Hacemos números: ¿Cuánto capital debes contratar para tu seguro de vida?

Un seguro de vida es una herramienta que sirve para darnos tranquilidad y nada mejor para lograr que saber acercar con el capital contratado que hemos asegurado.

Contratar un seguro de vida no debería ser igual que comprar un cartón de leche en el supermercado. Si te equivocas con la marca de la leche lo peor que puede pasar es que tengas que tomar una leche que no te gusta durante un tiempo o directamente comprar otra. Con un seguro de vida si te equivocas eligiendo puedes no conseguir la protección que te proponías para ti y los tuyos.

La clave al elegir el seguro de vida está en la cantidad de la indemnización. En otras palabras, cuánto capital hay que contratar con el seguro de vida. Y es que esa es la cifra clave de estas pólizas, el dinero que recibirán nuestros seres queridos en caso de fallecimiento y nosotros si incluimos la cobertura por invalidez (muy recomendable pese a que aumentará ligeramente la prima).

Imagina que contratas tu seguro de vida por 50.000 euros cuando tú y tu familia estáis ingresando 40.000 euros cada año y los gastos fijos son ya de 30.000 euros. Estarías dando un año de margen para que tu pareja doble sus ingresos o en casa empezará a escasear el dinero. El ejemplo puede ser extremo, pero demuestra la importancia de saber qué capital incluir en el seguro de vida.

Si estás pensando que, en ese caso, cuanto más mejor, recuerda que el coste del seguro está directamente relacionado con el dinero de la indemnización. Cuanto más capital, más coste tendrá la prima. Además, también deberás superar más pruebas médicas para que te aseguren.

Cuánto dinero contratar en el seguro de vida

La recomendación más extendida pasa por proteger a la familia  con un seguro que cubra entre tres y cinco veces los ingresos de la unidad familiar. Estamos hablando de ingresos, no de gastos.

El motivo es que muchos de los gastos de la familia seguirán siendo los mismos pese a que falte uno de los miembros y por eso ofrecer tres años de margen como poco parece lo más razonable. Ajustar la indemnización a los ingresos y no a los gastos permite dar un margen de seguridad adicional y de tranquilidad. Así nos aseguramos de que la familia no tendrá que cambiar su estilo de vida en términos de gasto de forma inmediata si faltamos,

Más allá de la recomendación general hay recomendaciones específicas para determinados casos. Por ejemplo, las familias hipotecadas deberían, además, sumar un seguro que liquide el total de la hipoteca en caso de que uno falte. Lo más habitual al contratar el seguro de vida ligado a la hipoteca es que cada cónyuge cubra el 50% del préstamo. En caso de fallecimiento, esto obligará a negociar con el banco las cuotas para reducir su coste, pero seguirán estando ahí.

Del mismo modo, si los ingresos no están repartíos de forma equitativa, también habrá que tenerlo en cuenta. En estos casos no tendría mucho sentido que los dos miembros contratasen el mismo capital si uno gana mucho más que otro. La razón es que si fallece la persona que más ingresos aporta, el impacto será mayor y, por lo tanto, también tendría que serlo la protección. Contratar un seguro conjunto para las dos personas puede ser una solución para no tener que hacer números y contar con dos pólizas diferentes.

Por último, quienes tienen niños deberán tener en cuenta gastos futuros como la universidad. Si nuestros hijos están en edad escolar y queremos que cursen estudios superiores, hay que pensar en cubrirlos. Y es que en este caso, los gastos actuales no tendrán nada que ver con los futuros. En uno de los primeros capítulos de Breaking Bad, Walter White nos da una lección en menos de dos minutos sobre cómo proyectar los gastos de una unidad familiar a largo plazo:

Imagen de Flickr



A partir de qué edad te puedes jubilar y cuánto necesitarás para lograrlo

La manera de jubilarse antes es acceder a la jubilación anticipada. Veamos a partir de qué edad te puedes jubilar y lo que necesitas para lograrlo.

Los últimos cambios en el sistema de pensiones supusieron una modificación importante en el apartado de la edad de jubilación y el cálculo de pensiones. Si tomamos el ejemplo de quienes se jubilaron el pasado año 2016 veremos que para estos la edad de jubilación era 65 años y cuatro meses. Si nos adelantamos en el tiempo veremos como en la progresión de la modificación de este requisito, en el año 2027 para jubilarte tendrás que tener 67 años.

Tanto en el futuro como ahora existe la opción de jubilarte antes, pero para ello debes acceder a la jubilación anticipada, que , como verás, también ha modificado con esta reforma buena parte de sus condiciones.

