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¿Tienes el nivel de aseguramiento que necesitas?

No siempre nos aseguramos de manera correcta. Vamos a ver cuál es el nivel mínimo de aseguramiento y los seguros básicos que necesitas.

¿Tienes el nivel de aseguramiento que necesitas?

No todos necesitamos el mismo nivel de aseguramiento. Esta es una máxima que te vendrá muy bien para comenzar a decidir los seguros que más te interesan o aquellos de los que puedes prescindir. Hay que tener en cuenta que entre una situación de infraseguro y otra de sobreseguro, en el primer caso la ausencia de coberturas ante imprevistos es sin duda un problema. Pero, en el segundo caso, el sobre aseguramiento puede hacer mucho daño a nuestro bolsillo sin aportar mucho más que coberturas repetidas. Por ello hay que tratar de encontrar el punto justo acorde a nuestros intereses.

Qué seguros necesitas

Esta es la primera fase antes de contratar un seguros. Es un momento en el que vas a decidir el tipo de pólizas y riesgos que te interesan cubrir y diferenciarlas de las que, además, son estrictamente necesarias.

Lógicamente, incluso en los seguros importantes, todo va a depender de tus necesidades. No será lo mismo si eres propietario de una vivienda que si no lo eres, si eres propietario de un vehículo o de varios, si tienes a tu cargo una familia o no…

En cualquier caso, los tres seguros comunes más frecuentes serían los siguientes:

  • El seguro del coche, un seguro obligatorio y, por demás, necesario para quienes utilizamos vehículos a motor. En este tipo de seguros la enorme variedad de coberturas y la flexibilidad a la hora de elegirlas hace que podamos ajustar mucho la selección del aseguramiento necesario. No podrás circular sin un seguro de coche.
  • Seguro de hogar. Totalmente necesario cuando somos propietarios de una vivienda, e imprescindible cuando media una hipoteca en su modalidad de seguro contra incendio. Hay que tener en cuenta que los seguros de hogar también pueden ser flexibles. Dentro de las necesidades de aseguramiento debemos intentar ajustar al máximo lo que el seguro nos ofrece y lo que realmente queremos asegurar de nuestro hogar además de lo evidente, responsabilidad civil, etc.
  • Seguros de salud. Afortunadamente, cada vez en mayor medida, los españoles hemos tomado conciencia de la importancia de los seguros de salud como herramientas útiles incluso en un país en el que la seguridad social funciona relativamente bien. También aquí has de ser capaz de definir el tipo de necesidades que tienes. Obviamente no es lo mismo un seguro individual, que cubra exclusivamente tus necesidades personales, que un seguro familiar. Las coberturas y las posibilidades de estos seguros de salud hoy en día son tremendamente amplias y personalizables, de forma que podrás complementarlo con las coberturas de la Sanidad Pública.

Por supuesto, y si así lo necesitas, el mercado te va a poder ofrecer muchos tipos de seguros complementarios. Un buen ejemplo es la posibilidad de contratar seguros de ahorro, orientados a los ahorradores que buscan seguridad para su dinero, o seguros específicos por actividades, de accidentes, etcétera.

Conocer tu necesidad de aseguramiento

Un error grave que solemos cometer como usuarios es no tomar en consideración nuestras necesidades reales de aseguramiento. Debes tener claro que no existe un único modelo ni perfil de usuario, y que por lo tanto tampoco existe un modelo de aseguramiento único ni mucho menos.

Esto, sin embargo, hoy en día no tiene que ser un inconveniente. Las compañías aseguradoras te van a poder ofrecer un alto nivel de asesoramiento para detectar tus verdaderas necesidades de seguros. A la vez, las posibilidades de configuración y la flexibilidad de prácticamente todos los seguros existentes, harán que puedas configurar a tu gusto y realidad aquellos seguros que necesites demandar.

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Fiscalidad de los seguros de jubilación

Los seguros de jubilación son una buena alternativa cuando buscamos ingresos complementarios para nuestras futuras pensiones de jubilación. Repasemos a continuación el comportamiento fiscal de estos seguros de jubilación.

Fiscalidad de los seguros de jubilación

Las propias características de este tipo de productos hacen que tengan un hueco importante dentro de la preferencia de los ahorradores que buscan combinar la garantía y seguridad de un rendimiento con las características de un seguro de vida. Y es que al final un seguro de jubilación puede ser un seguro de vida o un seguro de ahorro, dependiendo de lo que elijamos.

