Cuándo puedes rescatar el dinero de un PIAS y cuánto ahorrarás si lo haces en el momento oportuno

Si contratas un PIAS y lo rescatas en el momento oportuno podrás obtener las mejores prestaciones de este producto. Veamos por qué.

El PIAS es un seguro de ahorro que, a diferencia de otras opciones como los PPA permite la liquidez, es decir, podemos retirar el dinero aportado en cualquier momento. Sin embargo, esta opción elimina el verdadero potencial del producto.

Se suele considerar la liquidez como una de las ventajas más grandes de este producto de ahorro, pero, hay más. La legislación permite que las ganancias de los PIAS que le exentas de tributación al vencimiento si el capital se percibe en forma de renta vitalicia. Obviamente esta es una gran ventaja.

Cómo funciona

La entidad depositaria va a ofrecer una rentabilidad que puede variar según el riesgo que el ahorrador quiera asumir en la inversión. Esto significa que no todos los PIAS  van a ofrecer ni mucho menos la misma rentabilidad. Generalmente, el mercado va a abarcar la rentabilidad de estos productos, rentabilidad que se puede revisar de manera periódica según el tipo de contrato. Esta revisión es habitualmente son cada seis meses o cada año.

Por supuesto también vamos a encontrar PIAS garantizados, e incluso otros más dinámicos que apuestan por mucha renta variable en su composición.

Se trata de un producto orientado a todo tipo de ahorrador pero que se muestra especialmente agradecido con aquellos ahorradores de patrimonios más bajos. Esto es así ya que no existen aportaciones mínimas obligatorias, convirtiéndose en una suerte de pre ahorro sistemático de manera automática y mensual por ejemplo.

Cuándo rescatar el PIAS

El PIAS presenta dos limitaciones a tener en cuenta. La primera es que no podremos realizar más aportación que 8000 € anuales. La segunda es que el total de las primas aportadas no pueden llegar a superar los 240.000 €. Podemos tener más de uno de estos productos pero las cantidades aportadas no pueden superar sus límites.

El momento del rescate es clave en los PIAS. Si retiramos el dinero antes de los cinco años desde la primera aportación no vamos a encontrar ventaja fiscal alguna al pagar impuestos y por tanto va a tributar como si fuera un depósito. A partir de los 10 años, y según la edad a la que se realiza al rescate, el ahorro puede tener un tratamiento ventajoso esto es así ya que, si se rescata en forma de renta vitalicia quedará exento de tributación. El ahorro obtenido por realizar el rescate en el momento oportuno es obvio, no tributaremos por las ganancias del producto.

Lógicamente estamos ante un producto de ahorro que ofrece su mayor potencial a partir de los cinco años y que, transformado en renta vitalicia es cuando se muestra más eficaz en lo fiscal.

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Así te engaña tu mente para que no ahorres

¿Te has planteado muchas veces intentar ahorrar pero nunca lo consigues? Tranquilo, esto le ocurre a muchas personas y tiene solución. Se trata de convencer a tu mente para que no te engañe sobre el ahorro.

Hay que tener en cuenta que ahorrar no resulta sencillo para muchas personas. En algunos casos esto está motivado por una realidad económica en la que o no existe el hábito de ahorrar, o, simplemente el dinero parece no alcanzar para el ahorro.

Partiendo de la base de que cualquier cantidad ahorrada ya es mejor que nada, hay otro comportamiento, muy extendido, en el que el ahorro no se contempla incluso por personas que podrían realizarlo sin excesivo esfuerzo.

Se trata de un engaño de la mente que se traduce en un comportamiento que la ciencia denomina sesgo de presente.

El sesgo de presente y nuestro dinero

El sesgo de presente es un comportamiento en el que nuestro cerebro reacciona a la recompensas inmediatas y no lo hace tanto a la recompensas a largo plazo. Es decir, cuanto más lejos se visualiza la recompensa más pereza produce el esfuerzo a realizar para conseguirla.

Esto no sólo se da en lo financiero, piensa en cuántas veces te has planteado ponerte en forma y has dejado el ejercicio al poco tiempo, hacer una dieta y no has podido, realizar una tarea doméstica que vas aplazando…

En el plano financiero el sesgo de presente, esa necesidad de sentir la recompensa inmediata, puede hacer que seamos directamente incapaces de ahorrar ya no a lo largo del tiempo, sino incluso en nuestro día a día.