La jubilación anticipada

Hasta el año 2013 quienes querían jubilarse de manera anticipada y voluntaria podían solicitar la jubilación a partir de los 61 años. Con la modificación de la edad ordinaria para jubilarse, también la jubilación anticipada se ve afectada y aumenta el límite de edad para acogerse a ella. De manera general no se podrá acceder a la jubilación anticipada antes de los 63 años y cuatro meses con el requisito de haber cotizado un mínimo de 35 años y que, de estos, dos se encuentran entre los 15 últimos años previos a la solicitud de jubilación.

Cuánto necesitas para jubilarte

Tratar de calcular cuánto dinero necesitas para jubilarte es equivalente a tratar de no perder el poder adquisitivo que has mantenido durante tu etapa laboral, incluso, si es posible, superar dicho nivel económico.

Para ello necesitaríamos realizar dos pasos que van a ser más o menos complejos dependiendo de lo claras que tengamos nuestras finanzas personales. Para aquellas personas acostumbradas a controlar su economía, que poseen un buen conocimiento de sus gastos e ingresos, que controlan sus productos financieros y que también conocen sus cotizaciones a la seguridad social, va a ser relativamente fácil. Para aquellos que no dominan ninguno de esos aspectos la primera recomendación es precisamente tratar de ponerse al día en todos ellos.

Estimación  de gastos e ingresos

Este es el primer paso que debe dar. Se trata de realizar una estimación de o que vas a necesitar. Empezaremos en primer lugar por los ingresos futuros. Para ello deberías calcular la pensión pública que te va a quedar tras la jubilación, así como otros ingresos que pudieran derivarse, de tu patrimonio, por ejemplo el alquiler de una vivienda.

Calcular la futura pensión pública no es una tarea sencilla, sobre todo para quienes tienen lejos aún la jubilación, ya que es más que probable que en un futuro no muy lejano se ajuste mucho más aún de lo que ya está. Si te cuesta dar con el cálculo exacto o no quieres invertir mucho tiempo en ello, piensa que difícilmente va a superar el 50% o el 60% de tu salario actual. Es mejor ponerse en un plano pesimista que quedamos cortos a la hora de calcular los ingresos complementarios.

Una vez tengas determinados estos ingresos debes realizar un cálculo de los gastos futuros. En el cálculo de gastos debes tener en cuenta las posibles amortizaciones que ya hayas realizado, por ejemplo la hipoteca, pero también la aparición de gastos nuevos. Un error muy común es no pensar en que se van a abrir nuevos caminos de gasto, por ejemplo, viajes, mayor inversión en salud, etcétera.

Cruzar los datos de ingresos futuros y previsión de gastos nos va a dar la cifra estimada anual que debemos complementar.

Busca herramientas para obtener el capital que necesitas

Si del resultado de gastos e ingresos resulta que no necesitas capital adicional, enhorabuena, eres un auténtico privilegiado. Sin embargo, para la gran mayoría será necesario contar con un capital adicional para poder mantener la calidad de vida y el poder adquisitivo.

Obviamente esto se obtiene a través de herramientas de ahorro que nos permitan ir consolidando un capital a lo largo del tiempo, capital que posteriormente utilizaremos como el complemento que necesitamos.

Generalmente es buena idea para calcular el dinero que tenemos que ahorrar, tomar el mismo porcentaje de gastos e ingresos que tenemos en la etapa laboral. Es durante la etapa laboral cuando hay que ahorrar, por tanto este cálculo es necesario. Si hemos determinado, por ejemplo, que necesitamos cubrir 4000 € anuales como capital adicional, y sumamos un periodo de tiempo determinado para percibirlos (recuerda que la esperanza de vida hoy en día es muy superior a la hace tan sólo una década) ya nos ponemos en situación de buscar los productos de ahorro necesarios.

En este cálculo no debes olvidar sumar a la rentabilidad que se proponga la pelea constante contra la inflación. La inflación hace que año tras año tus productos de ahorro tengan que luchar contra la subida de precios. Desde los seguros de ahorro hasta los planes de pensiones o fondos de inversión la cantidad de herramientas a tu disposición son muchas. Se trata de encontrar aquellas con las que te sientas más cómodo y respondan mejor a tus cálculos.

Imagen de Flickr



Cómo tu comportamiento general afecta también a tus decisiones financieras

Entre las últimas tendencias en economía figuran las finanzas del comportamiento. En otras palabras, cómo nuestra forma de actuar afecta a nuestra economía.

