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Cuánto podrás sacar de tus ahorros según cuándo te jubiles

Según el momento en el que se jubiles, y sobre todo según la pensión de jubilación que corresponda, será necesario utilizar tus ahorros en mayor o menor medida.

Damos por sentado, así lo hacen todos los expertos, que el actual sistema de pensiones públicas a medio y largo plazo no es sostenible. Esto se traduce en que, si ya hoy en día las pensiones públicas se consideran en general bajas, en el futuro con total probabilidad serán menores proporcionalmente.

Esta situación nos obliga a plantear soluciones para tratar de perder el menor poder adquisitivo posible en el momento de la jubilación. La cantidad de dinero que vas a necesitar para este fin no es la misma para todas las personas ni en todos los casos. Deberás en primer lugar calcular la pensión que te corresponde, y, en este cálculo influirán cuestiones como si tu jubilación es anticipada o en el tiempo ordinario.

Una vez hayas realizado este cálculo y sepas cuál es la pensión de jubilación que te corresponde, tendrás que calcular también los gastos e ingresos de tu economía personal tras jubilarte. Es cierto que generalmente en el momento de la jubilación hay una serie de gastos que ya han desaparecido, por ejemplo la hipoteca, pero, hay que recordar que perfectamente pueden aparecer otros gastos como un aumento de la inversión en ocio, mayores gastos en relación a la salud, etcétera.

Más que preguntarte cuánto podrás sacar de tus ahorros en el momento de la jubilación deberías preguntarte cuánto vas a necesitar de ellos. Piensa que, por ejemplo, un rescate de productos de ahorro en forma de renta vitalicia, que te acompañará durante el resto de tu vida, debe ser eficaz y cumplir ese objetivo a fin de no perder tu capacidad económica en esta etapa de la vida.

Planes de Pensiones y Seguros de ahorro dos productos de los que sacar partido cuando te jubiles

Aunque existen muchas opciones que pueden ayudarnos en este camino del ahorro para la jubilación, los planes de pensiones y los seguros de ahorro son probablemente dos de los más interesantes y a los que podrás recurrir con más garantías cuando te jubiles.

En los planes de pensiones, a lo largo del tiempo, iremos realizando aportaciones que se acumulan junto al rendimiento que producen. En este caso disfrutamos de una fiscalidad en diferido que hace que durante las aportaciones nos veamos bonificados aunque, a la hora de rescate, deberemos asumir los impuestos correspondientes. Los planes de pensiones nos permitirán sacar el dinero que necesitemos en función de lo que hayamos consolidado previamente.

En el caso de los seguros de ahorro, donde también encontramos diversas opciones, podemos ir acumulando un capital con una rentabilidad garantizada, aunque con una fiscalidad diferente a la de los planes de pensiones. La opción de los seguros de ahorro es muy interesante cuando tenemos claro el dinero que podemos llegar a necesitar, y desde luego puede ser un buen complemento a otros productos de ahorro como los planes de pensiones.

En cualquier caso, a la pregunta que encabeza el texto, la respuesta es bastante clara, debes sacar ante el dinero que vayas a necesitar e incluso, en esta etapa de nuestra vida, no deberíamos descuidar seguir manteniendo el hábito del ahorro.

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Cuándo puedes rescatar el dinero de un PIAS y cuánto ahorrarás si lo haces en el momento oportuno

Si contratas un PIAS y lo rescatas en el momento oportuno podrás obtener las mejores prestaciones de este producto. Veamos por qué.

El PIAS es un seguro de ahorro que, a diferencia de otras opciones como los PPA permite la liquidez, es decir, podemos retirar el dinero aportado en cualquier momento. Sin embargo, esta opción elimina el verdadero potencial del producto.

Se suele considerar la liquidez como una de las ventajas más grandes de este producto de ahorro, pero, hay más. La legislación permite que las ganancias de los PIAS que le exentas de tributación al vencimiento si el capital se percibe en forma de renta vitalicia. Obviamente esta es una gran ventaja.

