Cuánto pierdes por cada año que esperas para empezar a invertir

La diferencia entre comenzar a invertir con más o menos edad puede hacer que perdamos dinero. Veamos los motivos.

Pocos dudamos ya de la necesidad de invertir para nuestra futura jubilación. Pero, no siempre tenemos tan cuándo empezar a hacerlo. De hecho, la elección del momento en el que comencemos a invertir va a tener una gran importancia en el resultado final de nuestro ahorro.

Y hay más,  cada año que retrasamos el comienzo de nuestras aportaciones para la jubilación podemos estar perdiendo dinero y alejándonos de nuestro retiro dorado..

Por qué pierdes dinero si empiezas a invertir  tarde

Hay varias cuestiones que influyen en este resultado negativo para tu bolsillo, algunas son a largo plazo pero otras son inmediatas.

A largo plazo, cuanto antes comencemos a acumular capital mayor será este en el momento de su rescate. Por ejemplo, si comenzamos a aportar 100 € para nuestra jubilación con 35 años llevaremos una década de ventaja en capital aportado a quien lo comienza a hacer con 45 años.

Las aportaciones son básicas y una década de más aportando supone una diferencia notable, pero, también tenemos que tener en cuenta el cálculo del interés compuesto. La rentabilidad que periódicamente se suma a nuestra inversión sigue trabajando para generar más rendimiento. Esto significa que el crecimiento de nuestro dinero no es lineal sino que va creciendo más cuanto más tiempo lo mantenemos invertido. Por tanto, a la década de ventaja en aportaciones, debemos sumar también una década de ventaja en cuanto a intereses recibidos, con lo que la diferencia se acrecienta.

Otra cuestión muy importante que debemos tener en cuenta es el ahorro fiscal que podemos obtener en productos como los planes de pensiones. El total de lo que aportemos a los planes de pensiones, con los límites establecidos por la ley, es deducible en el IRPF. De esta manera al presentar la declaración de la renta vamos a poder beneficiarnos de un ahorro que puede llegar hasta el 45% de nuestros impuestos, en función de lo que aportamos al plan de pensiones y de nuestros ingresos anuales.

El efecto a largo plazo de empezar tarde a ahorrar

A largo plazo es cuando más vamos a notar lo que hemos perdido por cada año que hemos retrasado comenzar a invertir.

En primer lugar porque para configurar un capital suficiente para complementar los ingresos en la jubilación vamos a tener que realizar un esfuerzo mayor en las aportaciones.

En segundo lugar, este esfuerzo mayor no se traduce necesariamente en igualar lo que podríamos haber obtenido ahorrando antes. No sólo perdemos las aportaciones no realizadas, también el interés compuesto correspondiente. Esto hace que una aportación más baja pero realizada antes pueda obtener mayor rendimiento que otra aportación superior pero con menos tiempo para dejar trabajar la rentabilidad.

No hay que olvidar, por último, la importancia del tiempo a la hora de ajustar la forma en la que invertimos. Si comenzamos pronto a invertir y tenemos mucho tiempo por delante, podemos asumir inversiones más agresivas que busquen mayor rentabilidad, e ir ajustando con el tiempo el riesgo. Sin embargo, cuanto más cerca estemos de la jubilación, menos riesgo debemos correr y por tanto menos rentabilidad se nos ofrecerá por nuestro dinero.

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Cómo funcionan las carteras perfiladas de productos de inversión

Las carteras perfiladas de productos de inversión tratan de ajustarse a nuestros perfiles de riesgo al invertir. Vamos a conocer sus secretos.

No es difícil explicar qué es una cartera perfilada de productos de inversión: se trata de una cartera de inversión que ajusta los productos al perfil de riesgo del cliente, haciendo de esta manera que la cartera resulte más adecuada para quien contrata los productos.

Qué son las carteras de inversión perfiladas

Las carteras perfiladas se basan en nuestro perfil de inversor, el riesgo que queremos asumir con nuestro dinero al invertir. Lo más común es que encontremos carteras perfiladas para  perfiles muy generales, moderado, medio y arriesgado

En ocasiones el perfil moderado puede tener por delante otro más conservador y que podemos encontrar entre los perfiles de riesgo medio y los dinámicos como un perfil mixto que puede ser más conservador o medio.

El funcionamiento de estas carteras parte de estrategias de inversión que responden directamente al tipo de perfil que les corresponde. De esta manera, quien invierte por ejemplo en un perfil moderado, sabe que se está colocando su dinero de manera que la inversión responda a su capacidad de asumir el riesgo.

Como clientes, al elegir carteras de inversión de productos perfilados, no deberemos prestar atención constante al producto ya que este se desenvuelve según la política de inversión determinada y supeditada al riesgo. De esta manera nunca asumiremos más riesgo del que nuestro perfil recomienda.

