Cuánto pierdes por cada año que esperas para empezar a invertir

La diferencia entre comenzar a invertir con más o menos edad puede hacer que perdamos dinero. Veamos los motivos.

Pocos dudamos ya de la necesidad de invertir para nuestra futura jubilación. Pero, no siempre tenemos tan cuándo empezar a hacerlo. De hecho, la elección del momento en el que comencemos a invertir va a tener una gran importancia en el resultado final de nuestro ahorro.

Y hay más,  cada año que retrasamos el comienzo de nuestras aportaciones para la jubilación podemos estar perdiendo dinero y alejándonos de nuestro retiro dorado..

Por qué pierdes dinero si empiezas a invertir  tarde

Hay varias cuestiones que influyen en este resultado negativo para tu bolsillo, algunas son a largo plazo pero otras son inmediatas.

A largo plazo, cuanto antes comencemos a acumular capital mayor será este en el momento de su rescate. Por ejemplo, si comenzamos a aportar 100 € para nuestra jubilación con 35 años llevaremos una década de ventaja en capital aportado a quien lo comienza a hacer con 45 años.

Las aportaciones son básicas y una década de más aportando supone una diferencia notable, pero, también tenemos que tener en cuenta el cálculo del interés compuesto. La rentabilidad que periódicamente se suma a nuestra inversión sigue trabajando para generar más rendimiento. Esto significa que el crecimiento de nuestro dinero no es lineal sino que va creciendo más cuanto más tiempo lo mantenemos invertido. Por tanto, a la década de ventaja en aportaciones, debemos sumar también una década de ventaja en cuanto a intereses recibidos, con lo que la diferencia se acrecienta.

Otra cuestión muy importante que debemos tener en cuenta es el ahorro fiscal que podemos obtener en productos como los planes de pensiones. El total de lo que aportemos a los planes de pensiones, con los límites establecidos por la ley, es deducible en el IRPF. De esta manera al presentar la declaración de la renta vamos a poder beneficiarnos de un ahorro que puede llegar hasta el 45% de nuestros impuestos, en función de lo que aportamos al plan de pensiones y de nuestros ingresos anuales.

El efecto a largo plazo de empezar tarde a ahorrar

A largo plazo es cuando más vamos a notar lo que hemos perdido por cada año que hemos retrasado comenzar a invertir.

En primer lugar porque para configurar un capital suficiente para complementar los ingresos en la jubilación vamos a tener que realizar un esfuerzo mayor en las aportaciones.

En segundo lugar, este esfuerzo mayor no se traduce necesariamente en igualar lo que podríamos haber obtenido ahorrando antes. No sólo perdemos las aportaciones no realizadas, también el interés compuesto correspondiente. Esto hace que una aportación más baja pero realizada antes pueda obtener mayor rendimiento que otra aportación superior pero con menos tiempo para dejar trabajar la rentabilidad.

No hay que olvidar, por último, la importancia del tiempo a la hora de ajustar la forma en la que invertimos. Si comenzamos pronto a invertir y tenemos mucho tiempo por delante, podemos asumir inversiones más agresivas que busquen mayor rentabilidad, e ir ajustando con el tiempo el riesgo. Sin embargo, cuanto más cerca estemos de la jubilación, menos riesgo debemos correr y por tanto menos rentabilidad se nos ofrecerá por nuestro dinero.

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Y así se puede ahorrar 12.000 euros en un año

Ahorrar 12.000 euros en un año es posible, pero no es fácil. Veamos que decisiones tenemos que tomar para lograr este ahorro.

Si nos proponemos ahorrar una cantidad importante de dinero en un plazo corto de tiempo, por ejemplo esos 12.000 euros en un solo año, es porque nos vemos en una situación en la que necesitamos ese ahorro con urgencia. El esfuerzo de esta manera de ahorrar tan estricta no es sostenible durante mucho tiempo para una economía doméstica normal.

Para ahorrar estas cantidades con sueldos medios los métodos normales de ahorro no sirven, tendremos que poner en práctica algunas acciones decididas, tajantes y sobre todo constantes. Decisiones difíciles pero siempre eficaces.

Vamos a descubrir algunas medidas que puedes tomar si realmente quieres ahorrar esta cantidad, o similar, en un único año.

Reduce todos los gastos, incluso la vivienda

Tenemos la sensación cuando queremos ahorrar que hay gastos intocables. Esto debe desecharse inmediatamente. Si queremos ahorrar 12.000 € en un año no hay gasto intocable. Es más, todos nuestros gastos deben ser modificados a la baja.

Un buen ejemplo lo tenemos en la propia vivienda. Deberemos analizar a fondo lo que nuestra casa nos cuesta mensualmente, no sólo en amortización de hipoteca o intereses, también en gastos corrientes, gastos de desplazamiento a los que nos obliga a nuestra residencia, etcétera.

Con la cifra que surja de todo ese análisis hay que contrastar el mercado de venta o de alquiler de viviendas y buscar opciones más baratas. Las  opciones más baratas no siempre van a ser ni las más cómodas, ni las más bonitas, ni las más espaciosas, pero no estamos buscando nada de esto, buscamos  ahorrar.

En el plazo de un año es bastante probable poder vender y volver a comprar o alquilar, e incluso obtener cierta plusvalía en la venta. En este sentido, puede que sea una buena idea alquilar la casa en propiedad para irse a vivir de alquiler y obtener una renta adicional o ahorrar en determinados gastos.