Esto puede ser determinante para la salud financiera de nuestra economía doméstica. Pensemos por ejemplo en el impacto que puede tener en el largo plazo no ahorrar para la jubilación. Se trata de un objetivo lejano, que parece reñido con la recompensa inmediata, pero que sin embargo, es absolutamente necesario.

Cómo hacer que nuestra mente deje de engañarnos y ahorrar

La solución es realmente fácil y está en nuestras propias manos, pero, requiere de un esfuerzo y una disciplina que si no se han tenido previamente hay que ejercitar.

Desde luego la mejor manera de evitar el efecto del sesgo de presente es empezar por vivir con lo que necesitamos. Incluso antes de pensar en el ahorro deberíamos pensar en lo que gastamos y en lo oportuno de estos gastos. En muchas ocasiones quienes no consiguen ahorrar gastar más de lo que realmente necesitan, de hecho mucho más.

Si somos capaces de elaborar un buen presupuesto y ajustar nuestra economía personal de manera adecuada, podremos valorar si lo que gastamos es adecuado o no. Este simple ejercicio, antesala del ahorro, nos va a permitir una perspectiva muy realista de nuestras finanzas.

Una vez logrado lo anterior se trata de adquirir el hábito de apartar dinero para el ahorro de manera constante. Aquí hay que hacer un ejercicio de convencimiento de que el ahorro tanto a medio plazo como a largo plazo es necesario. Una manera interesante de no perder la atención es recordar que para el ahorro a largo plazo lo importante es la propia acción de ahorrar. La motivación puede flaquear en algunos momentos, pero, si el hábito se impone habremos vencido a los engaños de nuestra mente.

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Las cuatro peleas de dinero que tendrás en pareja y cómo abordarlas

Dentro de la vida en pareja las discusiones motivadas por la gestión del dinero son una fuente de problemas a tener en cuenta. Veamos las cuatro peleas de dinero más habituales y cómo abordarlas en pareja.

En el año 2014 la revista Money publicaba una encuesta en la que el dinero se mostraba como la razón más común por las que una pareja casada discute, por delante de cuestiones como tareas domésticas o la propia convivencia.

Desacuerdos sobre el gasto

Esta es probablemente la más habitual. En una pareja se da un desequilibrio entre una persona gastadora y otra ahorradora. Cuando la persona gastadora realiza un gasto  la persona ahorradora no lo alcanza a comprender y se produce una discusión sobre la responsabilidad o el consumo.

Evitar comunicar el gasto es probablemente la peor idea que se puede tener en este sentido. Ocultar el dispendio puede agravar la mala sensación de la persona ahorradora, y además, generar un sentimiento de culpa en el comprador.

Una buena manera de abordar esto, cuando se produce esta diferencia en la pareja, es tener fondos de dinero separados para gastos. Cada uno hace las compras que el otro podría llegar a considerar innecesarias con su fondo, y esto no afecta a la convivencia ya que son fondos pactados. Eso sí, hay que respetar las cantidades adecuadas a los fondos.

Quién controla el dinero

Esta es otra cuestión que puede generar muchos problemas matrimoniales. Se puede dar tanto por la propia personalidad de los cónyuges, como por imposiciones basadas en quién gana más o quien gana menos. Se trata de un principio peligroso que puede realmente socavar una relación de pareja de manera muy grave.

Lo principal para evitar este problema es tener una sensación de equipo en lo que a dinero se refiere. Independientemente de mantener fondos separados o cuentas separadas, la necesidad de valorar las decisiones como decisiones en conjunto y el dinero como dinero en conjunto es el principio básico para evitar la preponderancia de uno u otro en la toma de decisiones financieras.

Reacciones al riesgo

La capacidad de asumir el riesgo es muy personal y, rara vez, la pareja va a coincidir en su tolerancia al riesgo. Hablamos no sólo de riesgo desde el punto de vista de la inversión, sino también a la hora de afrontar gastos o proyectos de vida.

Obviamente quien tiene mayor tendencia a tolerar el riesgo va a buscar decisiones más arriesgadas que pueden chocar de frente con una posición más conservadora o de menor tolerancia al riesgo financiero.

En este caso la mejor manera de solucionar el problema previamente es pactar unos límites de riesgo asumibles por ambas partes. Se trata de tener en ambos casos, en el caso de quien desea asumir más riesgo bajando su nivel de Asunción de riesgo, y de quien posee el perfil más conservador asumiendo un poco más de riesgo del que asume.