Vez unos pantalones en descuento pero no son de tu talla, sino de una más pequeña. Normalmente no los comprarías, pero como quieres adelgazar te animas porque así estarás más motivado. Un año después esos pantalones están en el fondo del armario porque siguen sin caberte. Seguro que la escena te resulta familiar y si no son pantalones será la cuota del gimnasio o el coche con todos los extras que si necesitas.

El culpable de este tipo de decisiones es tu cerebro y su forma de pensar. Y es que en la mayoría de los casos tenderá a ponerse en la mayor de las situaciones y sobreestimar tus posibilidades: si vas a comprar un coche, ya que sea con lo último por “un poco más”, los pantalones están tan rebajados que es una oferta que no se puede dejar pasar y así sucesivamente. En otras palabras, en lugar de analizar la situación bajo un prisma lógico, estudiando las ventajas y desventajas de la compra y su idoneidad, actuará de forma impulsiva.

Las tiendas lo saben y por eso ponen música animada en las tiendas, ponen a la vista los productos que quieren que compras y usan un sinfín de técnicas para estimular la parte irracional de nuestro cerebro que nos llevará a consumir más (lo que se conoce como slow brain).

Aprender a lidiar con esta irracionalidad es clave para hacer compras más reflexivas que realmente se adapten a nuestras necesidades. Entre los trucos más útiles para lograrlo está la regla de los dos días (esperar dos días y si pasado ese tiempo todavía lo quieres de verdad, cómpralo), la de la comparación (comprara por lo menos una vez antes de comprar) o la de los 100 euros (nunca compres algo de más de 100 euros sin dejar pasar 24 horas desde que lo ves), por poner tres ejemplos.

Al final se trata de formas de frenar nuestro cerebro rápido y su optimismo natural. En esta línea, también es muy útil pararte a pensar en tus objetivos a largo plazo, en lo que de verdad quieres conseguir con tu dinero. Y si todo esto falla, siempre está la opción de automatizar nuestras finanzas para ahorrar de forma automática.:

Tu personalidad también influye

Más allá de este tipo de trazas generales, tu forma de ser también te hará más o menos propenso a cometer errores financieros. Una investigación llevada a cabo en México, descubrió que las personas más abiertas a nuevas experiencias son más previsoras y manejan mejor sus finanzas, como las que son más conscientes. Por el contrario, las personas introvertidas tenderán a gastar de manera más impulsiva.

Un estudio de la Universidad de Sheffield relacionó comportamientos financieros con las denominadas “Cinco grandes trazos de personalidad” A saber: abierta a nuevas experiencias, neurótica, extrovertida, agradable y consciente.

Las primeras tienen un carácter innovador y buenas habilidades financieras, así como capacidad de previsión y planificación. El lado negativo es que tenderán a tomar decisiones de inversión más arriesgadas.

Por su parte, las personas neuróticas se manejan mal en situaciones de estés, lo que les lleva a ser más impulsivos y consumistas. Mientras, las personas extrovertidas son individuos asertivos y ambiciosos, que tiene poca paciencia y dificultad para planear a largo plazo. Esto hace que cedan más fácilmente a los impulsos del consumo y que no analicen debidamente sus opciones.

Las personas agradables suelen ser algo más reflexivas, pero también tienden a tomar peores decisiones en cuanto a su asesoramiento financiero, en tanto que las conscientes son las más analíticas, las que mejor planifican y las menos impulsivas. De forma resumida, son las que mayores habilidades poseen porque son capaces de orientar sus esfuerzos al logro de metas, que es de lo que al final trata toda la planificación financiera.

Imagen de Flickr



Dos situaciones en las que deberías contratar tu seguro de vida

¿Es para mí un seguro de vida? Hay momentos vitales donde una póliza de vida puede ser más necesidad que opción. Descubre cuáles son.

Pregunta a un profesional del seguro cuándo deberías contratar un seguro de vida y la respuesta será: “siempre, en cualquier momento”. Ante esta contundencia es fácil plantearse hasta qué punto no se trata de una respuesta interesada.

La realidad es que un seguro de vida siempre tiene su utilidad, especialmente si se añade la cobertura por invalidez. Sin embargo, hay momentos en los que contar con esta protección debería ser algo casi obligatorio para evitar situaciones de riesgo. Estas son dos de las más claras. Si te encuentras ante una de ellas y no tienes un seguro de vida, deberías replenaterte tu situación financiera.

Te acabas de casar

La mayoría de personas contrata los seguro de vida para proteger a quienes más quiere ante su pérdida. En otras palabras, asegurar el futuro de quienes se quedan en caso de fallecimiento, aunque la realidad es que un seguro de vida puede ir más allá y por eso hay que saber cómo sacarle provecho.