Ventajas y desventajas de las carteras de productos perfilados

Las principales ventajas de las carteras perfiladas de productos de inversión son que se trata de productos ajustados a la capacidad de riesgo del inversor, cómodos y que proporcionan un modelo de inversión tranquilo al que no prestar excesiva atención.

En general este tipo de carteras favorecen la gestión, resultan cómodas y sobre todo ahorran mucho tiempo y dedicación a la elección de activos.

Alas ventajas hay que añadir algunas desventajas que hacen que estas carteras no sean adecuadas para todos los inversores.

En primer lugar hay que tener en cuenta que esa comodidad en la que no debemos tomar decisiones financieras sobre la inversión, ya que estas quedan relegadas a los gestores de los productos, hace que nunca opinemos a la hora de elegir dónde se invierte nuestro dinero. Es decir, ante una operación de venta de activos no sabemos cómo se ha producido, simplemente veremos el rendimiento global de la operativa pero no los cambios de posiciones en la cartera.

Del mismo modo, cuando en  la composición de nuestra cartera haya algún producto que no nos guste no hay nada que podamos hacer para modificarlo, algo que también ocurrirá en el caso de inversión en regiones que no nos acaban de convencer. No podemos participar en las modificaciones.

Por otro lado las comisiones en las carteras de productos perfilados presentan un coste a considerar. Siguiendo el ejemplo de los fondos de inversión al tratarse de fondos de gestión activa pueden añadirse comisión sobre comisión, por ejemplo, añadiendo una comisión de gestión global sobre la gestión concreta que cada fondo posee.

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El paso más importante para ahorrar en energía en el hogar: ¿sabes qué potencia contratada necesitas?

La mejor manera para empezar a ahorrar electricidad es saber la potencia contratada y comprobar si puedes reducir el tramo a uno de menor potencia.

Hay que tener en cuenta que cada vivienda representa unas necesidades energéticas distintas. El consumo eléctrico depende de muchos factores, desde el uso de los electrodomésticos y el tipo de estos, hasta el número de personas que viven en la casa, la manera en la que utilizamos los dispositivos…

El cálculo de la necesidad real de consumo eléctrico es importante ya que determina la potencia que necesitamos contratar. Antes de analizar nuestra necesidad de consumo, si nunca lo hemos hecho, debemos tener en cuenta algo tan simple como si en nuestra casa salta el diferencial automático con cierta facilidad cuando tenemos varios aparatos eléctricos en marcha. Si esto no ocurre es que aún tenemos margen de bajar la potencia y contratar menos potencia de la que tenemos. Reducir el tramo de potencia puede ser uno de esos pequeños gestos para ahorrar en casa que al final se traducen en un buen ahorro.

Cuál es la potencia recomendable para tu hogar

Para comenzar a calcular lo ideal es sumar la potencia en kilovatios de todos los electrodomésticos (de todos los de mayor consumo) de tu casa. A esto se le suele sumar un añadido por el consumo de iluminación y de los electrodomésticos de menor consumo, con añadir 1 kW es suficiente.

El valor resultante en kilovatios sería el equivalente al consumo con todos los dispositivos en marcha a la vez, algo que es muy difícil que ocurra. Para tener en cuenta lo anterior se utiliza el factor de simultaneidad, que consiste en dividir  entre tres el resultado que hemos obtenido. Este resultado no puede ser nunca inferior al consumo del electrodoméstico de mayor consumo en el hogar, ya que, obviamente, de ser así y contratar la potencia equivalente este electrodoméstico no funcionaría.

Las compañías eléctricas tienen que facilitarte el cambio de potencia de un tramo a otro, pero, recuerda que pueden ponerte pegas si pretendes hacer este cambio más de una vez en el mismo año.

No resulta aconsejable dar saltos de dos tramos o más la primera vez que reducimos potencia. Es mucho mejor reducir un tramo, comprobar durante al menos un año que no tenemos problemas de consumo, que no salta el diferencial, y entonces plantearse otra reducción de tramo.

Puedes trasladar a esta tabla el consumo de tus electrodoméstico, lo vas a encontrar habitualmente en vatios así que ten en cuenta que 1000 W equivalen a 1 kW. Es decir, si tu frigorífico consume 350 W el equivalente será 0,350 kW. En cualquier caso, hay que recordar que a mayor nivel de eficiencia menor nivel de consumo, y, generalmente los electrodomésticos antiguos poseen niveles de consumo elevados que incluso pueden rebasar estos promedios.

Electrodoméstico Potencia
Frigorífico Entre 0,250 y 0,350 KW
Microondas Entre 0,900 y 1,500 KW
Lavadora Entre 1,500 y 2,200 KW
Lavavajillas Entre 1,500 y 2,200 KW
Horno Entre 1,200 y 2,200 KW
Vitrocerámica Entre 0,900 y 2,000 KW)
Televisor Entre 0,150 y  0,400 KW
Aire acondicionado Entre 0,900 y 2,000 KW
Calefacción eléctrica Entre 1,000 y 2,500 KW
Calefacción eléctrica de bajo consumo Entre 0,400 y 0,800 KW

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Puntos ciegos de todo inversor que pueden hacerte perder

Si queremos rentabilizar nuestro dinero hay muchas cosas importantes a tener en cuenta, los puntos ciegos en la inversión entre ellas.