Esta solución pactada, podrá permitir que ambas partes cumplan en cierta medida con su personalidad financiera. Tener un buen plan de inversión, pensado previamente, va a ayudar a la pareja a moverse de manera más cómoda por los diferentes niveles de tolerancia al riesgo.

Desacuerdos sobre ayudar económicamente a la familia

Esta es probablemente una de las discusiones financieras más difíciles dentro de una pareja. Aquí entran en juego factores emocionales que no siempre son controlables desde el punto de vista de las finanzas personales.

Un préstamo a un miembro de la familia de uno de los cónyuges puede generar tensiones en el otro cónyuge que no entienda dicho préstamo o dicha ayuda.

Por supuesto la anticipación es la base de la solución a este tipo de problemas. Aunque no siempre estemos preparados para que un familiar necesite ayuda económica, tenerlo previsto no es difícil y podría ayudar en el momento de producirse.

Todo debería basarse en una serie de acuerdos a partir de las siguientes preguntas

  • ¿Puedes considerar el dinero que le das a la familia como un obsequio en lugar de un préstamo?
  • Si tiene que ser un préstamo, ¿puedes aceptar que se redacte un documento de préstamo legal para asegurarme que se le reembolse?
  • ¿Cuál es la cantidad máxima de dinero que estás dispuesto a dar o prestar a la familia en una emergencia?
  • ¿Hay un número máximo de veces que estás dispuesto a ayudar al mismo miembro de la familia?
  • ¿Hay formas no financieras que puede ofrecer para ayudar si no está en juego el dar o prestar dinero?

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Así funciona la regla del 10/10/10 con la que controlar tus gastos

Existen muchos métodos y herramientas para tratar de controlar nuestros gastos. La regla del 10/10/10 puede ser realmente eficaz para ello.

Realmente todos los métodos de control de gasto parten de un mismo punto de vista: el análisis de la necesidad de la compra o del gasto que vamos a realizar. Se trata simplemente de utilizar una herramienta que nos permita que este análisis sea lo más realista posible.

Para algunas personas bastará echar un vistazo a su presupuesto para entender si un gasto es adecuado o no, pero, hay otras personas que necesitan una implicación más emocional con las decisiones financieras. Para ellas la regla del 10/10/10 puede ser realmente útil.

Una herramienta para todo tipo de decisiones

Estamos ante una herramienta que realmente puede ser útil en cualquier tipo de decisiones que tomemos en nuestra vida, pero que se muestra muy eficaz desde el punto de vista emocional en las decisiones financieras.

Para ello, cuando vamos a afrontar una compra, un gasto o la contratación de un servicio deberíamos ser capaces de responder a tres preguntas sencillas:

  • ¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 minutos?
  • ¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 meses?
  • ¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 años?

La respuesta a estas tres preguntas, si es coincidente en lo positivo, probablemente acabe aconsejando la compra o contratación, si es muy dispar debería hacernos reflexionar sobre lo idóneo de esta compra, y obviamente si es negativa debería evitar el gasto.

La mejor manera de ver cómo funciona este sistema es haciendo un ejercicio práctico.

Vamos a suponer que ya tenemos un dispositivo móvil en buen uso pero nos alcanza una oferta para otro dispositivo móvil nuevo, se trata de un gasto que no deberíamos hacer por obligación pero que puede apetecernos por consumo.

Supongamos que esto va a suponer un desembolso de 500 €, y que realmente nos motiva la compra aunque no sea estrictamente necesaria. Deberíamos comenzar a responder a las preguntas.

¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 minutos? Probablemente dentro de 10 minutos estaré emocionado con mi nuevo móvil, esperaré a llegar a casa para desenvolverlo y utilizarlo por primera vez y disfrutar realmente de esa sensación inmediata que produce la compra.

¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 meses? Esta es la parte más difícil de analizar, y sobre todo la que más esfuerzo de honestidad requiere. Probablemente dentro de 10 meses siga utilizándolo, pero, también con mucha probabilidad el dispositivo móvil anterior seguiría en perfecto funcionamiento 10 meses después con lo cual esos 500 € se podrían haber destinado a otro gasto o incluso al ahorro. En esta parte del análisis es donde debemos hacer un ejercicio de responsabilidad con la necesidad real y separarla de la compra poco razonada.

¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 años? Es muy probable que dentro de 10 años este dispositivo recién adquirido no vaya a ser útil, del mismo modo que ocurriría con mi dispositivo anterior que aún se mantiene en buen funcionamiento. Es decir, a largo plazo el rendimiento de ambos va a ser más o menos el mismo y su futuro también. A estas alturas es probablemente más fácil imaginar no haberse desprendido de 500 € que haber gastado este dinero en algo no necesario.