Quienes se acaban de casar e inician un proyecto vital en común deberían de asegurarlo, especialmente si existen muchas diferencias de ingresos entre una y otra parte de la pareja. Con un seguro de vida se puede dar flexibilidad a la otra persona en caso de fallecimiento y asegurar su estabilidad económica.

Añadiendo la cobertura de invalidez te aseguras que el dinero no será un problema en caso de que sufras un imprevisto que te impida seguir trabajando en tu campo profesional, por ejemplo.

Para estos casos existen pólizas conjuntas como el Seguro Aegon Vida Dúo donde los cónyuges se integran en una misma póliza. Aquí puedes ver cómo funciona.

Vas a formar una familia

La paternidad es una alegría, pero también una responsabilidad. Los niños llevan aparejados una serie de gastos que se suman al presupuesto familiar y que es mejor presupuestar. Simplemente la universidad ya sumará 3.000 euros al año en el mejor de los casos.

Además, con los niños se hace especialmente relevante asegurar cuestiones como que tendrán una vivienda, alimento y educación en caso de que no estés o surja un imprevisto. Un seguro de vida es una herramienta para hacerlo y complementar e ahorro que creará el colchón financiero de seguridad que necesitas.

Lo más importante en ambos casos es tener claro el capital que deseas asegurar, que debería será de entre tres y cinco años de gastos. Si hay una casa con hipoteca de por medio, lo ideal es que además asumas un seguro de vida que cubra el coste restante del préstamo. A fin de cuentas la vivienda es siempre el mayor gasto familiar y al eliminarlo contarías con un remanente que poder destinar a otros gastos corrientes o a ahorrar a largo plazo.

También te puede interesar:

Claves antes de contratar un seguro de vida

Imagen de Flickr



¿Por qué Hacienda persigue ahora las plataformas de facturación?

Las cooperativas de facturación han ido creciendo en los últimos dos años al amparo del aumento del trabajo freelance. Las nuevas tecnologías facilitan el contacto entre profesionales y cliente final, lo que incrementado el número de personas que ofrecen sus servicios a empresas y particulares de forma esporádica.

El gran problema para estos profesionales era el poder expedir factura sin tener que darse de alta en la Seguridad Social como autónomo, ya que muchas veces lo trabajado como freelance apenas alcanzaba a cubrir la cuota. Ahí es donde entran en juego las plataformas de facturación y el porqué de su éxito. Una cooperativa de trabajo se encarga de facturar por el profesional, al que luego paga el dinero facturado menos gastos de gestión y los lógicos costes de darlo de alta en la Seguridad Social.

El funcionamiento básico es el siguiente:

  • El profesional se da de alta como miembros de la cooperativa, para lo que habrá de abonar una cuota que suele estar entre los 80 y los 120 euros. La cooperativa le devolverá ese dinero cuando curse la baja.
  • Cada vez que realiza un trabajo para un tercero se lo comunica a la cooperativa, que le da de alga en la Seguridad Social bajo el régimen general para el tiempo que haya durado el trabajo.
  • La cooperativa se encarga de emitir la factura a nombre del trabajador con las consiguientes retenciones, cotizaciones a la Seguridad Social e IVA. Además aplica, una serie de comisiones de gestión por su trabajo.

La ventaja para el trabajador es obvia, pero el propio sistema cuenta con algunos elementos que son los que han llevado al Ministerio a cancelar la licencia a plataformas como Factoo al considerar que operan fuera de la legalidad. La Administración entiende que este sistema puede dar lugar a fraude en la relación laboral. A fin de cuentas, el objetivo de estas comunidades es la de

En este sentido, uno de los problemas de esta plataforma es que el alta del trabajador puede y suele producirse después de que sea ha realizado cuando le ley establece que debe ser anterior.

Del mismo modo, la Seguridad Social indica claramente que el profesional y socio de la comunidad debe estar dado de alta los días que necesite para llevar a cabo el trabajo para el que ha sido contratado. La realidad es que hay quienes aprovechan esta situación para permanecer de alga un solo día cuando realizan trabajos a lo largo de más tiempo, incluso de forma continuada en el tiempo. Estos últimos socios son sobre los que Hacienda y la Seguridad Social han puesto el foco.

A estas dos cuestiones se añaden otras más prácticas como quien es el responsable ante reclamación por los servicios prestados si es la cooperativa quien factura o quien reclama al cliente en caso de impago.