Cómo funciona

La entidad depositaria va a ofrecer una rentabilidad que puede variar según el riesgo que el ahorrador quiera asumir en la inversión. Esto significa que no todos los PIAS  van a ofrecer ni mucho menos la misma rentabilidad. Generalmente, el mercado va a abarcar la rentabilidad de estos productos, rentabilidad que se puede revisar de manera periódica según el tipo de contrato. Esta revisión es habitualmente son cada seis meses o cada año.

Por supuesto también vamos a encontrar PIAS garantizados, e incluso otros más dinámicos que apuestan por mucha renta variable en su composición.

Se trata de un producto orientado a todo tipo de ahorrador pero que se muestra especialmente agradecido con aquellos ahorradores de patrimonios más bajos. Esto es así ya que no existen aportaciones mínimas obligatorias, convirtiéndose en una suerte de pre ahorro sistemático de manera automática y mensual por ejemplo.

Cuándo rescatar el PIAS

El PIAS presenta dos limitaciones a tener en cuenta. La primera es que no podremos realizar más aportación que 8000 € anuales. La segunda es que el total de las primas aportadas no pueden llegar a superar los 240.000 €. Podemos tener más de uno de estos productos pero las cantidades aportadas no pueden superar sus límites.

El momento del rescate es clave en los PIAS. Si retiramos el dinero antes de los cinco años desde la primera aportación no vamos a encontrar ventaja fiscal alguna al pagar impuestos y por tanto va a tributar como si fuera un depósito. A partir de los 10 años, y según la edad a la que se realiza al rescate, el ahorro puede tener un tratamiento ventajoso esto es así ya que, si se rescata en forma de renta vitalicia quedará exento de tributación. El ahorro obtenido por realizar el rescate en el momento oportuno es obvio, no tributaremos por las ganancias del producto.

Lógicamente estamos ante un producto de ahorro que ofrece su mayor potencial a partir de los cinco años y que, transformado en renta vitalicia es cuando se muestra más eficaz en lo fiscal.

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Seguro de vida y millenials – Lo que debes tener en cuenta

Obtener un seguro de vida para los millenials no sólo es más barato y fácil de lo que generalmente se piensa, también más necesario.

Muchas personas, pero especialmente las personas más jóvenes, sobrestiman el coste de los seguros de vida. De hecho, una gran parte de las personas entre los 20 años y los 30 años piensan que un seguro de vida es una herramienta cara, no necesaria a su edad y de la que pueden prescindir. En todos los casos ese pensamiento puede ser un error.

¿Necesitas un seguro de vida?

La fórmula para determinar si necesitas un seguro de vida no debe basarse exclusivamente ni mucho menos en la edad. Una de las mejores maneras para valorar si realmente necesitas un seguro de vida es preguntarte si alguien quedaría en dificultades económicas si fallecieras mañana.

Estas dificultades económicas no solamente hacen referencia a cuestiones como casarse, tener hijos o adquirir una vivienda. Hay otros elementos y factores que debes tener en cuenta independientemente de todas, por ejemplo, si tienes préstamos con avalistas, si tienes deudas contraídas que pueden saltar a tus familiares, etcétera.

Como ves, la edad no es necesariamente el factor determinante a la hora de decidir si necesitas o no un seguro de vida.

No tienes que ser rico para permitírtelo

Este es otro error común en las personas jóvenes, pensar que para suscribir un seguro de vida hay que asumir un coste elevado.

Hay dos factores que debes tener en cuenta, el primero es evidente, tu condición de joven y tu posible salud y vitalidad es un factor determinante en el coste de un seguro de vida. No es lo mismo firmar un seguro de vida a los 25 años que hacerlo a los 50 o a los 65.

En segundo lugar hoy en día los seguros de vida son tremendamente ajustables a la necesidad de cada uno. Esto significa que se trata de seguros flexibles que realmente se ajustan al bolsillo de manera real. Por muy poco dinero puedes tener una protección digna y eficaz.

Qué seguro debes elegir si eres joven

No hay una regla general para esto. Realmente debes analizar lo que consideras que necesitas aportar a tu seguro. No será lo mismo si ya tienes hijos de corta edad que si tus hijos son mayores, tampoco lo será si tienes una vivienda en propiedad a la que tu pareja deberá hacer frente si falleces o si vives de alquiler…

En definitiva se trata de que elijas un seguro que proporcione unas coberturas adecuadas para lo que pretende es proteger. Como ya te hemos dicho antes hoy en día los seguros de vida son tremendamente flexibles y permiten ajustar mucho en este sentido.