La conclusión de este análisis nos diría que no necesitamos realizar este gasto, y que probablemente sea un gasto mal hecho y mal enfocado para nuestra economía personal, pudiendo emplear el dinero en otros objetivos tal vez más necesarios como el propio ahorro para la jubilación, o la planificación de unas simples vacaciones como objetivo más inmediato.

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Por qué pedir un préstamo para tu boda puede ser una mala idea

Recurrir a la financiación para pagar los gastos de una boda es relativamente frecuente. No obstante, no en todos los casos un préstamo puede ser la mejor fórmula para pagar tu boda.

El primer lugar hay que tener en cuenta que un préstamo va a acarrear unos gastos, comisiones e intereses que aumentarán el coste total de tu boda. Esto es importante porque no siempre visualizamos el impacto real que en nuestro bolsillo tiene este tipo de productos financieros.

Así que, el principal motivo por el que un préstamo para tu boda puede ser una mala idea es evidente: vas a acabar pagando más dinero del que realmente cuesta la boda.

Cargarse de préstamos siempre es mala idea

Resulta muy probable que quien se plantea solicitar un crédito para los gastos de su boda tenga a su vez otros productos de financiación abiertos. Bien sea tarjetas de crédito en uso, préstamos personales o préstamos hipotecarios.

La acumulación de productos de financiación es el camino más directo a un gran enemigo de la economía familiar: el sobreendeudamiento.

Antes de solicitar un préstamo para cubrir los gastos de la boda es muy importante analizar a fondo el resto de productos de financiación que tenemos en vigor, sus importes, sus vencimientos y, sobre todo, nuestra capacidad de respuesta a las cuotas de todos ellos, sumando el nuevo crédito que queremos solicitar.

No existe una fórmula mágica para determinar hasta dónde puedes endeudarte en lo que a financiación se refiere, pero, el sentido común te indicará donde están estos límites.

Acudir a los préstamos personales o préstamos preconcedidos debe ser un recurso orientado de manera planificada. Del mismo modo, el uso de las herramientas de financiación debe formar parte lógica de un plan financiero personal, nunca debe ser utilizado de manera impulsiva o sin reflexión.

Buscar alternativas a la financiación es una buena idea

Como ya hemos visto un préstamo para vuestra boda puede acabar resultando caro, puede acabar contribuyendo a una mala función de la economía doméstica, y, peor aún, puede llevarnos a una situación de impago en caso de acumulación de mucha deuda.

Desde luego ninguno de los escenarios anteriores es el más interesante para los primeros periodos de vida en común. Por tanto, la planificación de la boda siempre debería incluir la búsqueda de alternativas a la financiación crediticia.

Probablemente el ahorro durante un periodo de tiempo, bien a través de herramientas de ahorro como los propios seguros de ahorro o similar, en combinación con otro tipo de herramientas como las listas de boda o similar, podría ser un buen principio para todo esto.

Por otro lado, ajustar realmente el gasto en función de lo que puedes gastar, es un buen comienzo para cualquier proyecto de vida en común. Es una buena idea comenzar a dar los primeros pasos de una economía familiar desde la racionalidad y el gasto contenido.

Si aun así has decidido acudir a un préstamo para financiar la boda, procura buscar aquellas opciones que mejor se adapten a tu bolsillo. Comprueba si puedes pedir préstamos preferentes, o a tipo de interés bajo, y huye siempre de cuestiones como reunificar deuda a través de crédito hipotecario o similar.

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Ahorrar no es sólo para los que tienen dinero

Hay una visión distorsionada del ahorro que dice que ahorrar es sólo para los que tienen dinero. Esto no es así. De hecho, ahorrar debería ser un hábito para todos.

La base fundamental del ahorro es la planificación financiera. Cuando alguien dice que ahorrar es sólo para aquellos que tienen dinero realmente está diciendo que la planificación financiera sólo puede hacerse por quienes tienen mucho dinero, y esto es falso, además de peligroso.

La planificación financiera puede ayudar a todas las economías, no sólo a aquellas de ingresos altos. Da igual cuánto dinero entre en casa, todo el mundo puede beneficiarse de tener un control sobre sus finanzas y de gastar menos de lo que ingresa, es decir, de ahorrar. Lo que sí es cierto es que, ahorrar y planificarse puede parecer más difícil con ingresos medios o bajos. Por fortuna, esto no quiere decir que sea imposible. Tanto es así que salvo casos extremos, casi siempre es factible ahorrar un poco.