Los puntos ciegos en la inversión son esas situaciones en las que tomamos malas decisiones y cometemos errores al invertir nuestro dinero. Estas malas decisiones casi siempre son poco rentables y pueden llegar a ser irreversibles. La mayoría de veces estos fallos son el resultado de actuar de una manera impulsiva y poco meditada de manejar la inversión. La buena noticia es que podemos corregirlos pero para ello es necesario conocer estos errores con más profundidad.

Éstos son los puntos ciegos que pueden hacer que nuestra inversión sea un fracaso.

Dar demasiada importancia a la actualidad

Basar nuestras decisiones a la hora de invertir exclusivamente en las noticias o los eventos de actualidad puede ser un error grave. Aunque es normal que tendamos a recordar lo más cercano en el tiempo, si queremos huir de este punto ciego en la inversión hay que poner en valor también los análisis históricos de las inversiones.

Esto puede sonar más complejo de lo que realmente es: significa que no prestemos atención solamente a los resultados inmediatos o el rendimiento más cercano de un valor de bolsa, por ejeplo. También es necesario mirar cómo lo ha hecho en el tiempo y qué podemos a medio y largo plazo que generan. A todo ello podremos acceder casi siempre desde la propia información de los productos financieros.

Entrar en pánico con las malas noticias

Este es uno de los puntos ciegos más habituales al invertir y también de los más destructivos. Ocurre cuando ante una mala noticia relacionada con nuestra inversión nos invade el miedo y tomamos decisiones sin meditar, basadas sólo en el miedo generado por la noticia. Se trata de miedo a perder dinero, algo que nos asusta a todos. En este sentido, nuestra personalidad también influirá en cómo reaccionamos ante una mala noticia.

No hay una sola manera de controlar el pánico cuando estamos perdiendo dinero. Lo que sí debemos tener siempre claro es que los sentimientos extremos no son buenos consejeros. Ante una situación como ésta hay que tratar de mantener la calma y reflexionar usando otros elementos y opiniones y nunca en solitario. Comprobar cómo responden los inversores expertos o lo que aconsejan los analistas puede ser una buena manera de no entrar en pánico.

Crear una visión irreal a tu medida de la inversión

Este es un punto ciego realmente grave porque además no solemos ser conscientes de que lo hacemos. Podríamos casi definirlo como un exceso de confianza. Ocurre cuando nuestras decisiones se basan en lo emocional o en presentimientos, corazonadas, etcétera.

Cuando esto ocurre no sólo podemos equivocarnos en la inversión, también podemos aferrarnos a una idea errónea sólo por el vínculo emocional que creamos al confiar en ella. Es decir, podemos incluso no hacer caso a las señales más evidentes de retirada en una mala inversión.

La mejor herramienta a utilizar en este caso es el sentido común. Huir de presentimientos o sensaciones y guiarnos por realidad y consejo profesional.

En definitiva la decisión adecuada para evitar los puntos ciegos en nuestras inversiones pasa por configurar un plan de gestión para nuestro dinero, realista, bien fundamentado en lo que somos como inversores y bien contrastado, mejor si es con profesionales.

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Los ingresos y no la edad, deberían determinar cuándo te jubilas

Existe una edad legal en la que jubilarnos, pero los ingresos también pueden determinar el momento de la jubilación y si ésta puede ser anticipada.

Del mismo modo que existe una edad legal en la que jubilarse, e incluso, en la que jubilarse anticipadamente, existen indicadores económicos en nuestras finanzas personales que nos hacen saber que estamos preparados para la jubilación. En otras palabras, que dependiendo cuáles sean nuestros ingresos al retirarnos podremos hacerlo antes o después.

En general pensamos demasiado en la edad de jubilación y no tanto en las condiciones de nuestras finanzas a la hora de jubilarnos. Esto puede ser un error, ya que, incluso podríamos retirarnos antes si resulta viable económicamente.

Para jubilarnos de forma anticipada necesitamos estudiar a fondo nuestra  economía personal. Lo que nos va a ofrecer la garantía de una jubilación satisfactoria en lo económico es la seguridad en nuestros ingresos. En el momento en el que estamos seguros de tener suficiente dinero como para no perder poder adquisitivo el resto de nuestra vida, ya estamos en disposición de retirarnos. Si no estamos seguros de esto, no deberíamos perder la cabeza por jubilarnos anticipadamente. Es más deberíamos evitarlo a toda costa.

