Mifid II, cambios que llegan en el asesoramiento financiero en 2017 y que debes conocer

En los primeros días de enero de 2018 entrará en vigor Midfid II una normativa que va a modificar la manera de entender el asesoramiento financiero.

La Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros, Mifid II (Markets in Financial Instruments Directive) va a suponer un cambio muy importante en el sector financiero. Se trata de la mejora de una normativa ya en marcha desde 2014, pero, que en esta nueva versión avanza mucho más en las medidas de protección del inversor.

Lo que Midifid II nos propone a los inversores es un entorno de inversión mucho más seguro, en el que se encuentra regulados tanto la actividad de los mercados financieros como la de los productos de inversión y la prestación de servicios de inversión. Dentro de la regulación se incluye la exigencia de transparencia en el asesoramiento financiero y la gestión de carteras de inversión. Algo que también alcanza a la propia comercialización de los productos de inversión

Consecuencias inmediatas de MIDFID II

Hay algunos aspectos que van a afectar de manera directa al funcionamiento de las entidades financieras en cuanto a procedimientos y sistemas. Veamos los más destacados.

Asesoramiento independiente o no independiente

Esta es una de las características más importantes de esta nueva regulación. Se adoptan las figuras de entidades independientes o no independientes a la hora de la comercialización y asesoramiento de productos, lo que a su vez obliga a quien preste el servicio de asesoramiento a poseer los conocimientos adecuados para hacerlo.

Si el asesoramiento es independiente tendrá prohibidas las retrocesión es, es decir, cobro de incentivos de las entidades por vender sus productos. Si es dependiente tiene que hacerse sobre el mayor rango posible de productos, ofreciendo al cliente informes detallados de rendimiento y gastos que va a tener que afrontar. De esta manera vamos a saber lo que debemos pagar por los servicios diferenciando gastos de asesoramiento, gestión, operativos…

Evaluación de idoneidad

Los asesores deben evaluar lo idóneo del cliente frente al producto, del mismo modo deben mantener actualizada la información de manera constante. Se trata de no ofrecer productos no adecuados para clientes con perfiles diferentes al que el producto demande.

Información sobre asesoramiento y cartera gestionada

Será necesario que el cliente reciba informes como mínimo trimestrales sobre la evolución de su cartera. También deberán incluirse los detalles relativos a costes y gastos asociados al propio asesoramiento.

Optimización

Para los clientes minoristas será obligatorio garantizar no solo el mejor precio sino también los costes más bajos asociados a la ejecución del instrumento financiero elegido.

Qué nos supone como clientes MIDFII

Como clientes esta nueva regulación supone una gran mejora en los niveles de información que recibimos de las entidades financieras en las que contratamos productos. Una mayor transparencia, un asesoramiento más adecuado y la búsqueda de las mejores opciones y costes en la contratación de instrumentos financieros.

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Buenos propósitos financieros para 2017

El cambio de año es el momento perfecto para fijarse nuevas metas. En esta ocasión queremos proponeros tres para mejorar tu situación económica en 2017.

Buenos propósitos financieros para 2017

Comienza un nuevo año y todo el mundo se plantea buenos propósitos para esta nueva etapa. Casi siempre, las buenas intenciones van dirigidas al ámbito de la salud, del deporte o la formación, pero no hay que descuidar tampoco las finanzas. Nuestra vida también dependerá de la gestión que se realice con los ahorros y recursos económicos.

Como cada año nuevo, empezamos el ejercicio con un saco lleno de buenas intenciones. 2017 no tiene por qué ser diferente. Estos son nuestros buenos propósitos financieros para 2017.

Ahorrar todos los meses

Ahorrar todos los meses una pequeña cantidad de dinero resulta más sencillo de lo que parece. Se puede mantener el nivel de vida de siempre despilfarrando menos dinero. Basta con ser un poco más organizado, analizar en que se consume y comparando precios. Ese dinero que vayas acumulando puede resultarte muy útil para tenerlo en tu hogar en caso de imprevistos, pero tampoco es cuestión de desaprovecharlo.

Para ahorrar sí o sí, empieza por pagarte a ti el primero. En otras palabras, ahorra a principio de mes en lugar de hacerlo al final. Es tan fácil como establecer una transferencia automática a principio de mes con la cantidad que quieras ahorrar. Si el dinero no está en tu cuenta, no tendrás la tentación de gastarlo.

Poner a trabajar tu ahorro

Primero ahorra y después haz algo con ese ahorro. Hay que sacarle una rentabilidad, así que no dudes en consultar con un experto sobre la mejor elección. Al final los productos varían en función de los grados de riesgos y de los potenciales beneficios. Un asesor financiero puede ayudarte a encontrar el producto ideal en función de tus objetivos. Aquí puedes concertar una reunión gratuita con uno.

Aumentar tus ingresos

Se más ambicioso y no te conformes con los ingresos que tienes. Siempre existe la posibilidad de mejorar, pero para ello hay que arriesgarse. Puede que te encuentres muy a gusto con el trabajo que tienes en la actualidad, en donde puedes sentirte muy valorado con el sueldo que te pagan, pero a veces hay que ser más ambicioso.