Hay motivos más que razonables por los cuales necesitamos un plan financiero independientemente de nuestros ingresos.

El primero, y probablemente el más importante, es que si no tenemos este plan va a ser muy difícil establecer ningún tipo de meta o proyecto para nuestro dinero. Desde cosas muy básicas como ser capaces de controlar nuestra relación entre gastos e ingresos, hasta cosas más complejas como nuestra futura jubilación, son elementos que deben incluirse en un buen plan financiero personal.

El mejor camino para ahorrar cuando tus ingresos son bajos

El mejor camino para ahorrar cuando tus ingresos no son elevados es la planificación financiera, y para ello, es básica la figura del presupuesto.

Cuando elaboras un presupuesto de tus gastos e ingresos es cuando eres capaz de visualizar realmente tus puntos fuertes y débiles en lo que a economía personal se refiere. De hecho, cuanto más riguroso. A partir de esa herramienta y con los datos que tengas podrás tratar de reducir gastos y redistribuir donde colocas los ingresos.

Saber dónde va tu dinero mes tras mes es la parte básica de este asunto. Si eres capaz de identificar las salidas de dinero también serás capaz de reducir parte de ellas y reconducir ese dinero a otras metas. Además, con esa información podrás ver si tus gastos están alineados con tus objetivos, no solo en cantidad sino en calidad. En otras palabras, ver si te gastas el dinero en lo que te hace feliz.

Por otro lado, debes pensar que está remodelación de tu presupuesto te puede permitir el acceso a productos que a su vez garanticen tu seguridad financiera, herramientas como los seguros de vida, los seguros de ahorro,  son elementos a tener en cuenta para mejorar tu salud financiera.

A ahorrar se aprende ahorrando

Aunque parezca una redundancia, lo cierto es que cualquiera puede ahorrar, pero para ello primero hay que aprender a ahorrar. De lo que se trata, dados todos los pasos anteriores, es de fomentar el hábito del ahorro. Da igual la cantidad, realmente lo importante es ser capaces de alcanzar esa disciplina en la que de manera automática una parte de nuestros ingresos se destina al ahorro.

Hay muchos productos financieros y herramientas que podemos utilizar en este sentido. Desde modelos muy básicos como el preahorro, en el que el dinero destinado a ahorrar va directamente a un producto financiero sin pasar por nuestras manos, el ahorro es importante para todo tipo de bolsillos.

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Testamento, cuándo debes pensar en uno y cuándo hacerlo

Fallecer sin haber realizado testamento puede tener consecuencias graves para los herederos. Por ello es importante tener claro cuándo deberías pensar en hacerlo y cómo hacerlo.

Fallecer intestado, como indicábamos, puede tener consecuencias serias que pueden afectar de manera directa a nuestros herederos, algo que cobra especial relevancia en el caso de nuestros hijos. Y es que la ley española marca que los hijos son los principales herederos salvo que en el testamento digamos lo contrario.

Por desgracia, son muchas las personas que no tienen en cuenta este hecho, y que postergan o incluso no realizan su testamento legal. En esta aparente despreocupación hay factores muy intensos a tener en cuenta, entre ellos el miedo a reconocer la propia mortalidad es uno de los más importantes. Se produce una paradoja entre la necesidad de saber que dejamos nuestros asuntos financieros bien resueltos para nuestros herederos, y el reconocimiento de nuestra propia mortalidad.

Para eliminar esta paradoja lo primero que debemos tener claro es que los problemas que van a surgir con tu herencia cuando fallezca as no los vas a tener tú, los van a tener tus herederos. Si somos capaces de ponernos en esta situación probablemente veamos las cosas de manera diferente.

Cuando debes pensar en el testamento

No existe una regla mágica que nos diga cuál es el momento adecuado. En general podríamos decir que deberías comenzar a pensar en ello antes del nacimiento de tus hijos, sin duda el momento de ampliar la familia es clave en este asunto.

Pero, para otras personas, el momento puede ser distinto. Puede tener que ver con el deseo de no favorecer a un familiar concreto, o de favorecer a otro. Incluso con el deseo de redirigir sus bienes en una dirección diferente al ámbito familiar aparte de lo estrictamente marcado por la ley.

La necesidad de preservar el futuro de tus hijos es sin duda el punto de inflexión clave para la mayoría de nosotros. Nunca es, en este sentido, demasiado pronto para realizar el testamento.

