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5 libros de finanzas que debes leer

La cultura financiera es fuente de salud económica. Una buena manera de cimentarla es acudir a la lectura de libros de finanzas. Vamos a descubrir cinco interesantes lecturas para todos los públicos.

Desde luego no vamos a convertirnos en expertos de la noche a la mañana por la lectura de estos libros, pero sí podemos adquirir determinados conocimientos y herramientas que nos permitan entender mejor tanto nuestras finanzas personales como la economía en general.

Esto no quiere decir que esta selección sea básica. Hay libros de finanzas de un nivel más asequilbes, pero quizás menos interesantes.

Piense y hágase rico, de Napoleón Hill

Se trata de uno de los clásicos de la literatura de finanzas, orientado a lo motivacional. En este libro, todo un betseller con millones de lectores, se dan la mano las finanzas personales con el crecimiento intelectual y espiritual.

El autor propone un todo entre estas tres cuestiones y ofrece ideas y estrategias adaptadas según cada persona. Un clásico de la literatura de finanzas asequible.

Los secretos de la mente millonaria, de T. Harv Eker

Este libro arranca de la propia experiencia del autor quien, tras atravesar un periodo difícil de bancarrota, consiguió en dos años obtener éxito económico, construir una importante firma de consultoría y convertirse en millonario.

El libro parte del análisis sobre lo que las personas con grandes fortunas hacen y piensan de manera diferente al resto de las personas. A partir de aquí nos propone una serie de caminos a recorrer en busca del éxito financiero.

19 secretos que tu vecino millonario no va a decirte, de Thomas Stanley

El éxito de los millonarios y las personas con grandes fortunas se encuentra muy presente en buena parte de los libros de finanzas más asequibles. Generalmente, el tema parte del análisis o la interpretación personal del autor, sin embargo, este caso es diferente.

El autor se basa en una larga cadena de entrevistas e investigaciones sobre millonarios para elaborar una teoría particular, en la que, muestra cómo los millonarios que mejor aprovechan su fortuna y que más partido sacan a su dinero se alejan de estereotipos basados en el gran consumo y la ostentación. Un libro muy interesante que nos presenta una faceta tal vez algo desconocida sobre las grandes fortunas del mundo.

El código del dinero, de Raimon Samso

En este libro vamos a encontrar dos caminos muy interesantes y a tener en cuenta. Por un lado, el autor nos va a proporcionar una serie de consejos e ideas orientados a utilizar nuestro ahorro y sacar mayor partido de nuestro dinero, lo cual sin duda es interesante.

A la vez, el libro desarrolla una atractiva teoría sobre la combinación entre el desapego, ciertos toques de frugalidad y como la libertad financiera es la base de la prosperidad en las finanzas personales. Sin duda otra lectura muy interesante a tener en cuenta para mejorar nuestra cultura financiera.

La transformación total de su dinero, de Dave Ramsey

A primera vista puede parecer otro libro de consejos para mejorar las finanzas personales. Si bien es cierto que este es el objetivo que se nos propone, las herramientas a través de las que podemos lograr dicho objetivo son novedosas y muy interesantes.

El autor ataca y elimina una gran cantidad de mitos generados sobre el manejo de las finanzas personales y el dinero, dando especial importancia a los factores que nos hacen gastar más de lo que tenemos que gastar y acrecentar nuestras deudas de manera innecesaria. Se trata en definitiva de un plan económico para racionalizar el uso de nuestro dinero de muy recomendable lectura.

Ahora sólo falta elegir con cuál empezar y apuntarlos todos como lecturas vertaniegas.

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Historia de la tarjeta de crédito

Hoy en día hablamos de la tarjeta de crédito como un método de pago universal. Parece que las tarjetas de crédito llevan acompañándonos toda la vida, pero, realmente y a diferencia de otros productos financieros, son relativamente jóvenes. Descubramos la historia de las tarjetas de crédito.

Desde los años 20 del pasado siglo y fundamentalmente en Estados Unidos, aunque también en el ámbito europeo, las grandes compañías y los grandes almacenes comenzaron a emitir lo que se denominaba tarjeta de cortesía. Eran unas tarjetas, generalmente metálicas, sólo aceptadas por el emisor y que se entendían como un gesto de deferencia con el cliente habitual para ofrecer descuentos y, posteriormente, para realizar las compras a crédito.

No será hasta los años 50 del siglo XX cuando la aparición de la tarjeta Diners Club lo cambie todo. El concepto inicial de esta tarjeta era radicalmente más abierto que todo lo que se había conocido hasta el momento.

Se trataba de una tarjeta de menor tamaño, emitida en cartón, y orientada a la universalidad del pago en el ámbito de la restauración. Lo que se proponía era una tarjeta que pudiera utilizarse más allá del propio restaurante emisor. La incorporación de los restaurantes, hasta entonces poco presentes en las tarjetas de cortesía, fue sin duda uno de los impulsores de la que podemos considerar abuela de las actuales tarjetas de crédito.