Enfocar bien nuestros recursos económicos para el futuro

Dejar de trabajar sin un plan de jubilación que garantice que no perderemos poder adquisitivo no es una buena opción nunca.

Sin embargo, solemos enfocar el ahorro para la jubilación como una acción sistemática de aportaciones a uno o varios productos financieros y ya está. Esto no es una buena gestión por sí misma, es sólo parte de un proceso en el que debemos modificar nuestra mentalidad y manera de entender la administración del dinero cuando ya no tengamos ingresos derivados del trabajo.

Dicho de otro modo, da igual la edad a la que nos retiremos e incluso da igual la cantidad de dinero que tengamos disponible en el momento de la jubilación, si no existe un plan de gestión sobre ese dinero el momento es indiferente. Sin embargo, teniendo claro ese plan de gestión podemos perfectamente planificar nuestra jubilación de antemano.

Tener en cuenta mucho más que el ahorro

En primer lugar debemos determinar nuestras fuentes de ingresos. Por un lado, aquellas fuentes de ingresos que se van a eliminar tras la jubilación, derivadas del trabajo, y por otro, aquellas nuevas fuentes que se abrirán: la pensión de jubilación, los beneficios obtenidos del ahorro y la inversión y otras variables (sí, el dinero del plan de pensiones, por ejemplo).

Realizar esta operación nos va a dar un panorama de ingresos realista que siempre debe partir del cálculo de la pensión que nos va a quedar más el ahorro que hayamos realizado.

Con estos datos debemos crear un presupuesto para nuestra jubilación lo más realista posible. Esto pasa por no asumir que vamos a gastar menos de lo que gastamos  antes de jubilarnos. De hecho, en realidad, muchas personas gastan en los primeros años de jubilación tanto o más dinero que cuando trabajaban. El motivo es que tienen más tiempo libre y, como es lógico, asocian ocio a gastar dinero.

Para evitarlo, este nuevo presupuesto debe incluir las mismas categorías que deberías tener incluidas en tu presupuesto actual: pagos de viviendas y vehículos si aún los tenemos o si los vamos a tener, alimentación, transporte, atención médica, gastos corrientes.

Una vez determinado lo anterior, hay que incluir un apartado amplio relacionado con el ocio, teniendo en cuenta la disponibilidad de tiempo que vamos a tener. Por último, en el aspecto de los gastos de salud y cuidados hay que tener en cuenta el aumento de estos a medida que el envejecimiento avance.

Si somos capaces de presupuestar nuestro flujo de ingresos junto a unos gastos realistas y el resultado es que tenemos dinero más que suficiente para cubrir dichos gastos, es posible plantearse una jubilación anticipada y retirarse antes del tiempo. En caso contrario, lo ideal es tratar de descubrir cómo potenciar nuestro ahorro para cubrir la cantidad que nos falte, fundamentalmente a través de las herramientas de ahorro e inversión.

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Cosas que todas las personas de cuarenta y tantos deben saber sobre el dinero

A partir de los 40 años los desafíos financieros son muy diferentes a los que hayas tenido anteriormente. Vamos a descubrir cosas que tienes que saber sobre el dinero a partir de los 40 años.

A partir de los 40 años, generalmente solemos pensar en un manejo de la economía personal más relajado, y, el principio de la preparación hacia la jubilación. Sin embargo, aún hay muchas cosas que podemos y debemos tener en cuenta sobre nuestro dinero, y, lejos de relajarnos tal vez deberíamos volvernos un poco más activos.

Vamos a descubrir un buen número de cosas sobre el dinero que debes tener en cuenta a partir de los 40 años.

Deja de procrastinar

Hay que dejar de dilatar las decisiones, retrasar las tomas de decisiones económicas es una pésima idea a cualquier edad, pero lo es más en un momento en el que deberías tener ya una comprensión fuerte de tu situación financiera y, obrar en consecuencia.

No prestes dinero y si lo haces con seguridad

Sobre el papel estamos en un momento de la vida en el que comenzamos a consolidar el esfuerzo. Los préstamos entre particulares a esta edad son un riesgo muy grande ya que ponen en peligro el patrimonio neto, más aún, ponen en peligro el comienzo de la consolidación del ahorro para la jubilación. Si vas a prestar dinero a un familiar o amigo en cualquier caso siempre debes hacerlo en condiciones de seguridad, con la firma de un contrato particular que es perfectamente legal y al menos te ofrece ciertas garantías a la hora de reclamar un impago.

Comienza a bajar el riesgo en tus inversiones

En un momento en el que teóricamente deben comenzar a equilibrarse nuestras inversiones, y en general nuestra economía doméstica, podemos tener la tentación de apostar duro por las inversiones más agresivas buscando mayores niveles de rentabilidad.