Como veremos, desde el punto de vista de la fiscalidad, los seguros de jubilación tienen un comportamiento muy sencillo de comprender.

Fiscalidad de las aportaciones o primas satisfecha

Mientras se realizan las aportaciones a cualquier seguro de vida y ahorro estas no vienen a tener ningún tipo de deducción ni tampoco minoración dentro de la base imponible del IRPF.

Existe aquí una excepción que es la de los PPA, que presentan en sus primas una consideración de reducción de los rendimientos del trabajo hasta ciertos límites que coinciden con los de los planes de pensiones:

  • Aportación de 8.000 euros al año como máximo.
  • El 30 % de los rendimientos netos del trabajo y de actividades económicas para menores de 50 años.

En este caso la reducción máxima aplicable a la base imponible vendrá a ser la menor de las dos cantidades. Debes tener en cuenta que los límites se aplican del mismo modo cuando se suman las aportaciones de distintos PPA o planes de pensiones.

Retenciones y tipo de retención sobre los rendimientos del trabajo

Base imponible cuota íntegra base liquidable máximo tipo de gravamen
0€ 0€ 12.450 € 19%
12.450 € 2365,50 € 7750 € 24%
20.200 € 4225,50 € 15.000 € 30%
32.500 € 8725,50 € 24.800 € 37%
Más de 60.000 € 17.901,50€ En adelante 45%

Fiscalidad de las prestaciones en los seguros de jubilación

Dependiendo del tipo de seguro, de la contingencia en el momento del rescate y de las condiciones particulares del mismo pueden darse diferentes escenarios fiscales en un seguro de jubilación.

En el caso de que el tomador no sea el beneficiario, la tributación va a corresponder al impuesto de sucesiones y donaciones en lo que a seguro de vida se refiere.

Cuando el tomador y el beneficiario son la misma persona la tributación corresponde al impuesto de la renta sobre las personas físicas. En este segundo caso encontramos también dos modelos diferentes.

  • Cuando la prestación del seguro se percibe en forma de pago único. En este caso se considerará rendimiento de capital mobiliario la diferencia entre el capital que sea percibido y la totalidad de las primas satisfechas. El importe resultante queda integrado en la base imponible del ahorro según la tributación correspondiente.
  • Cuando se obtiene la prestación del seguro siendo el tomador el beneficiario la misma persona en forma de rentas, éstas también se consideran rendimientos del capital mobiliario integradas en la base imponible del ahorro pero con condiciones particulares.

En el caso de las rentas temporales se toma como rendimiento de capital mobiliario el resultante de la aplicación a cada año de unos porcentajes que se establecen en función de los años de duración de la renta

En el caso de las rentas vitalicias inmediatas se aplica para obtener el rendimiento del capital mobiliario porcentajes que van a depender de la edad del beneficiario el momento de la constitución de la renta.

Una vez que se determina el rendimiento capital mobiliario según los porcentajes aplicados a las rentas temporales o vitalicias se incrementa en la rentabilidad obtenida hasta el momento de la constitución de la renta.

Es importante tener en cuenta que en el caso de los PIA y el cobro en forma de renta vitalicia, la situación fiscal varía ya que la diferencia entre el valor de la renta cuando se percibe y la suma de las primas queda exenta de impuestos, siendo ésta la gran diferencia entre este modelo y el resto de seguros de ahorro.

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Qué es la buena fe en el seguro

La buena fe es un principio básico y fundamental de cualquier contrato de seguro, ya que viene a obligar a las partes a actuar entre sí de manera honesta. Formar parte de una serie de principios que son la base fundamental de la regulación de relaciones entre una persona que desea ser asegurada y quien le ofrece dicho aseguramiento.

Qué es la buena fe en el seguro

Principio de buena fe en el seguro

En este principio de buena fe en el seguro se entiende que ni el asegurado ni el asegurador van a interpretar de manera arbitraria el sentido de los términos acordados. Tampoco las partes van a limitar o exagerar los efectos que vienen a derivarse de la manera en la que han expresado su voluntad y adquirido sus obligaciones.