El caso de las cooperativas pone de relieve la diferencia de criterios entre Hacienda y Seguridad Social a la hora de establecer la necesidad de hacerse autónomo para realizar trabajos por cuenta propia. Y es que, si bien la Seguridad Social no lo tiene como requisito sin el cual non para los freelance, Hacienda sí que establece que no se puede facturar sin haberse dado de alta como autónomo.

Imagen de Flickr



El kit de la madurez financiera

Mejorar nuestras finanzas suele ser uno de esos objetivos que nos marcamos tras el verano o en año nuevo.  Lo puedes lograr aplicando estos consejos.

Volvemos de vacaciones y miramos nuestra cuenta de ahorros con miedo. Sin embargo, tenemos formas o métodos de mejorar nuestras finanzas, de buscar formas de ahorrar y organizar mejor nuestra economía. Uno de ellas es la que sugiere Emily Guy Birken en la web www.wisebread.com en su artículo: ¿Líos de dinero? Prueba este kit de inicio de finanzas personales

El primer paso según la autora del artículo es crear una cuenta de ahorros, ya que es más fácil guardar dinero en un lugar diferente de los cheques. Además, puede servir como un fondo para situaciones de emergencia que todos podemos sufrir en cualquier momento y, de esta manera, no se ve afectado su gasto habitual. Puede ser interesante no tenerla en el mismo banco en el que tenga los cheques, de esta manera pone otra barrera para evitar gastar. El secreto para nutrir esta cuenta de ahorro es establecer transferencias automáticas regulares, para que ésta crezca sin pensar en ello.

El segundo paso es crear un presupuesto sencillo con el fin de organizar su dinero para que pueda gastarlo en las cosas que importan y dejar de hacerlo en las cosas menos importantes. Para ello debe hacer un seguimiento de sus ingresos y de sus gastos. Una vez que ya sepa lo que gana y lo que gasta  deberá empezar a administrar sus fondos con el fin de no gastar más de lo que gana. La clave de este punto es gastar en las cosas que usted más valora y dejar de hacerlo en cosas que para usted son superfluas.

El siguiente paso es invertir para la jubilación. En este punto hay muchas opciones, desde los clásicos planes de pensiones hasta los PIAS, tan de moda. Aquí puedes ver algunas más.

Imagen de Flickr



Cuando tomar las riendas de la economía de tus padres

Nos va a pasar a todos. Nuestros padres se hacen mayores y llega un momento en que los hijos deben tomar las riendas de sus finanzas y sus cuidados de salud. ¿Cómo hacerlo evitando los conflictos?

Es un tema difícil, controvertido y en cada familia puede ser muy diferente. Depende de tantas variables que es complicado. Lo cierto es que en España, en Europa, la población envejece y cada día son más las personas que llegan a la edad de jubilación. En circunstancias normales, aún así, nuestros mayores llegan a este punto perfectamente cuerdos y sin necesidad de tutelaje en cuanto a la economía familiar. El primer punto a tener en cuenta es cuándo plantear un problema tan sensible. Se estima que la Regla 40/70, es decir, cuando los hijos están en la cuarentena y los padres ya han pasado de los 70 años es un buen momento para mantener charlas sobre planificación financiera, cuidado a largo plazo, etc. Es más interesante abordar estos temas de manera natural que cuando aparezca una crisis en forma de enfermedad, por ejemplo, lo que obliga a tomar decisiones sobre la marcha. Para ello, como hijos debemos estar atentos a señales como facturas sin pagar, cheques devueltos, llamadas de los acreedores o comprar inusuales o innecesarias.

Si vemos que es el momento de intervenir es importante encontrar el enfoque correcto. Por lo general, debería ser una reunión con un círculo pequeño y de personas claves. Para que todo vaya bien será necesario destacar los aspectos positivos de la situación  y no los negativos. No es bueno ser condescendiente, sino tratar a nuestros padres como compañeros e iguales.  Para ello hay que ayudar a sus padres a entender que estamos cuidando de ellos y apoyarse en personas de confianza, en un aliado, un planificador o un abogado de la familia. No es una mala idea, tampoco, someter a un control minucioso sus finanzas también. De esta manera, nuestros padres lo verán de una forma natural y evite palabras contundentes y gruesas como siempre, nunca o nada. Y en caso de duda, hay que preservar la dignidad de sus padres, tratar de evitar que se sientan heridos.