Esto puede ser un error garrafal. Resulta mucho más interesante, sobre todo si hemos tenido una trayectoria constante y eficaz, mantener el rumbo en lugar de buscar grandes negocios en la inversión o el ahorro que puedan trastocar todo lo conseguido hasta ahora.

Adelanta alguno de tus objetivos futuros

Muchas veces posponemos algunos objetivos vitales al momento de la jubilación. Por ejemplo realizar un buen viaje, adquirir una segunda vivienda, o simplemente disfrutar de vacaciones más largas.

Para todo ello a partir de los 40 años puede ser un momento tan adecuado o mejor incluso que el de la jubilación. Piensa por ejemplo en ese largo viaje que planeabas realizar cuando te jubiles, resulta que ahora es más joven, económicamente no vas a estar en peor situación, y no hay garantías de que en el futuro tu estatus mejore ni en lo físico ni en lo económico para disfrutar más de ese viaje. Esto lo puedes aplicar a muchos objetivos a medio y largo plazo, comenzar a disfrutar de lo conseguido también es una buena idea.

No pierdas tus objetivos financieros

Un error muy común cuando nlos asentados económicamente es perder de vista o relajar nuestros objetivos financieros.

Puedes pensar que no hay situaciones objetivas de pánico en lo económico a partir de los 40 pero esto no es así en absoluto. En primer lugar cada vez vas a ver más acerca la jubilación, en segundo lugar surgirán nuevos gastos antes no contemplados, por ejemplo, los estudios superiores de tus hijos, o cada vez mayor inversión en salud y bienestar.

Es muy importante no perder de vista los objetivos financieros y tener un plan concreto de respuesta a todas las posibles contingencias, y por supuesto, para el ahorro orientado a la jubilación.

Consolida la deuda de tu tarjeta de crédito o págala

Las tarjetas de crédito son un elemento que nos acompaña a lo largo de toda la vida como instrumento no tan bien utilizado en las finanzas personales. Es muy probable que a lo largo del tiempo hayas ido generando una constante de crédito y deuda en tu tarjeta que se va acumulando con el paso del tiempo, y a la que ya consideras como algo natural.

A partir de los 40 debes procurar pagar la deuda o consolidarla. Es el momento adecuado para dejar de utilizar de manera masiva el crédito de las tarjetas y aprovechar otras opciones financieras, por supuesto pasando por la amortización de deuda y eliminando en la medida de lo posible intereses y comisiones.

No adelantes acontecimientos primero consolida tu economía

Una vez nos vemos relativamente cerca del fin de la hipoteca, posiblemente en un periodo de estabilidad económica más o menos constante, podemos tener la tentación de apostar por acciones orientadas al beneficio de nuestra familia sin reflexionar mucho.

Por ejemplo, generar cuentas de ahorro para nuestros hijos mayores, o realizar aportaciones sistemáticas para cubrir posibles futuros gastos de nuestra familia. Esto en sí mismo no es un error por supuesto, pero si lo puede llegar a ser cuando la consolidación de nuestra economía doméstica no es del todo real. La ayuda económica a los hijos puede ser importante, pero en absoluto es la única ayuda que les podemos proporcionar cara a sus estudios o desarrollo profesional futuro.

Por otro lado, la consolidación de tu patrimonio es una parte importante de la futura transmisión patrimonial que vas a realizar. Este es un equilibrio complejo pero que deberías siempre tener en cuenta.

Consolida tu perfil crediticio

El perfil crediticio es importante durante toda tu vida realmente, pero, parece que le prestamos más atención en los primeros años de desempeño profesional, cuando aún debemos justificar que somos solventes ante el crédito. Después, podemos poner esto en piloto automático y conformarnos con un perfil crediticio automatizado y que siempre será el mismo. Sin embargo, la calificación crediticia va a ser importante a los 40, a los 50,  o a los 60. En ningún momento estamos libres de necesitar acudir a la financiación bancaria y por tanto, una mejora nuestro perfil crediticio puede aumentar mucho no sólo los niveles de crédito sino las propias condiciones a las que acceder a él.

Una buena puntuación crediticia tiene que ver con la ausencia de deudas, con la solvencia demostrable, con las garantías añadidas y por supuesto con la puntualidad en la liquidación de anteriores operaciones financieras. Mejorar todo esto a partir de la amortización de deuda y el control de las operaciones de financiación es básico a partir de los 40.

Habla a tus hijos sobre el dinero y su importancia

Los debates sobre el valor del dinero en el hogar son escasos y se orientan casi siempre a tratar de imponer un ejemplo propio como base de la enseñanza. Sin embargo, una buena educación financiera de nuestros hijos, teniendo cuenta que esto no se ofrece en la educación escolar, no sólo sería de ayuda para ellos en el futuro, sino también para un mayor control de las finanzas personales.

Un niño educado en la responsabilidad financiera entenderá mucho mejor la relación entre el esfuerzo, el ingreso y el gasto. Además, valorara mucho más lo que posee y probablemente tenga mucha mayor predisposición a ser autosuficiente en lo económico, ahorrador y consecuente con una política económica familiar adecuada.