Esta tarjeta primitiva cobraba a los comerciantes un 7% de tarifa por transacción, pero ofrecía la seguridad de un aumento de clientela y de transacciones para los comercios, por lo que la cuota de comisión no fue difícil de asumir. Por otro lado, al usuario le posibilitaba la opción de no abonar de manera inmediata sus comidas o cenas y hacerlo en una única factura a final de mes, algo que fue revolucionario y muy bien aceptado.

Durante los primeros años de la década de los 50, la tarjeta va creciendo en clientes y prestigio a la vez que van surgiendo los primeros competidores. No será sin embargo hasta el año 1958 cuando las grandes empresas decidan apostar por esta industria con la aparición de American Express y las primeras tarjetas de plástico Bank of America o la marca Carte Blanche propiedad de los hoteles Hilton.

El inicio de la industria de las tarjertas de crédito

De entre todos los competidores es Bank of America quien apuesta de manera más decidida por la innovación. Esta innovación viene dada, otra vez, por la universalidad del pago. Hasta ese momento el resto de tarjetas se orientaban a los lugares de ocio, a los viajes y a los restaurantes.

La propuesta de Bank of America, al principio limitada a California, comienza a abrirse a otro tipo de comercios y pagos. También comienza a proporcionar otras opciones al margen de los pagos en factura única a fin de mes.

Tras una época de consolidación, será a finales de los 60 cuando la firma bancaria comience a emitir tarjetas a bancos en otros estados, ampliando el rango del negocio. En el caso de Estados Unidos también es este el punto en el que la industria de la tarjeta de crédito multiplica sus redes, con la aparición Asociación de Tarjetas Interbancarias.

Con el tiempo la tarjeta inicial de Bank of America derivó en lo que hoy conocemos como Visa, mientras que la Asociación de Tarjetas Interbancarias cambió su nombre a MasterCharge, que más tarde se convirtió en MasterCard.

Aunque ahora cueste ponerse en situación, en las décadas de los 70 y 80 del pasado siglo la elección de una u otra de entre estas tarjetas tenía su miga. Hay que tener en cuenta que no todas las tarjetas se aceptaban en todos los sitios, por lo que poco a poco los emisores fueron añadiendo nuevas ventajas para poder competir entre sí.

Será a finales de la década de los 80 cuando Sears presenta la tarjeta Discover. Éste lanzamiento supone otro salto adelante en la industria de la tarjeta de crédito, ya que se convierte en una de las primeras tarjetas de reembolso al ofrecer al consumidor descuento sobre las compras. Esto, a su vez, abrió las puertas a que los emisores, que buscaban imponer su tarjeta independientemente de la firma de fondo, comenzarán a ofrecer cada vez en mayor medida ventajas en forma de intereses bajos, bonificaciones o descuentos.

Es este el panorama, desde finales del siglo pasado, el que nos lleva a un punto en el cual son las propias entidades emisoras, independientemente de si se emiten bajo Visa o Mastercard, quienes buscan ofrecer mayor número de ventajas o bonificaciones en competencia. Por otro lado, también hemos asistido a la progresiva desaparición de algunas comisiones estándar durante décadas como la comisión por contratación, que, han sido sustituidas por otras como la comisión por disposición en efectivo.

En la actualidad, y con la incorporación de los métodos móviles de pago, las tarjetas de crédito se encuentran en un periodo de reflexión en cuanto a su papel en la industria financiera. Estamos asistiendo ya a lo que probablemente sea una nueva reinvención de este método de pago tan utilizado.

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Economía, Historia · Escrito por el 23/02/17


Cómo afecta el IPC a tus inversiones o por qué tu dinero no deja de perder valor

La caída de la bolsa tras la crisis y la polémica con productos como las denostadas preferentes han llevado a muchos inversores a plantearse retomar antiguas costumbres en lo que a su dinero se refiere y guardar los ahorros debajo del colchón. Es lo que hemos visto hacer a nuestros abuelos y la forma que muchos entienden como más segura de tener su dinero lejos de los riesgos del mercado.

Cómo afecta el IPC a tus inversiones o por qué tu dinero no deja de perder valor

¿Es un colchón un buen producto financiero? Desde luego tiene sus ventajas. La primera su 0% de comisiones (no todas las cuentas lo tienen). Por el contrario, su rentabilidad también es del 0% TAE o TIN, en este caso dará igual. Dicho de otra forma, que no genera ningún beneficio, como es lógico.

Es fácil pensar que no pasa nada, que así ni se gana ni se pierde y por lo menos se asegura el dinero. Craso error.  Cada vez que dejamos nuestro dinero quieto, éste pierde valor por el simple efecto de la inflación. 50 euros hoy valen menos que 50 euros de mañana y por supuesto mucho menos que 50 euros dentro de 10 años.

Y es que cada vez que el IPC sube y con él el coste de la vida podemos hacer menos cosas con el mismo dinero. Ahí es donde radica la pérdida de valor.

Para que lo entiendas mejor, si el IPC se revaloriza un 1% pero nuestro salario no, nosotros seguiremos ganando lo mismo, pero como los productos y servicios habrá aumentando su precio, nuestro dinero valdrá menos. Con el mismo capital podremos comprar menos cosas.