Si las cosas se ponen feas, si nuestros padres no pueden decidir, necesitaremos un poder para poder realizar las acciones que crea necesarias en cuestiones financieras. Un poder es un documento legal que otorga a una persona u organización la autoridad para actuar en nombre de alguien en asuntos financieros, legales y cuestiones relacionadas con la salud. Con él podríamos proteger su bienestar financiero, amén de poder actuar en emergencias médicas o si aparece un declive pronunciado en la competencia mental. Para conseguirlo es muy probable que necesitemos la ayuda de un abogado. El mejor momento para conseguirlo es cuando los padres todavía no han perdido la capacidad de manejar sus propios asuntos.

Es importante que, como hijos, también tengamos conocimiento de la situación económica, saber cuáles son los ingresos y las obligaciones financieras. Por tanto, no debemos olvidarnos de echar un vistazo a las cuentas bancarias, las declaraciones de tarjeta de crédito, las cuentas mensuales, la lista de préstamos y otras deudas, declaraciones de la Seguridad Social, documentos de inversión, pólizas de seguro de vida, salud y propiedad, títulos de vehículo, acciones de propiedad, cotizaciones y los certificados de nacimiento y licencias de matrimonio.

Otras cuestiones que debemos tener en cuenta son los seguros privados de salud, adaptados a las futuras necesidades, un seguro de cuidado a largo plazo, una hipoteca inversa para convertir su patrimonio en efectivo mientras viven.

Por último, otra de las cuestiones clave es la posibilidad de hacer un contrato de cuidado personal. Esto quiere decir que si uno de los hermanos toma las riendas, no sólo médicas, sino financiera, se acepte reembolsarle como cuidador, con el fin de reducir la sobrecarga con pagos directos, un plan de sucesión, transferencia de una propiedad, póliza de seguro de vida para el cuidador. Se aconseja evitar este tipo de conflictos entre hermanos y aumentar el soporte manteniendo la comunicación, dar descanso al cuidador y no tener problemas en pedir ayuda externa.

Imagen de Flickr


Economía · Escrito por el 14/09/17


Lecciones de inversión que podemos aprender del póker

El póquer es un juego en el que la suerte tiene una importancia capital, pero también nos proporciona algunas lecciones de estrategia y gestión útiles para invertir.

Y es que, aunque obviamente no son lo mismo, del póker podemos extraer algunas conclusiones que son perfectamente aplicables a la inversión. .Así es como el póker puede convertirnos en mejores inversores.

No seguir los resultados a corto plazo

Si juegas más o menos habitualmente al póker habrás conocido muchos jugadores, malos jugadores, que funcionan a base de grandes golpes en momentos poco adecuados, jugándose todo de manera alocada. Este tipo de juego a veces proporciona grandes ganancias inmediatas.

Cuando perdemos frente un jugador así solemos cuestionarnos nuestras estrategias e incluso llegamos a pensar si no será adecuado, al menos en ese momento, hacer algo parecido y realizar grandes apuestas ilógicas que a tu rival le han funcionado tan bien. Lo que no sabes es la cantidad de pérdidas que ese jugador ha ido acumulando a base de una estrategia no razonada. Probablemente sea un jugador perdedor, incluso en el corto plazo, que sólo ha brillado en esa jugada o en jugadas parecidas, pero que a largo plazo perderá todas sus ganancias.

Tanto en el póquer como la inversión, las estrategias comprobadas tienen éxito a largo plazo. Este éxito puede ser más o menos moderado, e incluso atravesará depresiones de mala suerte, pero a la larga es el camino correcto.

 No te guíes por las corazonadas, usa las estadísticas

Sin olvidar la cuota de suerte que hay que tener para ganar en el póquer, la gran mayoría de jugadores ganadores reconocerá que el éxito en el póquer viene de saber entender las probabilidades. Déjate guiar por los buenos presentimientos ante una mano o por las sensaciones del momento, puede ser un error absolutamente garrafal.

Las posibilidades de que una pareja de sietes gane al final de la mano a una pareja de ases es siempre la misma, no se va a modificar porque tú te sientas afortunado esa noche. Del mismo modo, invertir basándose en corazonadas, intuiciones o pronósticos poco ortodoxos hará que te vaya tan bien como con esa pareja de sientes frente a mis ases. A veces podrás ganarme al final de la mano, a largo plazo perderás todo.

El exceso de confianza es un grave error

No importa lo hábil que seas, tú no controlas cuál es la siguiente carta que va a llegar a tu mano. El exceso de confianza o la sobreestimación de las posibilidades de uno mismo en la mesa es un error gravísimo en el póker. Del mismo modo, los excesos de confianza en las inversiones son un error muy común y bastante grave.