Debemos recordar que nuestros bienes van a ser distribuidos después de nuestro fallecimiento independientemente de si se ha realizado un testamento o no. Pero, sin un testamento, el asunto se complica y puede llegar a suponer un verdadero problema de maraña legal, en el que acabemos sometiendo a nuestros seres queridos a un proceso complejo y no deseado.

El hecho de que no exista testamento hará que todos los trámites para repartir la herencia sean más costosos, tanto en cuanto a tiempos de espera como a dinero que habrá que desembolsar en abogados.

Cuando hacer el testamento

Del mismo modo que cada vez tenemos más clara la necesidad de ámbitos de protección como los que nos dan los seguros de vida, o los productos de ahorro, debes tener clara la necesidad de proteger a los tuyos más allá del momento de tu muerte. Esto no debe sonar truculento ni asustarte, es una muestra más de previsión que incorporar a tus otras acciones orientadas a defender el patrimonio de tu familia.

Realmente debe ser tú quien decide cuál es el momento adecuado para realizar el testamento. Según los parámetros que ya hemos visto anteriormente el momento de la llegada de tu primer hijo puede ser perfectamente un punto de inflexión en este sentido. Pero, en general, cualquier momento que sientas la necesidad de encarrilar tu herencia de la manera que desees puede ser bueno para hacer o modificar el testamento. Testar es un trámite rápido, sencillo y no excesivamente caro.

En este artículo te contamos todo lo que debes saber sobre tu testamento.

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Por qué los ingenieros deberían estudiar finanzas

Los ingenieros son un perfil profesional que se encuentra muy presente en los estudios complementarios y masters orientados a finanzas. Vamos a tratar de entender por qué los ingenieros deberían estudiar finanzas.

En general podemos afirmar que cursos de administración, mercadotecnia, y economía y finanzas pueden servir para ampliar el conjunto de habilidades de los ingenieros y prepararlos no sólo para afrontar el mercado de empleo, también para los procesos de mejora continua.

Dentro de todo esto hay una gran cantidad de entornos educativos disponibles, y destaca la gran presencia de ingenieros en cursos relacionados con las finanzas. Un buen ejemplo lo tenemos en un reciente curso incorporado por la propia Universidad de Stanford.

Hay que tener en cuenta que la mayoría de ingenieros, por su propia formación, no tienen por qué tener capacitación en la lectura e interpretación de información financiera. Sin embargo, si preguntáramos sobre la importancia del conocimiento de las finanzas en su progresión profesional, la gran mayoría de ingenieros diría que esta importancia es muy elevada.

No se trata sólo de las finanzas cotidianas o los elementos básicos de administración de empresa, sino ser capaces de acceder a herramientas útiles que permitan tomar mejores decisiones comerciales.

El objetivo fundamental, para manejar de manera correcta las finanzas, debería ser obtener una base lo suficientemente sólida en finanzas para realizar una mejor contribución efectiva dentro del negocio propio.

Para ello los ámbitos en los que debería incidir sobre varios e importantes tanto en conjunto, de manera independiente. En primer lugar, lógicamente, ser capaces de interpretar los diferentes estados financieros y cómo éstos incluyen el progreso profesional resultaría el principio de una buena gestión financiera del negocio.

A todo esto seguiría una buena interpretación de cuestiones prácticas como la comprensión y análisis de las cuentas de pérdidas y ganancias y la interpretación correcta no sólo del balance general, sino de los propios estados financieros.

Todo ello debe completarse con la capacidad de extraer datos y tendencias importantes relacionadas con el propio rendimiento del negocio. Se trata de tener habilidades financieras básicas que, dentro del desarrollo profesional, permitan no sólo la comprensión de tu negocio, también obtener una manera de comunicarse más eficaz tanto interna como externamente en el negocio. Un complemento financiero de primera necesidad sin duda.

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Cuánto hay que cotizar para tener la pensión máxima ¿merece la pena?

Nuestra situación laboral cotidiana influye en nuestra futura pensión a través de las cotizaciones. Veamos cuanto deberías cotizar para tener la pensión de jubilación máxima.

La jubilación máxima, marcada para este año 2018 en 2580,13 € brutos mensuales) es un objetivo que todos podemos tener, sin embargo, la manera de obtener esa jubilación puede no estar al alcance de todos los bolsillos.