Imagina que tienes un euro y con él puedes tomarte un café todas las mañanas. Con el cambio de año el bar actualiza sus precios al IPC y el café pasa a costar 1,1 euros (un 10% más por efectos de la inflación). Tú sigues teniendo el mismo euro, pero ya no puedes tomarte un café con él. Su valor ha caído.

Evidentemente, cuando el IPC baja o entramos en un entorno de deflación, el proceso se invierte. Es decir, el valor de nuestro dinero aumenta, ya que los precios caen. Precisamente por esto la deflación es tan peligrosa para la economía, ya que ante la perspectiva de la caída de precios el consumo se frena. ¿Quién va a comprar una televisión, por ejemplo, si sabe que mañana valdrá un 2% menos? Esto, aplicado a los mercados financieros, tiene un efecto devastador.

La importancia hacer crecer tus ahorros

El efecto del IPC sobre nuestro dinero es lo que hace que sea necesario moverlo contantemente en busca de nuevas inversiones para que se revalorice. En este sentido, toda inversión que no supere la inflación, que no tiene por qué ser necesariamente la que marca el IPC, nos estará haciendo perder dinero a efectos prácticos.

Si conseguimos ganar un 1% mediante, por ejemplo, un depósito, pero el coste de la vida se encarece un 1,5%, estaremos perdiendo esa diferencia de medio punto porcentual de poder adquisitivo. Esa es la diferencia entre el rendimiento real de un producto y el que verás anunciado.

Y ahora ¿dejarás quieto tu dinero? El interés compuesto es la mayor fuerza del universo, aseguran que afirmó Albert Einstein y la verdad que en términos de sacar beneficio al ahorro, no hay una herramienta más importante. ¿En qué consiste el interés compuesto? De forma muy resumida: en reinvertir cada año los beneficios que obtienes por tu dinero, de forma que cada vez obtienes intereses de un capital inicial mayor. Es el típico efecto de bola de nieve.

Si tuvieses que elegir entre un céntimo que cada día dobla su valor durante un mes o recibir 5.000 euros todos los días durante ese mismo periodo. Seguro que tu respuesta automática es la segunda, 155.000 euros asegurados sin tener que hacer grandes cálculos. Una buena cifra y sin embargo muy inferior de lo que conseguirías con la primera opción. ¿Cómo puede ser posible? Gracias de nuevo al interés compuesto.

Las matemáticas no engañan, multiplica por dos el valor de un céntimo durante 31 días y tendrás la escalofriante cifra de 10,73 millones de euros. El camino al principio será lento y si escogiste esta vía es fácil que tras 10 días y sólo 5,12 euros en cuenta te estuvieses arrepintiendo. A los 20 días las cosas irían algo mejor con 5.242,8 euros pero todavía muy lejos de los 155.000 euros. Por fortuna, a partir de ese momento el crecimiento se dispara. Apenas 5 días más tarde la cuenta sumaría 167.772,16 euros y el día 28 superaría el millón de euros.

Si las cuentas no te cuadran esta es la progresión completa

Cómo afecta el IPC a tus inversiones o por qué tu dinero no deja de perder valor

Esta es la verdadera magia del interés compuesto.

¿Aplicado a tus inversiones?

También existe una enorme diferencia. Si sólo ahorras no tendrás la mitad que si ahorras e inviertes. Sin tener en cuenta el efecto de la inflación, para 10.000 euros de partida más un ahorro mensual de 250 euros, al cabo de 25 años tendrás 85.000 euros en tu cuenta. Si hubieses invirtiendo ese dinero y logrado un 8% anual, el interés compuesto te hubiese generado 305.000 euros.

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Cómo se financiarán las pensiones cuando no quede nada en el Fondo

Probablemente ya hayas leído o escuchado sobre las retiradas de dinero del Fondo de Reserva de la Seguridad Social y también sobre la posibilidad de que éste se agote. ¿Cómo se financiarán las pensiones si se agota el fondo de reserva?

Cómo se financiarán las pensiones cuando no quede nada en el Fondo

Este fondo de reserva se creó en el año 1997 con un objetivo concreto: tener una cantidad de dinero en reserva como remanente para el pago de las pensiones si se diera la situación de necesidad que obligara a ello. De esta manera incluso ante una situación crítica se vendría a garantizar el cobro de las pensiones de jubilación.

Sin embargo, en estos casi 20 años transcurridos la disminución de ingresos del Estado en una situación de crisis ha hecho que se haya recurrido al fondo en diversas ocasiones para realizar los pagos de las pensiones. A esto hay que sumar una situación en la que, ya en la actualidad, la cotización del trabajador y de las empresas en relación al pensionista es de dos a uno. En otras palabras, dos asalariados por cada pensionista. Todo ello en un contexto en el que la caída del empleo ha obligado sistemáticamente a recurrir al fondo.

¿El resultado? La previsión de agotamiento del fondo para el próximo año 2017. Y en esta situación, realmente preocupante, tampoco hay muy buenas noticias en cuanto a medidas que puedan aplicarse a la financiación de las pensiones.