Para ello se recomienda ampliar la red de contactos y en algunos casos será preciso incluso cambiar de profesión o de lugar de trabajo. Todo con el objetivo de ser un poco mejor cada día. Pero el empleo no debe convertirse en la única fuente de ingresos. Existen otros métodos para ganar dinero, como montar un negocio por tu cuenta, tener un trabajo extra, vender lo que ya no usas, conseguir intereses para tus ahorros o invertir en Bolsa.

Dejar atrás las deudas

Una de las patas de la buena salud financiera es evitar los préstamos en la medida de lo posible. Hay ciertas situaciones por las que realmente merece la pena endeudarse, como puede ser la compra de una vivienda o cuando ese dinero sirva para aumentar los ingresos en el futuro. En este último caso hace referencia sobre todo a los créditos para el estudio que permitirán conseguir dentro de unos años una mejor posición en el mercado laboral. Lo que no está tan claro es que resulte tan rentable solicitar un préstamos para comprar unos muebles o irse de vacaciones.

Cómo lograr lo que te propones

Hay tres trucos que te ayudarán a cumplir con estos propósitos. El primero es cuantificar tus objetivos. Para que lo entiendas mejor, ahorrar es un buen propósito, pero es demasiado abstracto. Ahorrar para la universidad, para comprar una casa o ahorrar un 20% de tus ingresos, son propósitos más tangibles. Tener un objetivo claro y conciso ayuda alcanzarlo porque hace la meta factible.

Si todavía no lo tienes claro, piensa por qué te cuesta tanto ahorrar para la jubilación pero mucho menos para irte de vacaciones. Tener el objetivo en mente ayuda. En este caso también lo hace el hecho de que sea más cercano en el tiempo. Por eso mismo el segundo truco es fijar metas parciales y pequeñas recomensas que te ayuden a aguantar el camino a largo plazo.

Por último, automatiza todo lo que puedas para evitar tener que depender de tu fuerza de voluntad. Ahorrar todos los meses es complicado, pero si estableces una transferencia automática no tendrás que hacer nada más que esperar.

La caída de la bolsa tras la crisis y la polémica con productos como las denostadas preferentes han llevado a muchos inversores a plantearse retomar antiguas costumbres en lo que a su dinero se refiere y guardar los ahorros debajo del colchón. De hecho, se han llegado a comercializar colchones con caja fuerte incorporada.

Entre las ventajas y condiciones del producto destaca su 0% de comisiones, pero también su rentabilidad del 0% TAE. Dicho de otra forma, que no genera ningún beneficio, como es lógico. Se podría pensar que no pasa nada, que así ni se gana ni se pierde y por lo menos se asegura el dinero. Craso error.  Cada vez que dejamos nuestro dinero quieto, este pierde valor por el simple efecto de la inflación. 50 euros hoy valen menos que 50 euros de mañana.

La clave de esta evolución negativa del dinero está en la inflación. Y es que cada vez que el IPC sube y con él el coste de la vida podemos hacer menos cosas con el mismo dinero. Si el IPC se revaloriza un 1% pero nuestro salario no, nosotros seguiremos ganando lo mismo, pero como los productos y servicios habrá aumentando su precio, nuestro dinero valdrá menos. Con el mismo capital podremos comprar menos cosas.

Para que lo entiendas mejor, imagina que tienes un euro. En 2014 con un euro podías tomar un café, pero resulta que en 2016 ese café vale ya 1,2 euros. Tu euro sigue siendo el mismo, no ha cambiado ni ha perdido nada, salvo parte de su valor. En otras palabras, ahora puedes hacer menos con tu dinero porque no vale lo mismo.

Evidentemente, cuando el IPC baja o entramos en un entorno de deflación, el proceso se invierte. Es decir, el valor de nuestro dinero aumenta, ya que los precios caen. Precisamente por esto la deflación es tan peligrosa para la economía, ya que ante la perspectiva de la caída de precios el consumo se frena. ¿Quién va a comprar una televisión, por ejemplo, si sabe que mañana valdrá un 2% menos? Esto, aplicado a los mercados financieros, tiene un efecto devastador.

La importancia de mover el dinero

El efecto del IPC sobre nuestro dinero es lo que hace que sea necesario moverlo contantemente en busca de nuevas inversiones para que se revalorice. En este sentido, toda inversión que no supere la inflación, que no tiene por qué ser necesariamente la que marca el IPC, nos estará haciendo perder dinero a efectos prácticos. Si conseguimos ganar un 1% mediante, por ejemplo, un depósito, pero el coste de la vida se encarece un 1,5%, estaremos perdiendo esa diferencia de medio punto porcentual de poder adquisitivo.

Hoy en día la inversión ya no es una opción, sino una obligación. De hecho, no se puede planificar la jubilación sin el interés compuesto que se obtiene al invertir.

A modo de ejemplo, si ahorras todos los meses 250 euros o, lo que es lo mismo, 3.000 euros al año, al cabo de 25 años tendrás 75.000 euros. Es una buena cifra.

Sin embargo, mira lo que ocurriría pusieses a trabajar ese dinero y aprovechases el interés compuesto. Con un 2% de rentabilidad anual habrías conseguido 102.934 euros, más de 25.000 euros sólo en interés.

Si fueses algo más audaz y sumases un 4% al año, un rendimiento razonable, habrías acumulado 137.932 euros y si lograses el 8%, que es la media histórica de la bolsa, el resultado sería de 257.408 euros. ¿Tienes ya claro por qué debes invertir además de ahorrar?

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