Cómo cobrar la pensión máxima en el momento de tu jubilación

En primer lugar debes tener claro si tienes derecho o no a recibir una pensión de jubilación. En el marco legal para solicitar una pensión de jubilación debes estar adscrito a la seguridad social y haber cotizado al menos un total de 15 años de vida laboral. De estos 15 años al menos dos años deben haberse cotizado dentro de los últimos 15 años previos a la jubilación.

A lo anterior debes sumar las limitaciones que tu edad supone a la hora de jubilarse, en la actualidad nos encontramos en un período de transición que concluirá en el año 2027 donde habrá que tener 67 años para poder jubilarse. En la anterior normativa la edad era 65.

El porcentaje máximo de la jubilación que nos corresponda se obtiene a partir del número de años cotizados a la hora calcular el dinero de tu pensión. Si hemos cotizado 15 años tenemos derecho a nuestra pensión de jubilación, pero ese derecho nos ofrecerá sólo el 50% de la pensión que nos corresponda. Según aumentamos el número de años cotizados aumenta el porcentaje que alcanza el 100% de la pensión que nos corresponda si hemos cotizado 37 años en el año 2027. También aquí existe un periodo transitorio que se va elevando desde los 35 años exigidos anteriormente hasta los 37 que se exigirán en el futuro.

Cómo influye la base de cotización en el importe máximo de tu pensión

Ya sabemos la manera en la que podemos cobrar el 100% de la pensión de jubilación que nos corresponda, pero, eso no significa que podamos cobrar la pensión máxima de jubilación.

La pensión máxima de jubilación se calcula sobre la base de cotización de periodos concretos. Según la nueva normativa, el periodo se está ampliando desde los 15 años de 2012 hasta los 25 años que se van a requerir en el año 2022, sumando un año extra por cada año que transcurre.

Por tanto a la hora de la jubilación deberás dividir el total de la base de cotización, por ejemplo de los últimos 25 años, entre 350 y de ahí obtendrás la cuantía bruta de tu pensión. Si ésta es igual o superior al máximo estipulado en cada momento podrás pasar a cobrar la pensión de jubilación máxima.

En la actualidad, por ejemplo, para alcanzar esos 2580,13 € brutos, habría que cotizar al año una media de 36.000 €, lo que nos puede dar una cifra orientativa bastante clara sobre el tipo de salario que hay que tener para cobrar la pensión máxima.

¿Merece la pena al autónomo cotizar mucho más para cobrar la pensión máxima?

Lo primero que debemos tener en cuenta es que de manera diferente al régimen general, la base de cotización del autónomo no se determina por sus ingresos. El trabajador autónomo puede elegir la base mínima de cotización aunque este obteniendo un rendimiento superior, incluso por encima de la media de la base máxima de cotización.

En los últimos años lo habitual era que el trabajador autónomo esperará a cumplir 49 años de edad para incrementar su cotización. Esto es así ya que la referencia para la base reguladora de jubilación tomaba los últimos 15 años de cotización. Simplemente, aumentando las cotizaciones a partir de esa edad se podía tener una base superior y una remuneración mayor durante la jubilación.

Tras la reforma la situación ha cambiado:

  • En primer lugar, para el autónomo, la edad para las modificaciones en la base de cotización al libre albedrío pasó de los 49 años a los 46 años, ya que a partir de los 47 se han introducido limitaciones en las bases de cotización máxima. Existen excepciones, como los trabajadores con 47 o más años que provengan del régimen general y que tengan una base superior a la mínima o a los propios límites establecidos por edad en la normativa.
  • Se modifica el criterio para determinar la base reguladora y la edad de jubilación, esta última aumenta progresivamente hasta alcanzar los 67 años y la base reguladora lo hará hasta alcanzar los 25 años cotizados.

De este modo, en el año 2022, se tomarán los últimos 25 años el lugar de los 15 anteriores como referencia para la base reguladora que indicará lo que vas a cobrar en tu jubilación.

¿Cuándo y cuánto debería aumentar la cotización el autónomo?

Teniendo en cuenta lo anterior, el momento idóneo para aumentar la base de cotización sería a los 40 años, o los 41 años como máximo. Esto se razona de manera sencilla si tenemos en cuenta que tu jubilación como autónomo se va a determinar en función de las bases de cotización de los últimos 25 años cotizados.

También habría que tener en cuenta que la base no resulte superior a la pensión máxima de jubilación de ese año en cuantía anual, prorrateadas en 12 mensualidades. Si hicieras lo contrario estarías cotizando y pagando por una cuantía mayor a la que vas a percibir cuando te jubiles.