Desde el punto de vista del asegurado esto lo que viene a significar es el derecho a recibir de manera correcta los derechos convenidos pero también al cumplimiento de sus obligaciones. Aquí podemos incluir, como elementos más habituales de demostración de este principio bien aplicado, la descripción real y clara del riesgo asegurable, el pago de la prima, la comunicación real de los aspectos de un siniestro, etcétera.

Desde el punto de vista del asegurador este principio de buena fe obliga a una información lo más exacta posible de los términos de formalización del contrato, y cumplir lo convenido en dicho acuerdo. Un ejemplo es la indemnización de un siniestro de acuerdo a los términos firmados en la póliza.

En cierto sentido, la buena fe en el seguro hace que ambas partes den por hecho que los datos que se aportan son ciertos y que no hay intención de dolo, es decir, de mentir.

Otros principios en los seguros

Como indicábamos el principio de buena fe es el primero de entre los fundamentos doctrinarios de la actividad de aseguramiento, pero no es el único, vamos a repasar los demás.

  • Principio de indemnización: donde se trata de evitar el afán de lucro por parte del asegurado ajustando el acuerdo a la garantía de protección que le proteja de una pérdida o de un daño.
  • El principio de interés asegurable: en este principio se engloba el hecho de la protección del seguro sobre un bien determinado con un valor económico hasta una suma máxima de pérdida, pero, que no excede el valor real del bien.
  • El principio de subrogación que viene a facultar al asegurador, tras haber indemnizado una pérdida, a tratar de recuperar de terceros lo aportado en caso de responsabilidad si las hubiera.
  • El principio de contribución en el que cuando se materializan varios seguros sobre una misma materia la pérdida en caso de ocurrir es compartida de manera proporcional a los capitales asegurados por el resto de aseguradores.

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¿Seguro de ahorro o plan de pensiones?

Seguros de ahorro y planes de pensiones ayudan a ahorrar para la jubilación. Te damos las claves para saber cuál es mejor para ti.

¿Seguro de ahorro o plan de pensiones?

Dentro de los productos destinados a la jubilación probablemente los planes de pensiones sean los más conocidos, esto no significa que no existan otras opciones como por ejemplo los seguros de ahorro. A la hora de elegir resulta interesante conocer las diferencias entre un seguro de ahorro o un plan de pensiones, ya que ambas opciones pueden resultar más adecuadas en unos casos que en otros.

Los planes de pensiones han sido probablemente el instrumento más extendido de ahorro para la jubilación en las últimas décadas, sin embargo, el crecimiento del seguro de ahorro como alternativa para la jubilación ha sido muy elevado desde finales de la pasada década, aumentando de manera casi exponencial el número de asegurados.

Esto no es casualidad. Los seguros de ahorro para la jubilación presentan algunas particularidades que los hacen muy competitivos y en algunos casos más adecuados incluso los planes de pensiones.

En cualquier caso debemos tener en cuenta que existen diferentes modelos de seguro de ahorro, por lo que cuando realizamos una comparativa, está siempre debe tener en cuenta el modelo al que nos referimos en concreto. En este caso vamos a distinguir tres grupos comenzando por los PPA o planes de previsión asegurados.

Plan de pensiones o PPA

Dentro de un plan de previsión asegurado encontramos un producto muy similar a un plan de pensiones. En inicio se trata de un seguro de vida comercializado a través de redes bancarias, redes de agentes las aseguradoras y corredores de seguros.

Muestra el mismo modelo de liquidez condicionada y la misma fiscalidad que los planes de pensiones, aunque se diferencia de estos en la ausencia de riesgo ya que es un producto que siempre viene a garantizar el capital aportado más una rentabilidad pactada que viene a fijarse en función de la situación de los mercados financieros y de los costes de dichos mercados.

Los PPA y los planes de pensiones de algún modo son autoexcluyentes basando su gran diferencia en el hecho de la seguridad de no perder dinero en ningún caso en un PPA, algo que no pueden ofrecer todos los planes de pensiones.

Ojo, es importante que tengamos en cuenta que un plan de previsión asegurado no es un plan de pensiones garantizado. La duración del seguro de ahorro se va a ajustar siempre a la necesidad y demanda del cliente, sin embargo, los planes de pensiones garantizados poseen una vida previa establecida de antemano, donde, pasado el periodo de garantía la rentabilidad garantizada puede ser modificada.