Este estilo de vida que vamos  a aplicar y que comienza por la vivienda  debe trasladarse a  todos los aspectos. Si necesitas comprar ropa, busca las tiendas más baratas, incluso de segunda mano, si estás acostumbrado a comer o cenar fuera de casa elimina el gasto, si estás acostumbrado al café de media mañana olvídate de tomarlo… Nadie dijo que iba a ser fácil.

Ataca primero las deudas financieras

Las deudas financieras  que generan intereses son un mal negocio cuando se trata de buscar un ahorro tan drástico. Es cierto que en un plazo corto como un año puede parecer una idea poco práctica buscar la amortización de deuda financiera, pero, resulta muy recomendable revisar a fondo los pros y contras en cada caso.

Por ejemplo, supongamos que el cambio de vivienda y el recorte de gastos te han supuesto un ahorro de 500 euros mensuales y estás pagando un préstamo al 7% con una cuota de 250 € mensuales. Amortizar esa cuota es ahorrar  porque no sólo ahorras la cantidad equivalente al capital, también eliminas intereses. Las amortizaciones a largo plazo en este caso no deberían ser contempladas salvo en una operación financiera clara, por ejemplo vender tu casa.

Aprovecha las oportunidades

El ritmo de vida actual nos brinda cientos de oportunidades para ahorrar. Habitualmente vivimos tan rápido que no prestamos mucha atención a aquello que se escapa de nuestro espacio de control inmediato. Esto hace que en muchas ocasiones perdamos buenas opciones para ahorrar.

Desde estudiar a fondo todas las ofertas de las grandes superficies comerciales, cupones, descuentos, etcétera, hasta mantenerse alerta de promociones en productos financieros con mejores rentabilidades, opciones alternativas a tus seguros y productos financieros que ahorren dinero, etc.

Optimizar el ahorro a partir de todas las oportunidades que podamos alcanzar nos garantiza un ahorro que no esperamos, muy superior al que podríamos  pensar. Eso sí, requiere un tiempo, un esfuerzo y un estudio de las ofertas para el que hay que estar dispuesto

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El paso más importante para ahorrar en energía en el hogar: ¿sabes qué potencia contratada necesitas?

La mejor manera para empezar a ahorrar electricidad es saber la potencia contratada y comprobar si puedes reducir el tramo a uno de menor potencia.

Hay que tener en cuenta que cada vivienda representa unas necesidades energéticas distintas. El consumo eléctrico depende de muchos factores, desde el uso de los electrodomésticos y el tipo de estos, hasta el número de personas que viven en la casa, la manera en la que utilizamos los dispositivos…

El cálculo de la necesidad real de consumo eléctrico es importante ya que determina la potencia que necesitamos contratar. Antes de analizar nuestra necesidad de consumo, si nunca lo hemos hecho, debemos tener en cuenta algo tan simple como si en nuestra casa salta el diferencial automático con cierta facilidad cuando tenemos varios aparatos eléctricos en marcha. Si esto no ocurre es que aún tenemos margen de bajar la potencia y contratar menos potencia de la que tenemos. Reducir el tramo de potencia puede ser uno de esos pequeños gestos para ahorrar en casa que al final se traducen en un buen ahorro.

Cuál es la potencia recomendable para tu hogar

Para comenzar a calcular lo ideal es sumar la potencia en kilovatios de todos los electrodomésticos (de todos los de mayor consumo) de tu casa. A esto se le suele sumar un añadido por el consumo de iluminación y de los electrodomésticos de menor consumo, con añadir 1 kW es suficiente.

El valor resultante en kilovatios sería el equivalente al consumo con todos los dispositivos en marcha a la vez, algo que es muy difícil que ocurra. Para tener en cuenta lo anterior se utiliza el factor de simultaneidad, que consiste en dividir  entre tres el resultado que hemos obtenido. Este resultado no puede ser nunca inferior al consumo del electrodoméstico de mayor consumo en el hogar, ya que, obviamente, de ser así y contratar la potencia equivalente este electrodoméstico no funcionaría.

Las compañías eléctricas tienen que facilitarte el cambio de potencia de un tramo a otro, pero, recuerda que pueden ponerte pegas si pretendes hacer este cambio más de una vez en el mismo año.

No resulta aconsejable dar saltos de dos tramos o más la primera vez que reducimos potencia. Es mucho mejor reducir un tramo, comprobar durante al menos un año que no tenemos problemas de consumo, que no salta el diferencial, y entonces plantearse otra reducción de tramo.

Puedes trasladar a esta tabla el consumo de tus electrodoméstico, lo vas a encontrar habitualmente en vatios así que ten en cuenta que 1000 W equivalen a 1 kW. Es decir, si tu frigorífico consume 350 W el equivalente será 0,350 kW. En cualquier caso, hay que recordar que a mayor nivel de eficiencia menor nivel de consumo, y, generalmente los electrodomésticos antiguos poseen niveles de consumo elevados que incluso pueden rebasar estos promedios.