Ese dinero sobrante se puede destinar perfectamente a productos de ahorro complementarios que van a ser determinantes a la hora de no perder poder adquisitivo al jubilarte.

¿Merece la pena cotizar mucho más para cobrar la pensión máxima en el régimen general?

Para quien tenga un sueldo elevado que coincida con las cotizaciones exigidas, obviamente, si es interesante. Para los demás, lo interesante es plantearse como no perder poder adquisitivo en el momento de la jubilación si nuestra pensión no va a ser la máxima.

La opción de aportar más a las cotizaciones parece menos interesante que la opción de destinar ese dinero a productos de ahorro que puedan ir creciendo a lo largo del tiempo. La cotización no produce ningún tipo de interés ni beneficio más allá de la acumulación, pero, crear una cartera de ahorro a lo largo del tiempo puede ser una herramienta complementaria perfecta a nuestra pensión pública de jubilación.

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Qué necesitas para irte a vivir al extranjero y trabajar menos

Trabajar en el extranjero puede ser una experiencia muy gratificante, sobre todo si podemos trabajar menos sin perder calidad de vida. Veamos algunas claves para poder hacerlo.

Cada vez son más las personas que se plantean trabajar en el extranjero e impulsar sus carreras profesionales de este modo. Sobre todo para las personas jóvenes, la oportunidad de trabajar fuera del nuestro país puede ser muy interesante, aunque requiere una preparación previa concienzuda.

Información profesional sobre los destinos

Dando por hecho que has tienes claras tus competencias profesionales, habilidades lingüísticas y oportunidades laborales antes de tomar la decisión, lo primero que debes hacer es obtener información profesional y legal sobre los destinos posibles.

Desde los permisos de trabajo, hasta las equivalencias en títulos y titulaciones, todos los trámites burocráticos son importantes. La información generalmente se puede encontrar en los propios consulados o embajadas, cuando no en las páginas web institucionales que todos los países poseen a tal efecto.

Información básica sobre los destinos

Dado que estás tratando de buscar un trabajo en el extranjero para trabajar menos y ganar lo mismo o más que lo que puedes obtener en nuestro país. Para ello es básico determinar los salarios medios del destino y contrastarlos con el nivel de vida.

Lo normal es que se dé la equivalencia entre salarios de vida altos y coste de vida elevado. No te resultará difícil hacer una comparativa respecto a lo que puedes obtener aquí. Aunque, como de costumbre, entran en juego muchos factores a tener en cuenta.

Deberás tener en cuenta el coste de la vivienda, el coste del transporte, el coste sanitario si lo hubiera, etcétera. Todo esto son factores que van a influir mucho en el resultado final de tu cuenta de gastos e ingresos.

Si quieres trabajar menos piensa en el tiempo libre

Según las diferentes legislaciones de cada país los trabajadores disponen de más o menos vacaciones, más o menos jornada laboral, más o menos permisos de paternidad o maternidad, etcétera.

Si lo que estás buscando es vivir bien trabajando menos resulta fundamental que conozcas lo más a fondo posible la legislación del país elegido, y, compruebes si esta legislación es favorable para tus objetivos.

Descubre los mecanismos de búsqueda de empleo

Si todo lo anterior resulta positivo para lo que buscas es el momento de comenzar a buscar empleo. Recuerda que no todos los países funcionan del mismo modo en cuanto a oferta laboral. Aunque existen redes de empleo europeas, lo cierto es que resulta mucho más útil empaparse a fondo de las diversas costumbres o mecanismos de empleo del país que hayas elegido.

Es preferible que trates de encontrar trabajo por tu cuenta, pero, obviamente las agencias de selección de personal son una opción válida. En cualquier caso resulta conveniente aprender todo lo que puedas sobre el diseño, contenido y datos que habitualmente se requieren en los currículos de ese país concreto. Ten en cuenta que no todos los países utilizan los mismos modelos de currículum. Esto lo puedes solucionar fácilmente ya que la información es muy accesible en Internet.

Tener un plan alternativo es buena idea

Hacer acrobacias sin red puede salir bien pero también puede salir mal. No tener un plan alternativo en caso de lanzarse al mercado laboral en el extranjero puede resultar peligroso. Generalmente no es recomendable acudir a un país sin tener una oferta de trabajo o perspectivas reales de tenerla. En caso de encontrarse en esta situación el plan alternativo es fundamental y básicamente se reduce a saber cuánto dinero ahorrado tienes para mantenerte en ese país sin trabajar.

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