Plan de pensiones o PIAS

Si en el caso de los PPA veíamos como estos resultaban auto excluyentes en relación a los planes de pensiones, sumando los importes hasta el límite permitido. En el caso de los Planes Individuales de Ahorro Sistemático, otro modelo de seguro de ahorro, el ahorrador va a poder realizar aportaciones periódicas (mensuales, trimestrales, anuales o extraordinarias) con límites independientes sobre los topes ya establecidos para los planes de pensiones o los PPA.

En este caso, es posible ya que, de manera legal, el dinero que se acumula viene a cobrarse a través de las denominadas rentas vitalicias con sus ventajas fiscales propias.

Por tanto en este caso no debiéramos hablar de la confrontación entre este modelo de seguro de ahorro y el plan de pensiones ya que pueden ser (de hecho son) perfectamente complementarios.

Entendido como complemento de un plan de pensiones o de un plan de previsión asegurado, el PIAS, como seguro de vida que es, viene a ofrecer un capital en caso de fallecimiento del tomador del seguro, ofreciendo a la vez una rentabilidad sobre el dinero aportado fijada de antemano (muy relacionada con la deuda pública ya que habitualmente la inversión se dirige hacia este apartado) y, no se encuentra ligado a la jubilación, esto significa que el rescate del dinero puede ser anterior al momento de la jubilación, aunque hay que fijarse en el periodo de tiempo mínimo para poder obtener las ventajas fiscales del rescate en forma de renta vitalicia (10 años)

Los seguros de rentas

Los seguros de rentas, a diferencia de los planes de pensiones, no aplican las ventajas fiscales durante el periodo de ahorro, sino que lo hacen en el momento del cobro de la prestación, es decir en este caso en el momento de la jubilación.

Este tipo de ahorros suelen orientarse a la aportación de una imposición única (que puede ser posteriormente ampliada) a través de la cual se viene a percibir una renta mensual pactada. Por ejemplo, en el caso de los PIAS, el rescate del ahorro realizado durante la vida del producto se convierte en una renta vitalicia de este modo.

Uno de los problemas de este tipo de ahorro es la falta de liquidez, si lo comparamos con los planes de pensiones vemos que estos tienen una liquidez restringida a situaciones concretas (enfermedad grave, fallecimiento, paro prolongado o amenaza sobre embargo de la vivienda hipotecada) en el caso de los seguros de rentas, este rescate aun siendo posible suelen encontrarse muy penalizado por las aseguradoras.

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Tipos de seguros de jubilación: ventajas y desventajas

La opción de los llamados seguros de jubilación ha ido creciendo de manera notable durante los últimos años entre las preferencias de los ahorradores. Por un lado, debemos tener en cuenta un crecimiento exponencial de la toma de conciencia de la necesidad del ahorro para la jubilación por parte del usuario medio, pero por otro también del aumento de la valoración de este tipo de seguros que generalmente vienen a tomar forma en los llamados planes de ahorro.

Tipos de seguros de jubilación: ventajas y desventajas

Cuando hablamos de planes de ahorro estamos haciendo referencia a un seguro de vida en el que existe una parte en forma de cobertura para el riesgo de fallecimiento o invalidez del asegurado, pero que además incorpora un sistema de ahorro retribuido para las aportaciones realizadas.

Aunque con matices dependiendo de las propuestas, una de las grandes diferencias de estos productos respecto a los planes de pensiones es la liquidez: estos seguros son efectivamente un instrumento de ahorro que puede marcarse el objetivo del cobro de una renta en la jubilación, pero que también pueden ser accesibles en lo que a capital acumulado se refiere en cualquier momento, a diferencia de los planes de pensiones que sólo pueden ser rescatados en condiciones muy concretas. Eso sí, debemos tener en cuenta que los rescates anticipados a los períodos indicados de vencimiento pueden suponer en este caso una penalización bien en forma de una cantidad determinada o incluso que afecte al interés garantizado, aunque no al principal aportado.

Generalmente estos seguros nos van a ofrecer una rentabilidad pactada de antemano, aunque pueden existir modalidades diferentes habitualmente existe una garantía de rentabilidad mínima y otra arte de rentabilidad variable que depende mucho del tipo de producto que se contrató.