En primer lugar el futuro demográfico inmediato de nuestro país nos muestra cómo se reduce el número de trabajadores y aumenta el número de pensionistas. Esta realidad, que cargará cada vez en mayor medida la relación cotizantes/jubilados, se prevé que alcance un estado crítico alrededor del año 2025.

A fecha de hoy sólo conocemos intenciones, por parte de los partidos políticos, de buscar consenso para tratar de implementar herramientas orientadas a financiar el déficit de la seguridad social, bien a través de los presupuestos del Estado o de procedimientos extraordinarios. Sin embargo, los pasos aún son pocos y poco concretos.

Para el año 2017 se está considerando reconducir el pago de las prestaciones de viudedad y orfandad a través de las propias cuentas del Estado, esto vendría a suponer un respiro para el sistema, pero un respiro transitorio.

Hay que tener en cuenta que en la actualidad en nuestro país existen 17,7 millones de cotizantes mientras que el cálculo más optimista para una relación correcta entre cotizantes y pensiones de jubilación sería el de 20 millones de personas cotizando. Esto significa un aumento de empleo y cotizaciones que a fecha de hoy no parece desde luego cercano.

Una posibilidad aún más dura es la reforma del acceso a las prestaciones, endureciendo dicho acceso, e incluso una reducción elevada de las prestaciones. Hoy en día estas posibilidades aún no parecen ganar peso, sin embargo, desde luego a medio y largo plazo no son descartables.

Por último existen otras medidas a medio plazo para buscar una financiación adecuada para las pensiones públicas que tienen que ver con el retraso en la edad de jubilación y el aumento del cómputo de la pensión a toda la vida laboral.

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¿Existen de verdad las inversiones seguras?

Cuando invertimos no pensamos en perder nuestro dinero. Aun así, conocemos el riesgo que se asume en la inversión. Pero, ¿existen inversiones seguras que lo eliminen del todo y ofrezcan rentabilidad?

¿Existen de verdad las inversiones seguras?-1

La respuesta es no. No existe ninguna inversión 100% segura, sin embargo, no es menos cierto que existen algunas maneras de invertir con mayores niveles de seguridad. En cualquier caso incluso estas inversiones más seguras no sólo tienen pros, también encontraremos contras.

Ahorro en efectivo

Si no expones tu dinero se supone que no podrás perderlo. El ahorro en efectivo, es decir, guardar dinero en cuentas de ahorro básicas o productos similares, no proporciona riesgo de mercado como otras inversiones.

Por tanto, efectivamente ahorrar dinero en metálico es seguro y teóricamente ocurra lo que ocurra en los mercados no perderemos ese dinero. El problema es que esta afirmación no es del todo cierta. Es relativo que no se pierda dinero.

En primer lugar a largo plazo el dinero va a perder valor si hay inflación. A efectos prácticos sí que estaremos perdiendo dinero.

Por otro lado, tener el dinero en metálico y a mano hace que sea más fácil usarlo y gastarlo. Así, no sólo nuestro dinero pierde valor, sino que probablemente gastaremos más de lo necesario.

Bonos públicos

La inversión en bonos y letras del tesoro es un clásico entre quienes desean asumir poco riesgo para su dinero invertido.

Este tipo de inversión se encuentra muy presente en muchas carteras de jubilación,  bien de manera directa o a través de su presencia en otros productos. Generalmente estos bonos vienen a asegurar un rendimiento que evita la penalización de la inflación que veíamos anteriormente en el ahorro en metálico. Además, se trata de un ahorro garantizado y seguro.

En el otro vértice no resultan ser grandes inversiones si pensamos construir una cartera de ahorro a futuro exclusivamente a base de bonos. Hay que tener en cuenta que la rentabilidad ofrecida por esta fórmula de inversión también es susceptible a los movimientos de tasas de interés. Esto lo comprobamos hoy en día con el bajísimo retorno que los bonos públicos vienen a ofrecer.

Oro

El oro es otro de esos supuestos valores seguros para quien desea ahorrar y no asumir grandes riesgos. Es lo que se denomina un valor refugio.

Tradicionalmente al oro se le ha considerado una herramienta muy eficaz contra la inflación y una inversión correcta como medida de protección ante movimientos de mercado negativos. Es cierto que el balance histórico de la inversión en oro es positivo: aquellos que en los malos momentos económicos apostaron por el oro mantuvieron mejor su riqueza que quienes apostaron por otras inversiones.

Por tanto, desde el punto de vista de la seguridad el oro históricamente ha sido un baluarte del ahorrador que quiere pelear contra los malos momentos generalizados en la economía.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Hoy en día sabemos que esta fama de mejor herramienta anti inflación ha sido a menudo exagerada, y, también sabemos que el oro pierde valor.

Por otro lado hay que pensar que el precio del oro es volátil y generalmente no presenta el mismo retorno al alza de la inversión en acciones. En definitiva ni es tan seguro como se pensaba ni necesariamente ofrece las mejores rentabilidades en relación a otras opciones.

Seguros de ahorro

En un momento muy complicado para la rentabilidad de los productos garantizados los seguros de ahorro se han convertido en una alternativa muy interesante.