Electrodoméstico Potencia
Frigorífico Entre 0,250 y 0,350 KW
Microondas Entre 0,900 y 1,500 KW
Lavadora Entre 1,500 y 2,200 KW
Lavavajillas Entre 1,500 y 2,200 KW
Horno Entre 1,200 y 2,200 KW
Vitrocerámica Entre 0,900 y 2,000 KW)
Televisor Entre 0,150 y  0,400 KW
Aire acondicionado Entre 0,900 y 2,000 KW
Calefacción eléctrica Entre 1,000 y 2,500 KW
Calefacción eléctrica de bajo consumo Entre 0,400 y 0,800 KW

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Los ingresos y no la edad, deberían determinar cuándo te jubilas

Existe una edad legal en la que jubilarnos, pero los ingresos también pueden determinar el momento de la jubilación y si ésta puede ser anticipada.

Del mismo modo que existe una edad legal en la que jubilarse, e incluso, en la que jubilarse anticipadamente, existen indicadores económicos en nuestras finanzas personales que nos hacen saber que estamos preparados para la jubilación. En otras palabras, que dependiendo cuáles sean nuestros ingresos al retirarnos podremos hacerlo antes o después.

En general pensamos demasiado en la edad de jubilación y no tanto en las condiciones de nuestras finanzas a la hora de jubilarnos. Esto puede ser un error, ya que, incluso podríamos retirarnos antes si resulta viable económicamente.

Para jubilarnos de forma anticipada necesitamos estudiar a fondo nuestra  economía personal. Lo que nos va a ofrecer la garantía de una jubilación satisfactoria en lo económico es la seguridad en nuestros ingresos. En el momento en el que estamos seguros de tener suficiente dinero como para no perder poder adquisitivo el resto de nuestra vida, ya estamos en disposición de retirarnos. Si no estamos seguros de esto, no deberíamos perder la cabeza por jubilarnos anticipadamente. Es más deberíamos evitarlo a toda costa.

Enfocar bien nuestros recursos económicos para el futuro

Dejar de trabajar sin un plan de jubilación que garantice que no perderemos poder adquisitivo no es una buena opción nunca.

Sin embargo, solemos enfocar el ahorro para la jubilación como una acción sistemática de aportaciones a uno o varios productos financieros y ya está. Esto no es una buena gestión por sí misma, es sólo parte de un proceso en el que debemos modificar nuestra mentalidad y manera de entender la administración del dinero cuando ya no tengamos ingresos derivados del trabajo.

Dicho de otro modo, da igual la edad a la que nos retiremos e incluso da igual la cantidad de dinero que tengamos disponible en el momento de la jubilación, si no existe un plan de gestión sobre ese dinero el momento es indiferente. Sin embargo, teniendo claro ese plan de gestión podemos perfectamente planificar nuestra jubilación de antemano.

Tener en cuenta mucho más que el ahorro

En primer lugar debemos determinar nuestras fuentes de ingresos. Por un lado, aquellas fuentes de ingresos que se van a eliminar tras la jubilación, derivadas del trabajo, y por otro, aquellas nuevas fuentes que se abrirán: la pensión de jubilación, los beneficios obtenidos del ahorro y la inversión y otras variables (sí, el dinero del plan de pensiones, por ejemplo).

Realizar esta operación nos va a dar un panorama de ingresos realista que siempre debe partir del cálculo de la pensión que nos va a quedar más el ahorro que hayamos realizado.

Con estos datos debemos crear un presupuesto para nuestra jubilación lo más realista posible. Esto pasa por no asumir que vamos a gastar menos de lo que gastamos  antes de jubilarnos. De hecho, en realidad, muchas personas gastan en los primeros años de jubilación tanto o más dinero que cuando trabajaban. El motivo es que tienen más tiempo libre y, como es lógico, asocian ocio a gastar dinero.

Para evitarlo, este nuevo presupuesto debe incluir las mismas categorías que deberías tener incluidas en tu presupuesto actual: pagos de viviendas y vehículos si aún los tenemos o si los vamos a tener, alimentación, transporte, atención médica, gastos corrientes.

Una vez determinado lo anterior, hay que incluir un apartado amplio relacionado con el ocio, teniendo en cuenta la disponibilidad de tiempo que vamos a tener. Por último, en el aspecto de los gastos de salud y cuidados hay que tener en cuenta el aumento de estos a medida que el envejecimiento avance.

Si somos capaces de presupuestar nuestro flujo de ingresos junto a unos gastos realistas y el resultado es que tenemos dinero más que suficiente para cubrir dichos gastos, es posible plantearse una jubilación anticipada y retirarse antes del tiempo. En caso contrario, lo ideal es tratar de descubrir cómo potenciar nuestro ahorro para cubrir la cantidad que nos falte, fundamentalmente a través de las herramientas de ahorro e inversión.

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Cosas que todas las personas de cuarenta y tantos deben saber sobre el dinero

A partir de los 40 años los desafíos financieros son muy diferentes a los que hayas tenido anteriormente. Vamos a descubrir cosas que tienes que saber sobre el dinero a partir de los 40 años.

A partir de los 40 años, generalmente solemos pensar en un manejo de la economía personal más relajado, y, el principio de la preparación hacia la jubilación. Sin embargo, aún hay muchas cosas que podemos y debemos tener en cuenta sobre nuestro dinero, y, lejos de relajarnos tal vez deberíamos volvernos un poco más activos.

Vamos a descubrir un buen número de cosas sobre el dinero que debes tener en cuenta a partir de los 40 años.