Hay que tener en cuenta que estos seguros de ahorro no vienen a ofrecer inicialmente un tratamiento fiscal parecido al de los planes de pensiones, es decir no son gravables en el IRPF, sin embargo, a la hora de tributar por el cobro del capital o renta obtenida sólo obligan a la declaración de la plusvalía obtenida.

Hay que recordar también que, una de las ventajas de los planes de pensiones, la posibilidad del traslado sin penalizaciones entre planes no se da en el caso de los seguros de ahorro ya que el traspaso de uno a otro obligaría generalmente la liquidación del primero, con las posibles consecuencias de penalización que ya indicábamos.

Existen muchas ofertas personalizadas por las entidades aseguradoras, aunque vamos a encontrar dos modelos comunes muy extendidos, por un lado los PPA o Planes de Previsión Asegurados y por otro lado los PIAS o Planes Individuales de Ahorro Sistemático.

Planes Individuales de Ahorro Sistemático

Estamos, tal y como indicábamos, también en este caso ante un seguro de vida cuyo objetivo es acumular capital orientado a la jubilación del titular.

Este producto permite la realización de aportaciones periódicas para el incremento del capital pero también de aportaciones únicas, aportaciones en cualquier caso se remunerarán en función de un tipo de interés mínimo que se pacta con la compañía a la hora de la firma del producto.

La particularidad de este seguro de ahorro es la posibilidad de constituir una renta vitalicia, esto significa que llegado el momento del vencimiento (edad de jubilación) el usuario recibe una renta mensual conocida de antemano que va a depender del capital acumulado.

Planes de Previsión Asegurados

Se trata también de un seguro de ahorro (plan de ahorro) pero en este caso va a compartir algunas características comunes con los planes de pensiones.

Conserva, en tanto seguro de ahorro, no sólo la cobertura de fallecimiento o invalidez sino también las características de aportaciones e interés mínimo garantizado. Sin embargo, a la hora de la liquidez y la fiscalidad este producto se comporta más como un plan de pensiones (con sus virtudes y defectos) que como un plan de ahorro.

Además de poder realizar traspasos entre PPA, algo que otros seguros de ahorro no permiten, ofrecen una rentabilidad mínima garantizada que no siempre es habitual obtener en los planes de pensiones manteniendo las condiciones de fiscalidad de éstos.

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Así funciona la nueva fiscalidad de los seguros de ahorro

Los seguros de ahorro se han convertido en una excelente alternativa a los planes de pensiones. ¡Descubre cómo tributan tras la reforma fiscal!

Así funciona la nueva fiscalidad de los seguros de ahorro

No todos los productos financieros han quedado igual con la reforma fiscal. Las nuevas normas benefician a unos y perjudican a otros ¿Cómo dejan a los seguros del ahorro? A priori son uno de los ganadores, ya que su atractivo mejora como inversión a medio y largo plazo.

Sin embargo, el gran cambio para los seguros de ahorro es la creación de los Planes Ahorro 5, la gran apuesta del Gobierno para fomentar la inversión por parte de los particulares. Este producto puede configurarse como cuenta de ahorro, de forma parecida a las antiguas cuenta ahorro vivienda, o como seguro de ahorro. En cualquier caso, promete exención fiscal para el dinero depositado siempre cuando se conserve la inversión durante un plazo de diez años y después se rescate en forma de renta vitalicia.

En este caso el capital sólo estará garantizado en un 85%, pero por lo demás su configuración básica será de un PIAS en el que se realizan aportaciones, de las cuáles una parte se  destina a generar rentabilidad y otra al pagar el seguro de vida asociado al plan. De esta forma, el ahorrador consigue rentabilidad para sus ahorros y protección en caso de fallecimiento o invalidez.

Los PIAS también se adaptan a esta nueva gama de productos y se baja de 10 a cinco años el tiempo de inversión para poder disfrutar de sus ventajas fiscales. También se adaptan a la nueva normativa que limita a 8.000 euros al año y 2.600 euros más en aportaciones al cónyuge las aportaciones que se pueden hacer a PPA y PIAS. Esta bajada tendrá mayor incidencia en los mayores de 55 años, que hasta ahora podían aportar 12.500 euros para reducir su base imponible.