Generalmente esta combinación entre seguro de vida y producto de ahorro garantizado que son los PPAs y los PIAs viene a ofrecer mejores rentabilidades que otras opciones como depósitos o cuentas de ahorro. A esta gran ventaja hay que añadir el hecho de tratarse de productos con ausencia de riesgo.

En cualquier caso hay que recordar que no se trata de un modelo de ahorro compatible con la necesidad de liquidez inmediata, las penalizaciones a la hora de rescatar estos seguros antes del plazo suelen ser elevadas. Por otro lado acorde a todos los productos garantizados, la rentabilidad de los seguros de ahorro también se ha visto mermada en los últimos años.

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Cuándo puedes trabajar y cobrar la pensión

Existe la opción de trabajar y cobrar la pensión de jubilación. Eso sí, bajo reglas muy concretas como la jubilación parcial o la figura del pensionista activo.

Cuándo puedes trabajar y cobrar la pensión

Técnicamente, tras la jubilación el pensionista no puede compatibilizar trabajos por cuenta ajena o por cuenta propia. Es decir, tras acceder a la pensión de jubilación no podremos trabajar de manera legal. Existen, como indicábamos la excepción de la jubilación parcial o la figura del pensionista activo que posibilitan este hecho.

La jubilación parcial

Este modelo de jubilación va a permitir que un trabajador por cuenta ajena acceda a su jubilación de manera parcial y pueda compatibilizarla con un trabajo también realizado a tiempo parcial.

En la jubilación parcial, la jornada laboral a la que se puede acceder será reducida  y el salario a percibir que deberá ser entre un mínimo del 25% y un máximo del 50%.

De este modo la cuantía de la pensión resultará de la aplicación del porcentaje de reducción de jornada al propio importe de la pensión que le correspondería al trabajador, es decir, contando los años de cotización acreditados en la fecha de la entrada en vigor de dicha jubilación.

Hay que remarcar que en este caso se aplican las normas generales del régimen de la Seguridad Social correspondiente, pero no los coeficientes adicionales que corresponderían en otros escenarios.

También hay que tener en cuenta que en este cálculo la pensión nunca será inferior a la cuantía resultante de aplicar el porcentaje en cuestión al importe de la pensión mínima vigente en cada momento para los jubilados mayores de 65 años (siempre teniendo en cuenta la situación personal y familiar de cada jubilado).

El pensionista activo y otras opciones

Dentro de los trabajos que se pueden realizar distinguiremos los trabajos según los términos que quedan establecidos en la jubilación flexible, es decir reduciendo la pensión de jubilación en función de lo aplicado en la jornada de trabajo parcial.

También sería posible realizar trabajos por cuenta propia, en este caso teniendo en cuenta los ingresos anuales y que éstos no superen el SMI o Salario Mínimo Interprofesional.

También, en el caso de haber llegado a la edad de jubilación será posible realizar trabajos tanto por cuenta ajena como por cuenta propia. En este caso, el de la figura del pensionista activo, podrán realizarse trabajo a tiempo completo a tiempo parcial cobrando hasta el 50% de la pensión correspondiente (sin repercutir con cotización en la base de cotizaciones) accediendo posteriormente al total de la pensión correspondiente al finalizar el contrato o el período laboral que corresponda.

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Cómo afectará el Brexit a tu economía

El referéndum de salida de Reino Unido de la Unión Europea, lo que se ha dado por conocer cómo Brexit va a traer consigo cambios muy importantes. Así puede afectar a tu economía personal.

Cómo afectará el Brexit a tu economía

La mejor manera de descubrir cómo puede afectar a tu economía la salida de Reino Unido de la Unión Europea es hacerlo en función de diferentes ámbitos, ya que no todas las cuestiones afectarán del mismo modo.

En primer lugar hay que tener en cuenta que, salvo los movimientos de mercado que se han dado de manera inmediata, desde el momento de la comunicación de la salida de Reino Unido de la unión pasara un periodo mínimo de dos años antes que ésta se haga efectiva. Esto es importante porque aún ni siquiera se ha solicitado esta salida, por lo que este periodo de transición no se ha abierto.

Por tanto, todo lo que podemos hacer es especular a dos años vista como mínimo, ya que durante el periodo ventana los cambios no serán efectivos, o al menos no serán radicales.

Cambios en el empleo

Hay diferentes posibles escenarios para el empleo, tanto desde el punto de vista de los españoles que trabajan o desean trabajar en Reino Unido como viceversa.

El primero de ellos es la adhesión de Reino Unido al Espacio Económico Europeo. En este supuesto no variaría mucho la situación, se mantendría la libre circulación de trabajadores y no sería necesario el permiso de trabajo. Esto se daría en ambos casos, españoles en Reino Unido y británicos en España.

Otro escenario es el de los acuerdos bilaterales con la unión europea. En este supuesto la situación sería igual a la del escenario anterior.

Donde variaría de manera radical la situación es en caso de acuerdo sin inclusión de libre circulación. En este caso, salvo acuerdos bilaterales concretos, serían necesarios tanto los visados como los permisos de trabajo. Esto se daría tanto en caso de trabajadores españoles en Reino Unido como de trabajadores británicos en España.