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Hacemos números: ¿Cuánto capital debes contratar para tu seguro de vida?

Un seguro de vida es una herramienta que sirve para darnos tranquilidad y nada mejor para lograr que saber acercar con el capital contratado que hemos asegurado.

Contratar un seguro de vida no debería ser igual que comprar un cartón de leche en el supermercado. Si te equivocas con la marca de la leche lo peor que puede pasar es que tengas que tomar una leche que no te gusta durante un tiempo o directamente comprar otra. Con un seguro de vida si te equivocas eligiendo puedes no conseguir la protección que te proponías para ti y los tuyos.

La clave al elegir el seguro de vida está en la cantidad de la indemnización. En otras palabras, cuánto capital hay que contratar con el seguro de vida. Y es que esa es la cifra clave de estas pólizas, el dinero que recibirán nuestros seres queridos en caso de fallecimiento y nosotros si incluimos la cobertura por invalidez (muy recomendable pese a que aumentará ligeramente la prima).

Imagina que contratas tu seguro de vida por 50.000 euros cuando tú y tu familia estáis ingresando 40.000 euros cada año y los gastos fijos son ya de 30.000 euros. Estarías dando un año de margen para que tu pareja doble sus ingresos o en casa empezará a escasear el dinero. El ejemplo puede ser extremo, pero demuestra la importancia de saber qué capital incluir en el seguro de vida.

Si estás pensando que, en ese caso, cuanto más mejor, recuerda que el coste del seguro está directamente relacionado con el dinero de la indemnización. Cuanto más capital, más coste tendrá la prima. Además, también deberás superar más pruebas médicas para que te aseguren.

Cuánto dinero contratar en el seguro de vida

La recomendación más extendida pasa por proteger a la familia  con un seguro que cubra entre tres y cinco veces los ingresos de la unidad familiar. Estamos hablando de ingresos, no de gastos.

El motivo es que muchos de los gastos de la familia seguirán siendo los mismos pese a que falte uno de los miembros y por eso ofrecer tres años de margen como poco parece lo más razonable. Ajustar la indemnización a los ingresos y no a los gastos permite dar un margen de seguridad adicional y de tranquilidad. Así nos aseguramos de que la familia no tendrá que cambiar su estilo de vida en términos de gasto de forma inmediata si faltamos,

Más allá de la recomendación general hay recomendaciones específicas para determinados casos. Por ejemplo, las familias hipotecadas deberían, además, sumar un seguro que liquide el total de la hipoteca en caso de que uno falte. Lo más habitual al contratar el seguro de vida ligado a la hipoteca es que cada cónyuge cubra el 50% del préstamo. En caso de fallecimiento, esto obligará a negociar con el banco las cuotas para reducir su coste, pero seguirán estando ahí.

Del mismo modo, si los ingresos no están repartíos de forma equitativa, también habrá que tenerlo en cuenta. En estos casos no tendría mucho sentido que los dos miembros contratasen el mismo capital si uno gana mucho más que otro. La razón es que si fallece la persona que más ingresos aporta, el impacto será mayor y, por lo tanto, también tendría que serlo la protección. Contratar un seguro conjunto para las dos personas puede ser una solución para no tener que hacer números y contar con dos pólizas diferentes.

Por último, quienes tienen niños deberán tener en cuenta gastos futuros como la universidad. Si nuestros hijos están en edad escolar y queremos que cursen estudios superiores, hay que pensar en cubrirlos. Y es que en este caso, los gastos actuales no tendrán nada que ver con los futuros. En uno de los primeros capítulos de Breaking Bad, Walter White nos da una lección en menos de dos minutos sobre cómo proyectar los gastos de una unidad familiar a largo plazo:

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A partir de qué edad te puedes jubilar y cuánto necesitarás para lograrlo

La manera de jubilarse antes es acceder a la jubilación anticipada. Veamos a partir de qué edad te puedes jubilar y lo que necesitas para lograrlo.

Los últimos cambios en el sistema de pensiones supusieron una modificación importante en el apartado de la edad de jubilación y el cálculo de pensiones. Si tomamos el ejemplo de quienes se jubilaron el pasado año 2016 veremos que para estos la edad de jubilación era 65 años y cuatro meses. Si nos adelantamos en el tiempo veremos como en la progresión de la modificación de este requisito, en el año 2027 para jubilarte tendrás que tener 67 años.

Tanto en el futuro como ahora existe la opción de jubilarte antes, pero para ello debes acceder a la jubilación anticipada, que , como verás, también ha modificado con esta reforma buena parte de sus condiciones.