Deja de procrastinar

Hay que dejar de dilatar las decisiones, retrasar las tomas de decisiones económicas es una pésima idea a cualquier edad, pero lo es más en un momento en el que deberías tener ya una comprensión fuerte de tu situación financiera y, obrar en consecuencia.

No prestes dinero y si lo haces con seguridad

Sobre el papel estamos en un momento de la vida en el que comenzamos a consolidar el esfuerzo. Los préstamos entre particulares a esta edad son un riesgo muy grande ya que ponen en peligro el patrimonio neto, más aún, ponen en peligro el comienzo de la consolidación del ahorro para la jubilación. Si vas a prestar dinero a un familiar o amigo en cualquier caso siempre debes hacerlo en condiciones de seguridad, con la firma de un contrato particular que es perfectamente legal y al menos te ofrece ciertas garantías a la hora de reclamar un impago.

Comienza a bajar el riesgo en tus inversiones

En un momento en el que teóricamente deben comenzar a equilibrarse nuestras inversiones, y en general nuestra economía doméstica, podemos tener la tentación de apostar duro por las inversiones más agresivas buscando mayores niveles de rentabilidad.

Esto puede ser un error garrafal. Resulta mucho más interesante, sobre todo si hemos tenido una trayectoria constante y eficaz, mantener el rumbo en lugar de buscar grandes negocios en la inversión o el ahorro que puedan trastocar todo lo conseguido hasta ahora.

Adelanta alguno de tus objetivos futuros

Muchas veces posponemos algunos objetivos vitales al momento de la jubilación. Por ejemplo realizar un buen viaje, adquirir una segunda vivienda, o simplemente disfrutar de vacaciones más largas.

Para todo ello a partir de los 40 años puede ser un momento tan adecuado o mejor incluso que el de la jubilación. Piensa por ejemplo en ese largo viaje que planeabas realizar cuando te jubiles, resulta que ahora es más joven, económicamente no vas a estar en peor situación, y no hay garantías de que en el futuro tu estatus mejore ni en lo físico ni en lo económico para disfrutar más de ese viaje. Esto lo puedes aplicar a muchos objetivos a medio y largo plazo, comenzar a disfrutar de lo conseguido también es una buena idea.

No pierdas tus objetivos financieros

Un error muy común cuando nlos asentados económicamente es perder de vista o relajar nuestros objetivos financieros.

Puedes pensar que no hay situaciones objetivas de pánico en lo económico a partir de los 40 pero esto no es así en absoluto. En primer lugar cada vez vas a ver más acerca la jubilación, en segundo lugar surgirán nuevos gastos antes no contemplados, por ejemplo, los estudios superiores de tus hijos, o cada vez mayor inversión en salud y bienestar.

Es muy importante no perder de vista los objetivos financieros y tener un plan concreto de respuesta a todas las posibles contingencias, y por supuesto, para el ahorro orientado a la jubilación.

Consolida la deuda de tu tarjeta de crédito o págala

Las tarjetas de crédito son un elemento que nos acompaña a lo largo de toda la vida como instrumento no tan bien utilizado en las finanzas personales. Es muy probable que a lo largo del tiempo hayas ido generando una constante de crédito y deuda en tu tarjeta que se va acumulando con el paso del tiempo, y a la que ya consideras como algo natural.

A partir de los 40 debes procurar pagar la deuda o consolidarla. Es el momento adecuado para dejar de utilizar de manera masiva el crédito de las tarjetas y aprovechar otras opciones financieras, por supuesto pasando por la amortización de deuda y eliminando en la medida de lo posible intereses y comisiones.

No adelantes acontecimientos primero consolida tu economía

Una vez nos vemos relativamente cerca del fin de la hipoteca, posiblemente en un periodo de estabilidad económica más o menos constante, podemos tener la tentación de apostar por acciones orientadas al beneficio de nuestra familia sin reflexionar mucho.

Por ejemplo, generar cuentas de ahorro para nuestros hijos mayores, o realizar aportaciones sistemáticas para cubrir posibles futuros gastos de nuestra familia. Esto en sí mismo no es un error por supuesto, pero si lo puede llegar a ser cuando la consolidación de nuestra economía doméstica no es del todo real. La ayuda económica a los hijos puede ser importante, pero en absoluto es la única ayuda que les podemos proporcionar cara a sus estudios o desarrollo profesional futuro.

Por otro lado, la consolidación de tu patrimonio es una parte importante de la futura transmisión patrimonial que vas a realizar. Este es un equilibrio complejo pero que deberías siempre tener en cuenta.

Consolida tu perfil crediticio

El perfil crediticio es importante durante toda tu vida realmente, pero, parece que le prestamos más atención en los primeros años de desempeño profesional, cuando aún debemos justificar que somos solventes ante el crédito. Después, podemos poner esto en piloto automático y conformarnos con un perfil crediticio automatizado y que siempre será el mismo. Sin embargo, la calificación crediticia va a ser importante a los 40, a los 50,  o a los 60. En ningún momento estamos libres de necesitar acudir a la financiación bancaria y por tanto, una mejora nuestro perfil crediticio puede aumentar mucho no sólo los niveles de crédito sino las propias condiciones a las que acceder a él.

Una buena puntuación crediticia tiene que ver con la ausencia de deudas, con la solvencia demostrable, con las garantías añadidas y por supuesto con la puntualidad en la liquidación de anteriores operaciones financieras. Mejorar todo esto a partir de la amortización de deuda y el control de las operaciones de financiación es básico a partir de los 40.