Inversión y ahorro

Aquí va a depender mucho de factores diversos. Los movimientos de los mercados en las últimas semanas tienen que ver con una reacción inmediata a la situación, pero, no descartes que en los próximos años se den más momentos parecidos, en función de las decisiones que se vayan tomando.

A partir de la materialización de la salida también va a depender mucho de donde tenemos colocado nuestro dinero y la evolución de los mercados. Por ejemplo, el valor de las compañías españolas en Reino Unido variará en función de las políticas que este país adopte, y por tanto, nuestros productos de inversión que apuestan en esas compañías también se movilizarán en el mismo sentido. Algo similar ocurre con las compañías británicas o con los valores de este país.

El escenario de la ruptura tiene como base una depreciación inicial de la libra británica. Esto sin duda afecta y afectará si ocurre de manera global al conjunto de las inversiones. Lo que está por ver es durante cuánto tiempo y en qué medida.

En cuanto a las inversiones domésticas, estas evolucionarán en función de la evolución global de los mercados, es muy complejo establecer ahora mismo un escenario geopolítico común que se va a dar de aquí a tres años y relacionarlo con cómo va a evolucionar los mercados. Entre los analistas a fecha de hoy hay opiniones de todo tipo, desde las catastrofistas que hablar de una segunda y más intensa recesión económica, hasta las más optimistas que hablan de un impacto no excesivamente elevado sobre la economía global de la Unión Europea.

Sobre las pensiones

Cara los efectos que en la seguridad social pueda tener la salida de Reino Unido de la Unión Europea, y más concretamente sobre los periodos de cotización y las pensiones, hay que situarse prácticamente en los mismos escenarios que cuando nos referíamos al empleo.

Tanto en un escenario de adhesión al Espacio Económico Europeo como de acuerdo bilateral con la unión, se seguirían aplicando los reglamentos comunitarios de coordinación entre los sistemas de seguridad social. Esto significa el cómputo recíproco de los periodos de cotización indistintamente del país en el que se realiza, y la garantía de acceso a las prestaciones.

Sin embargo, en un escenario de asociación o de libre comercio, del mismo modo que se limitaría la libre circulación de trabajadores, los reglamentos comunitarios dejarían de ser aplicables. Esto significaría la necesidad de buscar soluciones y fórmulas para no perder lo ya cotizado hasta el momento y las futuras cotizaciones.

Los ingresos por turismo

Anualmente más de 15 millones de británicos visitan España, esto es prácticamente el 25% del turismo extranjero en nuestro país, y además representa casi también el 25% de los ingresos por turismo extranjero.

Teniendo en cuenta la importancia de este sector económico es normal la preocupación que se ha extendido a nivel general sobre lo que puede ocurrir tras el Brexit.

Lo cierto es que la salida de Reino Unido la Unión Europea no tiene por qué alterar la preferencia de los británicos por nuestro país. El único punto a tener en cuenta es la posible depreciación de la libra.

Esta depreciación, aunque haría perder algo de fuerza al sector, significaría probablemente más dificultad para el ciudadano británico que impacto real sobre un sector que va a seguir sostenido por pares es muy vinculados al euro como Alemania, Francia e Italia.

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¿Por qué en España no proliferan los planes de empresa?

Los planes de pensiones de empresa no son una opción muy extendida en España. Existen diversos motivos por los que los planes empresa no proliferan: vamos a repasar los más importantes.

¿Por qué en España no proliferan los planes de empresa?

En cualquier caso, lógicamente, lo primero es conocer un poco más a fondo los planes de pensiones de empresa.

Qué son los planes de empresa

Se trata de planes de pensiones impulsados por una sociedad o empresa, que, también pueden ser impulsados por cualquier tipo de entidad o corporación.

En este tipo de herramientas de inversión a largo plazo los partícipes son los empleados, también pudiendo incluirse personal con relación laboral de carácter especial y socios trabajadores dentro de los planes de empleo que se promueven por las sociedades cooperativas y laborales.

Del mismo modo, los empresarios individuales que promueven un plan de pensiones del sistema de empleo pueden integrarse como partícipes, y también es posible que dos o más empresas puedan constituir en conjunto un plan de pensiones de empleo.

Es importante tener en cuenta que no puede realizarse de manera simultánea la acción de promover un plan de pensiones de empresa con la condición de tomador de un plan de previsión social empresarial.

Estos planes cumplen algunos principios básicos, comenzando por el principio de no discriminación. Todo el personal empleado por el promotor queda acogido al plan, o en su defecto, en condiciones de acogerse al plan sin exigencia de antigüedad superior a los dos años para acceder al mismo. Esta condición además puede ser regulada de manera que se pueda acceder al plan incluso desde el momento mismo de la entrada en plantilla.

Sí es posible la diferenciación de aportaciones a cada partícipe. Esta diferenciación se puede realizar a partir de regímenes diferenciados de aportaciones y prestaciones o articulando sub planes dentro del mismo plan, siempre que se encuentre acorde a los acuerdos colectivos o las propias disposiciones del plan.