La jubilación anticipada

Hasta el año 2013 quienes querían jubilarse de manera anticipada y voluntaria podían solicitar la jubilación a partir de los 61 años. Con la modificación de la edad ordinaria para jubilarse, también la jubilación anticipada se ve afectada y aumenta el límite de edad para acogerse a ella. De manera general no se podrá acceder a la jubilación anticipada antes de los 63 años y cuatro meses con el requisito de haber cotizado un mínimo de 35 años y que, de estos, dos se encuentran entre los 15 últimos años previos a la solicitud de jubilación.

Cuánto necesitas para jubilarte

Tratar de calcular cuánto dinero necesitas para jubilarte es equivalente a tratar de no perder el poder adquisitivo que has mantenido durante tu etapa laboral, incluso, si es posible, superar dicho nivel económico.

Para ello necesitaríamos realizar dos pasos que van a ser más o menos complejos dependiendo de lo claras que tengamos nuestras finanzas personales. Para aquellas personas acostumbradas a controlar su economía, que poseen un buen conocimiento de sus gastos e ingresos, que controlan sus productos financieros y que también conocen sus cotizaciones a la seguridad social, va a ser relativamente fácil. Para aquellos que no dominan ninguno de esos aspectos la primera recomendación es precisamente tratar de ponerse al día en todos ellos.

Estimación  de gastos e ingresos

Este es el primer paso que debe dar. Se trata de realizar una estimación de o que vas a necesitar. Empezaremos en primer lugar por los ingresos futuros. Para ello deberías calcular la pensión pública que te va a quedar tras la jubilación, así como otros ingresos que pudieran derivarse, de tu patrimonio, por ejemplo el alquiler de una vivienda.

Calcular la futura pensión pública no es una tarea sencilla, sobre todo para quienes tienen lejos aún la jubilación, ya que es más que probable que en un futuro no muy lejano se ajuste mucho más aún de lo que ya está. Si te cuesta dar con el cálculo exacto o no quieres invertir mucho tiempo en ello, piensa que difícilmente va a superar el 50% o el 60% de tu salario actual. Es mejor ponerse en un plano pesimista que quedamos cortos a la hora de calcular los ingresos complementarios.

Una vez tengas determinados estos ingresos debes realizar un cálculo de los gastos futuros. En el cálculo de gastos debes tener en cuenta las posibles amortizaciones que ya hayas realizado, por ejemplo la hipoteca, pero también la aparición de gastos nuevos. Un error muy común es no pensar en que se van a abrir nuevos caminos de gasto, por ejemplo, viajes, mayor inversión en salud, etcétera.

Cruzar los datos de ingresos futuros y previsión de gastos nos va a dar la cifra estimada anual que debemos complementar.

Busca herramientas para obtener el capital que necesitas

Si del resultado de gastos e ingresos resulta que no necesitas capital adicional, enhorabuena, eres un auténtico privilegiado. Sin embargo, para la gran mayoría será necesario contar con un capital adicional para poder mantener la calidad de vida y el poder adquisitivo.

Obviamente esto se obtiene a través de herramientas de ahorro que nos permitan ir consolidando un capital a lo largo del tiempo, capital que posteriormente utilizaremos como el complemento que necesitamos.

Generalmente es buena idea para calcular el dinero que tenemos que ahorrar, tomar el mismo porcentaje de gastos e ingresos que tenemos en la etapa laboral. Es durante la etapa laboral cuando hay que ahorrar, por tanto este cálculo es necesario. Si hemos determinado, por ejemplo, que necesitamos cubrir 4000 € anuales como capital adicional, y sumamos un periodo de tiempo determinado para percibirlos (recuerda que la esperanza de vida hoy en día es muy superior a la hace tan sólo una década) ya nos ponemos en situación de buscar los productos de ahorro necesarios.

En este cálculo no debes olvidar sumar a la rentabilidad que se proponga la pelea constante contra la inflación. La inflación hace que año tras año tus productos de ahorro tengan que luchar contra la subida de precios. Desde los seguros de ahorro hasta los planes de pensiones o fondos de inversión la cantidad de herramientas a tu disposición son muchas. Se trata de encontrar aquellas con las que te sientas más cómodo y respondan mejor a tus cálculos.

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Cómo tu comportamiento general afecta también a tus decisiones financieras

Entre las últimas tendencias en economía figuran las finanzas del comportamiento. En otras palabras, cómo nuestra forma de actuar afecta a nuestra economía.

Vez unos pantalones en descuento pero no son de tu talla, sino de una más pequeña. Normalmente no los comprarías, pero como quieres adelgazar te animas porque así estarás más motivado. Un año después esos pantalones están en el fondo del armario porque siguen sin caberte. Seguro que la escena te resulta familiar y si no son pantalones será la cuota del gimnasio o el coche con todos los extras que si necesitas.