Es cierto que estos excesos de confianza vienen en parte acompañados por pronunciamientos de expertos que valoran la subida de tal o cual valor, de tal o cual mercado. Debemos recordar en este caso que un experto en economía o inversión puede orientar, pero no tiene la capacidad de predicción sobre hacia dónde se dirigen los mercados, no como para generar un exceso de confianza en nuestras decisiones.

El control emocional es básico

Tanto en el póquer como en la inversión el control emocional es esencial. No es sencillo controlar una racha de malas cartas en el póquer, como tampoco es sencillo mantenerse sereno ante una mala racha en nuestras inversiones. Dejarse llevar por la frustración y operar bajo el pánico no es en ninguno de los dos casos la solución.

El control emocional es más importante incluso en la inversión que en el póquer. El motivo es que, en frío, sabemos que el éxito o el fracaso se van a medir en la capacidad que tenemos de mantenernos sin perder los nervios durante los periodos difíciles, sabiendo que los movimientos en los mercados presentan un funcionamiento cíclico. Del mismo modo en el póquer sabemos que tarde o temprano las cartas volverán a sonreírnos.

La casa siempre gana

Podemos tener días ganadores y días perdidos jugando al póquer, pero tenemos una certeza inamovible, la casa siempre gana una cantidad de cada bote que has jugado.

Dependiendo de las comisiones que la casa aplique tus ganancias se van a ver reducidas, ya que una parte de ella se destina a dichas comisiones. Obviamente lo mismo ocurre en la inversión, tú puedes incluso llegar a perder dinero en tus inversiones, pero las comisiones las habrás abonado o tendrás que abonar puntualmente. Es importante tener esto en cuenta para no perder de vista la importancia de los gastos y comisiones en nuestra inversión.

Imagen de Flickr



Cada cuánto deberías revisar tu PIAS

Cuando contratamos un producto de ahorro como un PIAS resulta natural y muy aconsejable que queramos conocer su evolución. De hecho, deberíamos revisar su estado más de una vez al año.

El Plan Individual de Ahorro Sistemático (PIAS) es un producto de ahorro a largo plazo que nos propone mantener un modelo de ahorro sistemático, garantizado y asegurado, para en el futuro poder acceder a una renta vitalicia proveniente del capital que hemos aportado más la rentabilidad que producto nos ofrece.

El PIAS nos permite realizar aportaciones periódicas y, en el momento del rescate, tener ciertas ventajas fiscales. Sin embargo, para poder acceder a deducciones en el cálculo del IRPF debemos tener claro que cumplimos una serie de cuestiones a tal efecto. Estas cuestiones pasan por saber que la aportación máxima que podemos realizar al plan no puede exceder de 8000 € anuales, que el monto total del plan no puede superar los 240.000 €, que el beneficiario debe ser el mismo que la persona asegurada y que no se puede retirar el dinero hasta un mínimo de cinco años desde suscrito el plan.

Es cierto que este producto de ahorro puede ser rescatado de diferentes maneras, es decir, no sólo como renta vitalicia, también en varios pagos o incluso en un pago único, pero, los beneficios fiscales sólo favorecen en forma de desgravación al rescate en el modo de renta periódica.

Cuándo revisar el PIAS

En primer lugar hay que tener claro que, como norma general, este tipo de productos garantizados no asumen el riesgo de mercado de otros productos de ahorro. Esto significa que las revisiones de tu plan no tienen por qué ser tan exhaustivas como si estuviera apostando por otras herramientas de ahorro. En realidad, los PIAS han sido tradicionalmente un producto de ahorro a largo plazo conservador, aunque hoy en día existen versiones para perfiles financieros más avezados.

A partir de aquí, es cierto que conviene revisar la evolución anual del rendimiento de nuestro plan proporciona. Esto es así porque el traspaso entre PIAS es posible y no resulta gravoso.

Por otro lado, siempre que recordar que estamos hablando de productos a largo plazo, obsesionarse en la evolución de este tipo de productos de manera constante.

Con estas dos medidas en mente, lo recomendable es una revisión mínima de dos veces al año y lo aconsejable dedicar por lo menos diez minutos al trimestre para saber cómo marcha nuestro plan de ahorro.

Cómo funciona el PIAS

Se trata de un producto de ahorro con un seguro añadido en el que se nos garantiza el capital y un rendimiento en función del tipo de interés técnico vigente en cada momento.

Por tanto, a la inversión que nosotros realizamos se le va añadiendo una rentabilidad. Esta estabilidad se nos va comunicando de manera anual, y se orienta a la consolidación de un capital que, rescatado en forma de renta vitalicia tiene beneficios fiscales.