En cuanto a su capitalización, los planes de empresas se instrumentalizan a través de sistemas financieros, y presentan irrevocabilidad en las aportaciones. Es decir, aquellas aportaciones realizadas por el promotor a estos planes son irrevocables independientemente del desembolso efectivo.

En definitiva, un plan de empresa es un plan de pensiones promovido por la propia empresa, destinado a los trabajadores de la misma, y al que pueden acogerse todos los integrantes de la plantilla. En este plan las aportaciones partirán de la empresa y no del trabajador.

¿Por qué en España no proliferan los planes de empresa?

En nuestro país aún la cultura financiera medida es escasa, y esto aplicado al caso que nos ocupa hace que los planes de pensiones de empresa no sean un elemento ni codiciado por el trabajador, ni muy reconocido por el empresario.

Evidentemente, lo anterior es una apreciación que se puede extrapolar de otras cuestiones como, por ejemplo, los años de retraso con respecto a economías muy cercanas a la nuestra en cuanto a la normalización de la contratación de planes de pensiones individuales.

Sin embargo, tampoco la situación legal de los planes de empresa ayuda mucho a su difusión. La regulación sufrida por esta figura en el año 2014 hace que resulten incluso menos atractivos.

Recordamos que a finales de 2014 se eliminaban los incentivos fiscales que acompañaban a los planes de pensiones de empleo. Hasta ese momento el hecho de promover como empresa un plan de empleo tenía un efecto neutro para el trabajador, ya que permitía la deducción al considerarse pago en especie tras el incremento la base salarial. Por el lado de la empresa también estas aportaciones resultaban fiscalmente atractivas.

La modificación de las fórmulas de retribución en especie que no se integraban en la base de cotización a la seguridad social, y que ya en esa fecha comenzaron a hacerlo, también incluyó las aportaciones de empresa a los planes de pensiones de empleo.

Desde entonces la aportación realizada por una empresa a favor del trabajador se considera aumento de la base salarial y por tanto eleva la base de cotización, y por extensión la cuota a abonar a la seguridad social. Esto afecta tanto al empleado al que se le descuenta lo correspondiente de su cuota total de seguridad social, como a la empresa que paga el resto.

Sobre el papel esto supone un encarecimiento directo de los planes de pensiones de empresa, que no sólo ha afectado a aquellas que ya los ponían en práctica, sino que se convierte en un elemento desmotivador para aquellas empresas que consideraran incorporar esta figura.

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Economía, Historia · Escrito por el 05/07/16


¿Seguro de ahorro o plan de pensiones?

Seguros de ahorro y planes de pensiones ayudan a ahorrar para la jubilación. Te damos las claves para saber cuál es mejor para ti.

¿Seguro de ahorro o plan de pensiones?

Dentro de los productos destinados a la jubilación probablemente los planes de pensiones sean los más conocidos, esto no significa que no existan otras opciones como por ejemplo los seguros de ahorro. A la hora de elegir resulta interesante conocer las diferencias entre un seguro de ahorro o un plan de pensiones, ya que ambas opciones pueden resultar más adecuadas en unos casos que en otros.

Los planes de pensiones han sido probablemente el instrumento más extendido de ahorro para la jubilación en las últimas décadas, sin embargo, el crecimiento del seguro de ahorro como alternativa para la jubilación ha sido muy elevado desde finales de la pasada década, aumentando de manera casi exponencial el número de asegurados.

Esto no es casualidad. Los seguros de ahorro para la jubilación presentan algunas particularidades que los hacen muy competitivos y en algunos casos más adecuados incluso los planes de pensiones.

En cualquier caso debemos tener en cuenta que existen diferentes modelos de seguro de ahorro, por lo que cuando realizamos una comparativa, está siempre debe tener en cuenta el modelo al que nos referimos en concreto. En este caso vamos a distinguir tres grupos comenzando por los PPA o planes de previsión asegurados.

Plan de pensiones o PPA

Dentro de un plan de previsión asegurado encontramos un producto muy similar a un plan de pensiones. En inicio se trata de un seguro de vida comercializado a través de redes bancarias, redes de agentes las aseguradoras y corredores de seguros.

Muestra el mismo modelo de liquidez condicionada y la misma fiscalidad que los planes de pensiones, aunque se diferencia de estos en la ausencia de riesgo ya que es un producto que siempre viene a garantizar el capital aportado más una rentabilidad pactada que viene a fijarse en función de la situación de los mercados financieros y de los costes de dichos mercados.

Los PPA y los planes de pensiones de algún modo son autoexcluyentes basando su gran diferencia en el hecho de la seguridad de no perder dinero en ningún caso en un PPA, algo que no pueden ofrecer todos los planes de pensiones.

Ojo, es importante que tengamos en cuenta que un plan de previsión asegurado no es un plan de pensiones garantizado. La duración del seguro de ahorro se va a ajustar siempre a la necesidad y demanda del cliente, sin embargo, los planes de pensiones garantizados poseen una vida previa establecida de antemano, donde, pasado el periodo de garantía la rentabilidad garantizada puede ser modificada.