El culpable de este tipo de decisiones es tu cerebro y su forma de pensar. Y es que en la mayoría de los casos tenderá a ponerse en la mayor de las situaciones y sobreestimar tus posibilidades: si vas a comprar un coche, ya que sea con lo último por “un poco más”, los pantalones están tan rebajados que es una oferta que no se puede dejar pasar y así sucesivamente. En otras palabras, en lugar de analizar la situación bajo un prisma lógico, estudiando las ventajas y desventajas de la compra y su idoneidad, actuará de forma impulsiva.

Las tiendas lo saben y por eso ponen música animada en las tiendas, ponen a la vista los productos que quieren que compras y usan un sinfín de técnicas para estimular la parte irracional de nuestro cerebro que nos llevará a consumir más (lo que se conoce como slow brain).

Aprender a lidiar con esta irracionalidad es clave para hacer compras más reflexivas que realmente se adapten a nuestras necesidades. Entre los trucos más útiles para lograrlo está la regla de los dos días (esperar dos días y si pasado ese tiempo todavía lo quieres de verdad, cómpralo), la de la comparación (comprara por lo menos una vez antes de comprar) o la de los 100 euros (nunca compres algo de más de 100 euros sin dejar pasar 24 horas desde que lo ves), por poner tres ejemplos.

Al final se trata de formas de frenar nuestro cerebro rápido y su optimismo natural. En esta línea, también es muy útil pararte a pensar en tus objetivos a largo plazo, en lo que de verdad quieres conseguir con tu dinero. Y si todo esto falla, siempre está la opción de automatizar nuestras finanzas para ahorrar de forma automática.:

Tu personalidad también influye

Más allá de este tipo de trazas generales, tu forma de ser también te hará más o menos propenso a cometer errores financieros. Una investigación llevada a cabo en México, descubrió que las personas más abiertas a nuevas experiencias son más previsoras y manejan mejor sus finanzas, como las que son más conscientes. Por el contrario, las personas introvertidas tenderán a gastar de manera más impulsiva.

Un estudio de la Universidad de Sheffield relacionó comportamientos financieros con las denominadas “Cinco grandes trazos de personalidad” A saber: abierta a nuevas experiencias, neurótica, extrovertida, agradable y consciente.

Las primeras tienen un carácter innovador y buenas habilidades financieras, así como capacidad de previsión y planificación. El lado negativo es que tenderán a tomar decisiones de inversión más arriesgadas.

Por su parte, las personas neuróticas se manejan mal en situaciones de estés, lo que les lleva a ser más impulsivos y consumistas. Mientras, las personas extrovertidas son individuos asertivos y ambiciosos, que tiene poca paciencia y dificultad para planear a largo plazo. Esto hace que cedan más fácilmente a los impulsos del consumo y que no analicen debidamente sus opciones.

Las personas agradables suelen ser algo más reflexivas, pero también tienden a tomar peores decisiones en cuanto a su asesoramiento financiero, en tanto que las conscientes son las más analíticas, las que mejor planifican y las menos impulsivas. De forma resumida, son las que mayores habilidades poseen porque son capaces de orientar sus esfuerzos al logro de metas, que es de lo que al final trata toda la planificación financiera.

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El kit de la madurez financiera

Mejorar nuestras finanzas suele ser uno de esos objetivos que nos marcamos tras el verano o en año nuevo.  Lo puedes lograr aplicando estos consejos.

Volvemos de vacaciones y miramos nuestra cuenta de ahorros con miedo. Sin embargo, tenemos formas o métodos de mejorar nuestras finanzas, de buscar formas de ahorrar y organizar mejor nuestra economía. Uno de ellas es la que sugiere Emily Guy Birken en la web www.wisebread.com en su artículo: ¿Líos de dinero? Prueba este kit de inicio de finanzas personales

El primer paso según la autora del artículo es crear una cuenta de ahorros, ya que es más fácil guardar dinero en un lugar diferente de los cheques. Además, puede servir como un fondo para situaciones de emergencia que todos podemos sufrir en cualquier momento y, de esta manera, no se ve afectado su gasto habitual. Puede ser interesante no tenerla en el mismo banco en el que tenga los cheques, de esta manera pone otra barrera para evitar gastar. El secreto para nutrir esta cuenta de ahorro es establecer transferencias automáticas regulares, para que ésta crezca sin pensar en ello.

El segundo paso es crear un presupuesto sencillo con el fin de organizar su dinero para que pueda gastarlo en las cosas que importan y dejar de hacerlo en las cosas menos importantes. Para ello debe hacer un seguimiento de sus ingresos y de sus gastos. Una vez que ya sepa lo que gana y lo que gasta  deberá empezar a administrar sus fondos con el fin de no gastar más de lo que gana. La clave de este punto es gastar en las cosas que usted más valora y dejar de hacerlo en cosas que para usted son superfluas.

El siguiente paso es invertir para la jubilación. En este punto hay muchas opciones, desde los clásicos planes de pensiones hasta los PIAS, tan de moda. Aquí puedes ver algunas más.

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