Habla a tus hijos sobre el dinero y su importancia

Los debates sobre el valor del dinero en el hogar son escasos y se orientan casi siempre a tratar de imponer un ejemplo propio como base de la enseñanza. Sin embargo, una buena educación financiera de nuestros hijos, teniendo cuenta que esto no se ofrece en la educación escolar, no sólo sería de ayuda para ellos en el futuro, sino también para un mayor control de las finanzas personales.

Un niño educado en la responsabilidad financiera entenderá mucho mejor la relación entre el esfuerzo, el ingreso y el gasto. Además, valorara mucho más lo que posee y probablemente tenga mucha mayor predisposición a ser autosuficiente en lo económico, ahorrador y consecuente con una política económica familiar adecuada.

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Dos situaciones en las que deberías contratar tu seguro de vida

¿Es para mí un seguro de vida? Hay momentos vitales donde una póliza de vida puede ser más necesidad que opción. Descubre cuáles son.

Pregunta a un profesional del seguro cuándo deberías contratar un seguro de vida y la respuesta será: “siempre, en cualquier momento”. Ante esta contundencia es fácil plantearse hasta qué punto no se trata de una respuesta interesada.

La realidad es que un seguro de vida siempre tiene su utilidad, especialmente si se añade la cobertura por invalidez. Sin embargo, hay momentos en los que contar con esta protección debería ser algo casi obligatorio para evitar situaciones de riesgo. Estas son dos de las más claras. Si te encuentras ante una de ellas y no tienes un seguro de vida, deberías replenaterte tu situación financiera.

Te acabas de casar

La mayoría de personas contrata los seguro de vida para proteger a quienes más quiere ante su pérdida. En otras palabras, asegurar el futuro de quienes se quedan en caso de fallecimiento, aunque la realidad es que un seguro de vida puede ir más allá y por eso hay que saber cómo sacarle provecho.

Quienes se acaban de casar e inician un proyecto vital en común deberían de asegurarlo, especialmente si existen muchas diferencias de ingresos entre una y otra parte de la pareja. Con un seguro de vida se puede dar flexibilidad a la otra persona en caso de fallecimiento y asegurar su estabilidad económica.

Añadiendo la cobertura de invalidez te aseguras que el dinero no será un problema en caso de que sufras un imprevisto que te impida seguir trabajando en tu campo profesional, por ejemplo.

Para estos casos existen pólizas conjuntas como el Seguro Aegon Vida Dúo donde los cónyuges se integran en una misma póliza. Aquí puedes ver cómo funciona.

Vas a formar una familia

La paternidad es una alegría, pero también una responsabilidad. Los niños llevan aparejados una serie de gastos que se suman al presupuesto familiar y que es mejor presupuestar. Simplemente la universidad ya sumará 3.000 euros al año en el mejor de los casos.

Además, con los niños se hace especialmente relevante asegurar cuestiones como que tendrán una vivienda, alimento y educación en caso de que no estés o surja un imprevisto. Un seguro de vida es una herramienta para hacerlo y complementar e ahorro que creará el colchón financiero de seguridad que necesitas.

Lo más importante en ambos casos es tener claro el capital que deseas asegurar, que debería será de entre tres y cinco años de gastos. Si hay una casa con hipoteca de por medio, lo ideal es que además asumas un seguro de vida que cubra el coste restante del préstamo. A fin de cuentas la vivienda es siempre el mayor gasto familiar y al eliminarlo contarías con un remanente que poder destinar a otros gastos corrientes o a ahorrar a largo plazo.

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Claves antes de contratar un seguro de vida

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Tres factores en los que fijarte para retirarte joven

Retirarse joven es una aspiración que tienen muchas personas pero que pocas cumplen. El motivo fundamental es la gran capacidad de sacrificio que esto supone. Sin embargo, es posible.

Realmente todos sabemos lo que vamos a necesitar para obtener el lujo de poder retirarnos antes de la edad fijada para la jubilación, reducir al máximo los gastos, ahorrar de manera sistemática y efectiva y no modificar los dos ámbitos anteriores en ningún caso.

Mantenerse firme en esas tres cuestiones es realmente difícil, sin embargo, hay tres áreas en las que, si somos capaces de concentrarnos, podemos encontrar el ahorro necesario para permitirnos esa retirada profesional antes de tiempo.

Ahorrar mucho más de la media de ahorro

Si hacemos caso a los consejos de ahorro más comunes, veremos cómo se nos orienta a ahorrar entre un 10% y un 15% de nuestros ingresos. Éste ahorro, por fases, comienza con la formación de un colchón de emergencia, continúa con la diversificación del ahorro para objetivos a medio plazo y se debería mantener en el tiempo con el ahorro para la jubilación.

Este sería un plan más o menos adecuado para quien aspira a tener suficiente dinero para complementar las pensiones de jubilación en el futuro, respetando la edad de jubilación, pero no lo sería para quien pretende retirarse antes.

Acelerar los instrumentos de ahorro duplicando o incluso triplicando las aportaciones puede ser un escenario válido para acelerar nuestra retirada. El cálculo es sencillo, si pasamos de destinar un 10% al ahorro para la jubilación y lo aumentamos hasta un 30% las cifras no mienten. Combinar instrumentos de ahorro e inversión a lo largo del tiempo sería la clave, aprovechando la seguridad de herramientas como los seguros de ahorro o la versatilidad de otras como los fondos de inversión.