Imagen de Flickr



Cuándo te compensa comprar la casa de la playa y cuándo no

Comprar una casa en la playa es el sueño de muchos españoles. Sin embargo, la adquisición de una segunda vivienda con fines vacacionales no siempre resulta una buena idea para el bolsillo.

Y es que no es tan fácil acertar en este tipo de compras como pudiera parecer. Habitualmente se trata de compras muy imaginadas pero poco pensadas, que no siempre resultan acertadas las finanzas personales. Vamos a repasar algunas cuestiones que hacen que comprar la casa en la playa pueda ser interesante y que compense económicamente.

Cuándo compensa comprar una casa en la playa

Que sea una compra meditada

Comprar una vivienda vacacional sólo por el anhelo de tener una casa para ir de vacaciones puede no ser un buen negocio. Se trata de una operación financiera lo suficientemente importante para nuestra economía personal como para que deba ser muy meditada. Generalmente una compra meditada compensa siempre más que una compra por impulso o por anhelo.

Que la casa esté en una zona conocida

Aunque parezca mentira, muchas casas vacacionales se compran casi como por catálogo, desconociendo el entorno y sus características y, por supuesto, sin tener ningún tipo de relaciones sociales en ese ámbito geográfico. En una época en la que los precios de la vivienda se mueven poco, como la actual, arriesgarse a la lotería de acertar en la compra es mucho arriesgar. Si la casa está en un ámbito geográfico conocido vamos a poder valorar mucho más su coste de manera realista, pero también vamos a apostar por el conocimiento del valor añadido que el entorno puede proporcionar.

Cuando tienes claro los gastos que supone mantener una segunda vivienda

Una casa vacacional puede ser un asunto fantástico durante el verano que acaba convertido en un problemón y un chorro de gastos en el invierno. No sólo hay que tener claro el coste de la adquisición de la vivienda, también los gastos de mantenimiento, comunidad e impuestos que puede generar. Si tienes un control total sobre sus gastos puedes visualizar claramente el impacto que tiene sobre tu bolsillo, y decidir si la compra es viable o no.

Cuando salen las cuentas en la relación compra/alquiler

Tanto si quieres la vivienda como inversión como si la vas a utilizar efectivamente como segunda residencia para tus vacaciones resulta básico descubrir la relación entre el valor de la vivienda, lo que tú pagas por ella, y la posibilidad de rentabilidad a través del alquiler.

En la actualidad en nuestro país las medias de rentabilidad por alquiler en zona vacacional varían mucho según las zonas, pero, también obviamente según el precio asumido por el comprador. Si el alquiler que puedes obtener por tu vivienda vacacional supone al menos un 4% mensual por encima del gasto que asumes, incluyendo hipoteca, gastos de mantenimiento, impuestos etcétera,  la operación es interesante. Entre un 2% y un 4% depende del objetivo que te hayas marcado. Por debajo del 2%, y teniendo en cuenta la evolución de los precios de la vivienda puede que hoy en día no sea interesante la compra como inversión, aunque puede seguir siéndolo como segunda vivienda.

Cuándo no compensa comprar una casa en la playa

Obviamente no compensa comprar una casa en la playa si los puntos que hemos repasado anteriormente son lo opuesto. Es decir, no compensará comprar una casa en la playa si la rentabilidad que ofrece en relación compra/alquiler es negativa, tampoco si no conocemos el ámbito geográfico, ni los gastos que puede suponer ni si es una compra impulsiva.

Aun así hay otros factores a sumar que pueden hacer que no te compense comprar esta vivienda vacacional.

El clima

Es una vivienda para vacaciones y por tanto el clima es importante y debe ser tenido en cuenta. El clima no sólo va a influir en el valor de la vivienda, también en su potencial de ocupación durante diferentes estaciones del año, e incluso puede influir en cuestiones como los seguros. Una vivienda apartada en una zona con escasa población durante un largo periodo de tiempo sin duda será valorada como tal por la aseguradora, encareciendo la póliza.

No tener en cuenta el impacto del trayecto

Este es un error desafortunadamente muy común al que no prestamos la atención que debería. No medir también los costes e impactos del trayecto a la segunda vivienda puede traer consigo un sobrecoste muy elevado que a la larga haga que no sea tan rentable la compra.

Esto puede ocurrir tanto por exceso como por defecto. Tanto en los lugares con un exceso de turismo vacacional, a los que llegar supone horas de caravanas de tráfico, como a los lugares excesivamente apartados e incluso en otros países o continentes. Es básico tener en cuenta la importancia del trayecto ya que puede influir mucho en que comprar una casa no sea tan rentable.

Imagen de Flickr




Página 1 de 1712345...10...Última »