la rentabilidad que nos proporciona el producto más la pérdida del poder adquisitivo real de la economía. Es decir, a la rentabilidad de nuestro depósito, que vamos a suponer que es de un 1%, deberíamos sumar el retroceso de la pérdida de poder adquisitivo por la inflación, que sería por ejemplo de un -0.7%. Esto dejaría el resultado técnico en un 1,70% de rentabilidad (en un escenario de deflación ya que en un escenario normal debiéramos restar el aumento del IPC)

Lógicamente, este escenario no es el mismo en el caso de la apuesta por el ahorro en productos de riesgo, ya que los movimientos a la baja de los mercados generalmente afectan de manera negativa a estos productos, y el hecho de no mantener una rentabilidad constante modifica en contra del ahorrador las rentabilidades.

El mensaje en definitiva es claro, efectivamente la deflación o la desinflación afectan a nuestros ahorros, pero en mayor medida al ahorro que apuesta por inversiones que asumen riesgo que al ahorro garantizado que incluso en procesos cortos de deflación se puede llegar a ver favorecido en productos como depósitos, bonos, cuentas de ahorro etcétera.

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Cómo calcular el tipo de interés efectivo de una inversión o un préstamo

Cuánto dinero pagas por tu préstamo, cuánto te renta una determinada inversión. La TIN y la TAE son los dos datos que todo crédito ofrece pero ¿sabes calcular el tipo efectivo que finalmente pagas o recibes?

Cómo calcular el tipo de interés efectivo de una inversión o un préstamo

Cualquier persona que haya firmado una hipoteca o contratado un préstamo personal estará familiarizado con términos como TIN o TAE, que no indican sino el tipo de interés que la entidad aplicará sobre el capital prestado -el esquema de pagos es ya otra cosa-. El problema en cualquier caso es que ambos conceptos no son todo lo claros que nos podría gustar y que muchas veces no coinciden con el dinero total que acaba costando devolver el préstamo.

El motivo de esta diferencia es que una cosa es el tipo de interés que se aplica al préstamo y otro las comisiones y gastos que pueden existir. Además, el horizonte temporal también puede distorsionar esta información. Precisamente por eso existe por una parte el TIN y por otra la TAE.

  • TIN. Es el acrónimo de Tipo de Interés Nominal y marca el beneficio que obtendremos por el total de la operación. Cuando el plazo de la inversión coincide con el de la liquidación de intereses, es el mejor indicador para saber el tipo de interés del préstamo. Eso pasaría en un préstamo de, por ejemplo, 6.000 euros con liquidación anual a un 6% en el que pagaríamos 360 euros al año hasta saldar la deuda. Lo que ocurre es que habitualmente esto no coincide y se utilizan intereses semestrales, trimestrales e incluso mensuales. En estos casos hay que recurrir a otras vías para saber cuánto pagados y es donde surge la TAE.
  • TAE. La Tasa Anual Equivalente es la medida que se utiliza para homogeneizar el tipo de interés a periodos de un año. Es decir, incluye también el hecho de que los intereses no se paguen ni se calculen de forma anual. Habitualmente suelen ser algo más elevada que el TIN y es el mejor elemento para comprar préstamos o productos de inversión como depósitos a diferentes plazos.

Entre la información facilitada por las entidades financieras, la TAE es la que más se acerca al tipo de interés efectivo. Pero si de verdad queremos conocer este dado, al tipo de interés que pagamos habrá que sumar todos los gastos y comisiones que incluye su formalización. En el caso de las hipotecas siempre existirá una comisión de apertura sólo para hacer frente a los trámites de formalizar el préstamo, a la que se suelen sumar los gastos de estudio, fijos y que se cobran en ocasiones incluso cuando no se contrate el préstamo. Otras comisiones como la de cancelación total o parcial o subrogación se añadirán también, aunque sólo en caso de ejecutarse.

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Lo que habrá que hacer en cualquier caso es contar con todas estas comisiones a la hora de comparar préstamos. Y es que un préstamo al 4% puede estar bien, pero si después apareja una fuerte comisión por cancelación anticipada y prevemos adelantar dinero para pagar menos intereses, puede no ser tan buena idea contratarlo.

 




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