Ahorrar el 30% de tus ingresos evidentemente no es fácil, sin embargo, es posible. Como todo lo que vamos a ver aquí se trata de tener rigor en la aplicación del ahorro, simplemente ser un ahorrador extremo puede ayudar en la meta de retirarse antes.

No cambies de casa

Cambiar de vivienda es una aspiración para muchas personas. Las primeras viviendas suelen adquirirse en la primera fase de la vida profesional  y en muchos casos se aspira y se asocia el éxito con un cambio de vivienda futuro a una mejor zona, a otra con más metros, etcétera.

Comprar una casa es la mayor adquisición que vamos a realizar probablemente en nuestra vida, si somos capaces de optimizar esto podemos obtener un ahorro muy importante. Para ello debemos olvidarnos de cambiar de casa, centrarnos en la que ya tenemos y aprovechar la diferencia de gasto que supondría ese cambio.

La cuestión es relativamente sencilla, calcula cuánto estarías dispuesto a pagar por la hipoteca de una vivienda mejor ubicada, de más metros o de mayor calidad. Esa hipoteca, sin duda será, superior a la que estás pagando en la actualidad. Si podrías asumir esa diferencia, también puedes restar ese dinero a tus ingresos y destinarlo a amortizar la hipoteca que tienes en la actualidad. Puede que de repente descubras que eres capaz de reducir tu hipoteca en ocho o diez años. Esta reducción te va a permitir un ahorro equivalente a la hipoteca amortizada durante sus ocho o diez años reducidos (o más).

Obviamente esto supone un esfuerzo, pero también una recompensa evidente.

Protege tus ahorros incluso de ti mismo

Muchas veces se confunde la frugalidad con la tacañería, bueno, pues que así sea si es necesario. Nosotros marcamos un objetivo y debemos defenderlo por encima de cualquier otra consideración económica.

Esto significa que vamos a proteger nuestros ahorros e inversiones, pero también que vamos a atender de manera concienzuda los pequeños gastos que pueden suponer al final una diferencia importante en los resultados. Un gasto innecesario debe ser visto como un gasto doble. Por un lado no vamos a recuperar ese dinero. Por otro, además ese capital deja, a su vez, de producir más dinero.

Pero no sólo los gastos y las comisiones de los productos financieros son enemigos mortales en este proceso, también tú mismo puedes convertirte en un enemigo del ahorro. La disposición de dinero para gastos sorpresa, no mantener la tensión de ahorro de manera constante, no prever gastos y tener que utilizar las cuentas de ahorro, son elementos muy negativos. Recuerda, debes proteger tu sistema de ahorro incluso de tus propias tentaciones.

Sigue firmemente estos tres consejos y te acercarás a tu objetivo de retirarte joven.

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Cada cuánto deberías revisar tu PIAS

Cuando contratamos un producto de ahorro como un PIAS resulta natural y muy aconsejable que queramos conocer su evolución. De hecho, deberíamos revisar su estado más de una vez al año.

El Plan Individual de Ahorro Sistemático (PIAS) es un producto de ahorro a largo plazo que nos propone mantener un modelo de ahorro sistemático, garantizado y asegurado, para en el futuro poder acceder a una renta vitalicia proveniente del capital que hemos aportado más la rentabilidad que producto nos ofrece.

El PIAS nos permite realizar aportaciones periódicas y, en el momento del rescate, tener ciertas ventajas fiscales. Sin embargo, para poder acceder a deducciones en el cálculo del IRPF debemos tener claro que cumplimos una serie de cuestiones a tal efecto. Estas cuestiones pasan por saber que la aportación máxima que podemos realizar al plan no puede exceder de 8000 € anuales, que el monto total del plan no puede superar los 240.000 €, que el beneficiario debe ser el mismo que la persona asegurada y que no se puede retirar el dinero hasta un mínimo de cinco años desde suscrito el plan.

Es cierto que este producto de ahorro puede ser rescatado de diferentes maneras, es decir, no sólo como renta vitalicia, también en varios pagos o incluso en un pago único, pero, los beneficios fiscales sólo favorecen en forma de desgravación al rescate en el modo de renta periódica.

Cuándo revisar el PIAS

En primer lugar hay que tener claro que, como norma general, este tipo de productos garantizados no asumen el riesgo de mercado de otros productos de ahorro. Esto significa que las revisiones de tu plan no tienen por qué ser tan exhaustivas como si estuviera apostando por otras herramientas de ahorro. En realidad, los PIAS han sido tradicionalmente un producto de ahorro a largo plazo conservador, aunque hoy en día existen versiones para perfiles financieros más avezados.

A partir de aquí, es cierto que conviene revisar la evolución anual del rendimiento de nuestro plan proporciona. Esto es así porque el traspaso entre PIAS es posible y no resulta gravoso.

Por otro lado, siempre que recordar que estamos hablando de productos a largo plazo, obsesionarse en la evolución de este tipo de productos de manera constante.

Con estas dos medidas en mente, lo recomendable es una revisión mínima de dos veces al año y lo aconsejable dedicar por lo menos diez minutos al trimestre para saber cómo marcha nuestro plan de ahorro.