A esto hay que sumar la desaparición de la reducción del 40% en caso de rescatar el plan en forma de capital para las aportaciones anteriores a 2007. La nueva ley establece un periodo transitorio, de forma que quienes se hayan jubilado antes de 2008 disponen hasta 2016 para disfrutar de ellas. Quienes se hayan jubilado entre 009 y 2014 dispondrán de ocho años para hacer uso de esta ventaja.

Por lo demás, la fiscalidad de los seguros de ahorro sigue siendo la misma que hasta ahora, sólo que con tipos más reducidos, tanto en el IRPF general como para las rentas de ahorro.

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Cinco alternativas de ahorro a largo plazo

A la hora de planificar nuestras finanzas personales existen diferentes horizontes temporales de actuación que debemos tener en cuenta. Es decir, podemos ahorrar o invertir en el corto plazo pensando en qué tipo de vacaciones queremos disfrutar el próximo año o en el nuevo televisor de plasma que deseamos comprar. También podemos poner la vista en el medio plazo y ahorrar para cambiar de coche, redecorar la casa o pagar los estudios universitarios de nuestros hijos –más si pensamos que pueden terminar en una universidad privada-. Por último, podemos pensar a largo plazo  en gastos relacionados con nuestra jubilación o, en el caso de los más jóvenes, la futura compra de una vivienda, para la que conviene ahorrar durante bastantes años para contar con una entrada sólida.

Cinco alternativas a de ahorro a largo plazo

En este caso vamos a centrarnos en este último tramo, el ahorro a largo plazo. Para analizar los productos habrá que tener en cuenta tres variables: el riesgo, la rentabilidad y la liquidez. El primero se refiere a la posibilidad de perder todo o parte del capital, el segundo a las ganancias previstas o fijadas y el tercero a la posibilidad de retirar el dinero en cualquier momento. Una cartera bien estructurada contará con productos que asuman más y menos riesgo y, por lo tanto ofrezcan, más o menos rentabilidad, pero sobre todo, con vehículos de inversión que combinen una liquidez total con otros que no lo sean tanto.

Vamos a analizar cinco alternativas de ahorro a largo plazo que, combinadas entre sí, ofrezcan un buen equilibrio entre estos tres elementos:

Planes de pensiones: como ya hemos comentado en multitud de ocasiones, estamos ante el producto estrella para el ahorro a largo plazo, no tanto porque sea el mejor, sino por ser el más típico. Su gran ventaja es su positiva fiscalidad en lo que a las aportaciones se refiere, que permiten pagar menos impuestos dependiendo del dinero invertido.  Por el contrario, su rescate es más gravoso en términos fiscales.  Los planes de pensiones nos permitirán elegir la relación riesgo-beneficio que deseemos dependiendo del tipo de plan contratado y, además, podremos ir variando este dato simplemente con ‘saltar’ de un plan a otro. Su gran hándicap respecto a otras alternativas es su falta de liquidez, ya que no podremos recuperar el dinero hasta la jubilación –existen otros motivos como el desempleo de larga duración, pero no son muchos-.

Fondos de inversión: otra alternativa de las clásicas que cuenta con la ventaja fiscal de que no habrá que pagar impuestos por los beneficios siempre que los reinvirtamos en un nuevo fondo de inversión. Esta capacidad de diferir el pago de impuestos permitirá que el capital acumulado crezca de forma rápida. El atractivo de los fondos es que permiten diversificar nuestra inversión porque invierten en multitud de activos y elegir el ratio rentabilidad-riesgo que deseemos en cada momento. De nuevo, bastará con ‘mover’ el dinero de un fondo a otro para rebalancear el riesgo que deseamos correr. Además, cuentan con la ventaja adicional de que será posible recuperar el dinero en cualquier momento.