Plan de pensiones o PIAS

Si en el caso de los PPA veíamos como estos resultaban auto excluyentes en relación a los planes de pensiones, sumando los importes hasta el límite permitido. En el caso de los Planes Individuales de Ahorro Sistemático, otro modelo de seguro de ahorro, el ahorrador va a poder realizar aportaciones periódicas (mensuales, trimestrales, anuales o extraordinarias) con límites independientes sobre los topes ya establecidos para los planes de pensiones o los PPA.

En este caso, es posible ya que, de manera legal, el dinero que se acumula viene a cobrarse a través de las denominadas rentas vitalicias con sus ventajas fiscales propias.

Por tanto en este caso no debiéramos hablar de la confrontación entre este modelo de seguro de ahorro y el plan de pensiones ya que pueden ser (de hecho son) perfectamente complementarios.

Entendido como complemento de un plan de pensiones o de un plan de previsión asegurado, el PIAS, como seguro de vida que es, viene a ofrecer un capital en caso de fallecimiento del tomador del seguro, ofreciendo a la vez una rentabilidad sobre el dinero aportado fijada de antemano (muy relacionada con la deuda pública ya que habitualmente la inversión se dirige hacia este apartado) y, no se encuentra ligado a la jubilación, esto significa que el rescate del dinero puede ser anterior al momento de la jubilación, aunque hay que fijarse en el periodo de tiempo mínimo para poder obtener las ventajas fiscales del rescate en forma de renta vitalicia (10 años)

Los seguros de rentas

Los seguros de rentas, a diferencia de los planes de pensiones, no aplican las ventajas fiscales durante el periodo de ahorro, sino que lo hacen en el momento del cobro de la prestación, es decir en este caso en el momento de la jubilación.

Este tipo de ahorros suelen orientarse a la aportación de una imposición única (que puede ser posteriormente ampliada) a través de la cual se viene a percibir una renta mensual pactada. Por ejemplo, en el caso de los PIAS, el rescate del ahorro realizado durante la vida del producto se convierte en una renta vitalicia de este modo.

Uno de los problemas de este tipo de ahorro es la falta de liquidez, si lo comparamos con los planes de pensiones vemos que estos tienen una liquidez restringida a situaciones concretas (enfermedad grave, fallecimiento, paro prolongado o amenaza sobre embargo de la vivienda hipotecada) en el caso de los seguros de rentas, este rescate aun siendo posible suelen encontrarse muy penalizado por las aseguradoras.

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Riesgo y rentabilidad: así están relacionados

En el mundo de la inversión hay una máxima: quien no arriesga no gana. Esta es la relación que debes buscar entre rentabilidad y riesgo.

Riesgo y rentabilidad: así están relacionados

Riesgo y rentabilidad son dos conceptos que van de la mano. No hay que olvidar que cuanto mayor sea la rentabilidad esperada de un producto financiero, mayor será también el riesgo que se afronte.

El riesgo hace referencia a la posibilidad de que la inversión realizada no consiga los resultados deseados, en donde se puede incluso llegar a perder todo el capital o una parte de lo invertido. Por su parte la rentabilidad es la capacidad de generar rendimientos.

No hay inversión sin riesgo, pero hay ciertos productos que entrañan más riesgo que otros. El único motivo que puede conducir a una persona a decantarse por una inversión con riesgo ante otra opción sin riesgo es la posibilidad de conseguir de ella una rentabilidad superior.

Por lo tanto, en condiciones iguales de riesgo hay que decantarse por la inversión que tenga una mayor rentabilidad, mientras que en iguales condiciones de rentabilidad, lo más aconsejable es decidirse por la inversión que menos riesgo entrañe.

Cuanto más riesgo se asume en una inversión, mayor será también la rentabilidad que se espera conseguir. De alguna manera esto es así con intención de captar la atención de los inversores, a los que intentan convencer a través de una propuesta atractiva. Cada inversor debe decidir el grado de riesgo que está dispuesto a soportar en su intento de obtener unas rentabilidades superiores.

Los planes pensiones y los fos de inversión se pueden clasificar en cuatro tipos; conservadores, moderados, agresivos y muy agresivos. Hacen referencia sobre todo al nivel de riesgo que se afronta y por lo tanto a la potencial rentabilidad buscada.

Por ejemplo, cuanto mayor es el riesgo que se asume, el inversor reclamará una mayor rentabilidad. Además, cuanta más rentabilidad se espera conseguir, más riesgos habrá que soportar. En el lado opuesto de la balanza hay que decir que los conservadores y moderados tienen menos opciones de acabar con pérdidas, ya que el riesgo que afrontan es menor y por lo tanto también lo será la rentabilidad.

Aunque riesgo y rentabilidad guarden una estrecha relación y estén muy unidos entre sí, esto no significa que aceptar un mayor riesgo no proporcione unos mayores rendimientos con los productos financieros. Queda claro que no hay inversión sin riesgo, pero existen ciertos productos que cuentan con más riesgo que otros y eso hace que su contratación resulte más complicada de tomar, sobre todo por el miedo a perder parte del capital invertido o incluso la totalidad.

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