Cómo funciona el PIAS

Se trata de un producto de ahorro con un seguro añadido en el que se nos garantiza el capital y un rendimiento en función del tipo de interés técnico vigente en cada momento.

Por tanto, a la inversión que nosotros realizamos se le va añadiendo una rentabilidad. Esta estabilidad se nos va comunicando de manera anual, y se orienta a la consolidación de un capital que, rescatado en forma de renta vitalicia tiene beneficios fiscales.

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Productos financieros que podrás recuperar como renta

No todos los productos de ahorro se recuperan de la misma forma. Repasamos los ahorros que podrás cobrar como renta a lo largo del tiempo.

Las rentas vitalicias como complemento a las pensiones públicas de jubilación pueden ser una herramienta muy útil para no perder poder adquisitivo. De hecho, es la fórmula preferida de la mayoría de ahorradores a la hora de recuperar su ahorro. El motivo es que se aseguran cobrar su dinero durante un largo periodo de tiempo y evitar las tentaciones de tenerlo todo en cuenta y disponible.

Hay que partir de la base de la posibilidad de contratar una renta vitalicia a partir de una aportación única en cualquier momento, es decir, es posible formalizar esta herramienta como producto único no proveniente de otro producto o herramienta de ahorro. Sin embargo, el escollo que esto presenta es la necesidad de realizar una aportación elevada que tal vez nuestra economía doméstica no está preparada. Por ello, existe la opción de apostar por productos que van desarrollándose a lo largo del tiempo y consolidando un capital que es el que se rescatará en forma de rentas periódicas en el momento de la jubilación.

Los Planes Individuales de Ahorro Sistemático

Los PIAS son un claro ejemplo de producto orientado a ser rescatado en forma de renta. Se vienen a considerar planes de ahorro con la presencia de seguros de vida, orientados a acumular un capital para ser rescatado en el momento de la jubilación.

Este producto puede ir engrosando el capital a partir de aportaciones periódicas o aportaciones únicas. Estas aportaciones se van a remunerar a través de un tipo de interés mínimo que se pacta con la compañía aseguradora.

Los PIAS se convierten de manera automática en renta vitalicia, es decir, en el momento de la jubilación se comienza a percibir una renta mensual que ya es conocida de antemano y que depende del capital que se haya acumulado a lo largo de la vida del producto.

Desde el punto de vista fiscal quedan exentos los rendimientos que se generan desde el pago de la primera prima hasta que se inician cobro de la renta vitalicia. Es importante tener en cuenta que  esta renta vitalicia no puede constituirse antes del décimo año transcurrido tras el abono de la primera prima.

Existe un límite máximo de aportaciones a este tipo de herramientas de ahorro que se encuentra establecido en los 8000 €, sin embargo, este límite máximo es independiente de las aportaciones a otras herramientas de ahorro como planes de pensiones, planes de previsión asegurados u otro tipo de seguros. Sin embargo, cada contribuyente sólo puede contratar un único PIAS de manera simultánea.

Por último hay que tener en cuenta que el rescate del ahorro se puede realizar en cualquier momento, pero, si se rescata antes de transcurridos 10 años desde su contratación se pierde la ventaja fiscal y además se perderá buena parte de la rentabilidad obtenida.

United Linked

En este caso nos encontramos ante un producto que permite su rescate en forma de renta en el momento de la jubilación entre otras opciones.

Se trata de un producto de ahorro que parte de un seguro de vida que viene a ofrecer cobertura sobre fallecimiento, invalidez y jubilación. En este producto se realizan aportaciones que van a ser invertidas en una cesta de fondos de inversión o cartera de valores. Esta inversión queda determinada por el perfil de riesgo que deseemos asumir ya que existen opciones variadas que van desde inversiones muy conservadoras hasta muy agresivas.

Estamos por lo tanto antes de un seguro de vida asociado a un mecanismo de inversión. Dentro de las características destacables de esta herramienta está la posibilidad de ir modificando las cestas de inversión y de este modo modificar las estrategias de riesgo. Estas modificaciones no acarrean costes, no tienen efectos fiscales y se pueden realizar tantas veces se considere necesario.

El United Linked permite aportaciones periódicas de cantidades bajas que ofrecen una gran diversificación a partir de pequeñas cantidades de dinero que no puede conseguirse con otros mecanismos de inversión. El producto también es susceptible de ser rescatado en cualquier momento aunque, la liquidación va a traer consigo penalizaciones. En esto también se diferencia de otros productos de ahorro que sólo pueden ser rescatados bajo ciertas circunstancias.

Por último otro aspecto importante es que este producto de ahorro no forma parte de la herencia, y por tanto, no se hace público al fallecimiento como el testamento. Por tanto, sólo será comunicado al beneficiario o beneficiarios del seguro.

Como ya hemos dicho puede ser rescatado en forma de rentas vitalicias, en este caso traerá consigo los beneficios fiscales de otros productos de ahorro a largo plazo.

Es importante no obstante tener en cuenta un hecho fundamental, en los United Linked la rentabilidad no está asegurada ya que se asocia a la evolución de las cestas de fondos o los valores elegidos. Más aún, el riesgo también alcanza al capital ya que éste no está asegurado. Por tanto, se trata de un producto en el que puede no obtenerse la rentabilidad esperada y también pueden ocurrir pérdidas sobre el capital aportado.