Bolsa: en realidad todos los activos descritos anteriormente invierten en el mercado bursátil, pero otra alternativa es hacerlo por nuestra cuenta y riesgo. El riesgo de la inversión bursátil es elevado, puesto que se puede perder todo el dinero, aunque esto es algo que también podría ocurrir con planes de pensiones y fondos de inversión no garantizados. Además, siempre se puede mitigar en cierto sentido el riesgo si se optan por acciones más conservadoras o con un historial sin grandes subidas o bajadas. Lo que no está asegurado ni mucho menos es la rentabilidad y en cuanto a la liquidez, es posible retirar el dinero en cualquier momento, aunque esto implicará en muchos casos asumir pérdidas. La inversión directa el bolsa puede ser un gran complemento a las otras alternativas como medida para tomar el pulso al mercado –nunca está de más probar, aunque sólo sea para saber lo que se siente-, como vehículo para asumir un riesgo adicional buscando también una rentabilidad adicional y porque, como suele decirse, a largo plazo la bolsa siempre sube –ojo con los dichos, que no siempre se cumplen-.

Seguros de vida y ahorro: son otro clásico que en los últimos años han vuelto a tomar fuerza de la mano los PPA. La ventaja estriba en que sí ofrecen una rentabilidad garantizada y cuentan con una fiscalidad positiva. Además, el dinero se puede recuperar en cualquier momento, si bien de hacerlo demasiado pronto no se podrá disfrutar por completo de las ventajas del producto. Lo que sí es más limitada es la rentabilidad, pues se trata de un producto eminentemente conservador.

ETFs: se podrían incluir en el apartado de bolsa, pero bien merece la pena tratarlos de forma separada. Los ETF son fondos de inversión que cotizan como si se tratase de acciones. La ventaja obvia es que permiten acceder al tipo de diversificación que ofrece un fondo de inversión, pero con las ventajas de la liquidez inmediata de las acciones. Sin embargo, su poder estriba en su capacidad para replicar índices enteros, lo que permite acceder de un solo ‘golpe y plumazo’ a todo el Ibex 35, por poner un ejemplo.

Entre las opciones hemos preferido no incluir los depósitos porque, si bien se puede concatenas un depósito tras otro, la obligación de tributar a vencimiento y su escasa rentabilidad hacen que no sean el mejor vehículo para ahorrar a largo plazo.

Imagen de Flickr por anieto2k



¿Qué es y cómo funciona el seguro de ahorro?

Los seguro de ahorro o planes de ahorro garantizados son vehículo de inversión y ahorro a largo plazo  cuya particularidad es que en realidad se trata de un seguro de ahorro y no de un plan de pensiones. De forma resumida se trata de un seguro que premia el ahorro a largo plazo.

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El funcionamiento de los planes de ahorro garantizados es muy sencillo aunque puede variar en función de la aseguradora y de la entidad financiera. Primero se establece el plazo de la inversión o del seguro de ahorro. Se trata de fijar un horizonte temporal para la inversión, que suele ser a más de cinco años y habitualmente hasta 15 y 20 años.  A continuación se determina la cantidad de dinero que se aportará mensualmente al plan de ahorro y que puede ir desde los 25 euros hasta la cantidad que se estime oportuno. Adicionalmente, algunas entidades establecen una cantidad inicial para poner en marcha la inversión.

El plan de ahorro garantizado echará a andar con esas características y lo más habitual es que durante los primeros dos años no se pueda retirar el dinero, si bien algunas entidades establecen plazos temporales superiores. A partir de ese momento podremos recuperar nuestro dinero más los rendimientos que haya generado en cualquier momento.  Para que esto no ocurra, se ofrecen bonificaciones por mantener la inversión. Además, la rentabilidad garantizada se aplicará sólo al margen temporal firmado en el primero momento.

La ventaja de este producto frente a los planes de pensiones, por poner un ejemplo, reside en  su liquidez, ya que se puede recuperar el dinero a partir del segundo año. Además, al tratarse de un seguro de ahorro, tiene vinculado un seguro de vida que pagará la cantidad pactada en caso de fallecimiento o de invalidez. La cantidad suele adaptarse a las necesidades del cliente, pero cuanto mayor sea esta menor será la rentabilidad del plan.

La fiscalidad de estos productos es similar a la del resto de seguros de inversión, por lo que las aportaciones no se podrán desgravar en el IRPF, como ocurre con los planes de pensiones. Lo mismo habrá que aplicar al momento del rescate, cuando se integrará en la renta del ahorro, que establece tres tramos en función de las ganancias obtenidas. Los tramos vigentes en estos momentos son los siguientes:

  • 21% para los primeros 6.000 euros
  • 24% para el resto hasta 24.000 euros
  • 27% a partir de 24.000 euros

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