Los Fondos de Reparto

Tal vez menos conocidos, los fondos de reparto han ido abriéndose un hueco en los últimos años en el interés del inversor.

Se trata de una modalidad de fondos cuya principal diferencia con los fondos de inversión tradicionales es el reparto de dividendos de manera periódica, un reparto puede hacerse desde anualmente hasta mensualmente.

En el caso de los fondos de acumulación, los más habituales, lo que se hace es reinvertir los beneficios de los dividendos en el propio patrimonio del fondo, mientras que, en el caso de los fondos de reparto, los dividendos son abonados a los inversores. De este modo se puede considerar un producto interesante para quienes desean disponer una renta periódica convirtiéndose, por ejemplo, en una alternativa a productos como los depósitos bancarios con una rentabilidad muy baja en la actualidad.

Es importante tener en cuenta que cada fondo para tener sus características particulares, no se trata de un producto uniforme ni estándar. Las rentas pueden ser mensuales, trimestrales o anuales y habitualmente se reparte dividendo que se obtiene de las diferentes acciones que integran el fondo.

También existe la posibilidad de las rentas periódicas aseguradas. En este caso, cuando no es suficiente el reparto de dividendo, el fondo acude a la venta de parte de las participaciones en cartera, de este modo se sacrifica patrimonio pero se cumplan los compromisos de pago. Hay que tener en cuenta que esto no tiene necesariamente que ser beneficioso ya que en el fondo es un reembolso a pequeñas partes de las participaciones.

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Cómo aprovechar el síndrome del nido vacío para impulsar tu jubilación

Es algo inevitable. Con el paso de los años la que fuera una casa llena de niños primero y adolescentes después perderá parte de esa vida para volver a ser la vivienda de la pareja. El estar solos y sin los niños provoca lo que se conoce como el síndrome del nido vacío. En lugar de quedarnos con la parte negativa de esa sensación de que falta algo para darle in impulso a tus planes de jubilación.

Y es que ahora que ya no están los niños se abren un sin fin de posibilidades para ahorrar más y hacer un mejor uso del dinero que entra en casa. Estas son algunas estrategias que pueden ayudarte a tener una jubilación mejor o a vivir con más libertad financiera.

Desconecta los servicios innecesarios

Desde esa conexión a internet ultrarrápida que no usas hasta la suscripción a Netflix que no necesitamos y tampoco vemos de todos modos. Hay un sin fin de servicios y pagos que realizamos por tener a los hijos en casa que podrías replantearte. De hecho, segundo que existen algunas de las que ni estamos al tanto.

La marcha de los hijos a la universidad o a vivir en otra casa es el momento ideal para sentarse y repasar todas las facturas de gastos fijos para comprobar qe no hay ninguna suscripción oculta o que ya no pensamos usar.

Cambia de casa

Es una decisión algo más drástica, pero también una de las más útiles. Con los hijos fuera de la ecuación es fácil que la vivienda familiar se haya quedado grande o vaya a quedarse grande en poco tiempo. La realidad es que una pareja no siempre necesita una casa de tres o cuatro habitaciones.

Además, mantener una vivienda más grande hará que los gastos en suministros se disparen, al igual que los de mantenimiento, además de llevarnos más tiempo en términos de limpieza y orden. La solución es cambiar de casa para marcharnos a una más pequeña. Si la casa está comprada o todavía estamos pagando la hipoteca, una buena elección puede ser alquilarla para irnos nosotros de alquiler. Lo normal es que al tratarse de una casa más pequeña el alquiler sea más barato, con lo que también estaremos generando una renta adicional que sumar a los ahorros para la jubilación.

Alquilar una habitación puede ser otra alternativa para sacar partido a la vivienda sin los hijos.

Revisa la lista de la compra

La mayoría de personas hacemos la compra en modo automático y, salvo para caer en las trampas del supermercado, repetimos la lista de productos una y otra vez. Hay que evitar caer en esta rutina y reevaluar nuestras necesidades.

Sin los hijos habrá muchas compras que se puedan eliminar, desde helados hasta galletas pasando por desayunos hipocalóricos o refrescos. Esto vuelve a suponer una importante fuente de ahorro que se puede aprovechar. Eso sí, para no caer en lo que se conoce como la trampa del gasto creciente, es mejor hacer números y ahorrar efectivamente ese dinero que ya no nos estamos gastando.

Ahorrar más

Los hijos son fuente de felicidad, pero también de gasto, desde el móvil hasta la ropa. Ahora que estamos solos podemos ahorrar mucho más para alcanzar la jubilación con la que soñamos. Una buena forma de lograrlo es con un ahorro sistemático para la jubilación a través de PIAS y otros productos de ahorro.

Un consejo para ahorrar más con el síndrome del nido vacío es no realizar ninguna gran compra durante el primer año sin los hijos, para acostúmbranos a vivir ahorrando más y no gastando más.

Cuidar más la salud

Como ya hemos visto anteriormente, la salud puede jugar un papel crucial en nuestra jubilación. Tanto es así que es la mayor preocupación de los mayores de 60 años.

Aprovechemos este cambio en nuestras vidas para cuidar más de ella, ya que puede suponer una diferencia al jubilarse.

En el blog Salud y Vida Sana puedes encontrar fórmulas para estar más en forma con muy poco esfuerzo, así como trucos para mejorar tu alimentación.

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