Dónde suscribir tu seguro de vida

Lo cierto es que hoy en día las compañías ofrecen una gran variedad de posibilidades, y además, en el mercado asegurador, la oferta no para de crecer.

En cualquier caso, como ocurre con todo tipo de servicios, la experiencia y la solidez de la compañía aseguradora siempre es un grado. Propuestas como los seguros de vida de Aegon pueden responder a la necesidad de un asegurado joven con un precio muy razonable y con cobertura adecuadas. Todo ello con la garantía de una de las compañías líderes del mercado.

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Así te engaña tu mente para que no ahorres

¿Te has planteado muchas veces intentar ahorrar pero nunca lo consigues? Tranquilo, esto le ocurre a muchas personas y tiene solución. Se trata de convencer a tu mente para que no te engañe sobre el ahorro.

Hay que tener en cuenta que ahorrar no resulta sencillo para muchas personas. En algunos casos esto está motivado por una realidad económica en la que o no existe el hábito de ahorrar, o, simplemente el dinero parece no alcanzar para el ahorro.

Partiendo de la base de que cualquier cantidad ahorrada ya es mejor que nada, hay otro comportamiento, muy extendido, en el que el ahorro no se contempla incluso por personas que podrían realizarlo sin excesivo esfuerzo.

Se trata de un engaño de la mente que se traduce en un comportamiento que la ciencia denomina sesgo de presente.

El sesgo de presente y nuestro dinero

El sesgo de presente es un comportamiento en el que nuestro cerebro reacciona a la recompensas inmediatas y no lo hace tanto a la recompensas a largo plazo. Es decir, cuanto más lejos se visualiza la recompensa más pereza produce el esfuerzo a realizar para conseguirla.

Esto no sólo se da en lo financiero, piensa en cuántas veces te has planteado ponerte en forma y has dejado el ejercicio al poco tiempo, hacer una dieta y no has podido, realizar una tarea doméstica que vas aplazando…

En el plano financiero el sesgo de presente, esa necesidad de sentir la recompensa inmediata, puede hacer que seamos directamente incapaces de ahorrar ya no a lo largo del tiempo, sino incluso en nuestro día a día.

Esto puede ser determinante para la salud financiera de nuestra economía doméstica. Pensemos por ejemplo en el impacto que puede tener en el largo plazo no ahorrar para la jubilación. Se trata de un objetivo lejano, que parece reñido con la recompensa inmediata, pero que sin embargo, es absolutamente necesario.

Cómo hacer que nuestra mente deje de engañarnos y ahorrar

La solución es realmente fácil y está en nuestras propias manos, pero, requiere de un esfuerzo y una disciplina que si no se han tenido previamente hay que ejercitar.

Desde luego la mejor manera de evitar el efecto del sesgo de presente es empezar por vivir con lo que necesitamos. Incluso antes de pensar en el ahorro deberíamos pensar en lo que gastamos y en lo oportuno de estos gastos. En muchas ocasiones quienes no consiguen ahorrar gastar más de lo que realmente necesitan, de hecho mucho más.

Si somos capaces de elaborar un buen presupuesto y ajustar nuestra economía personal de manera adecuada, podremos valorar si lo que gastamos es adecuado o no. Este simple ejercicio, antesala del ahorro, nos va a permitir una perspectiva muy realista de nuestras finanzas.

Una vez logrado lo anterior se trata de adquirir el hábito de apartar dinero para el ahorro de manera constante. Aquí hay que hacer un ejercicio de convencimiento de que el ahorro tanto a medio plazo como a largo plazo es necesario. Una manera interesante de no perder la atención es recordar que para el ahorro a largo plazo lo importante es la propia acción de ahorrar. La motivación puede flaquear en algunos momentos, pero, si el hábito se impone habremos vencido a los engaños de nuestra mente.

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Qué coche te compensa comprar. Compra tu coche como un financiero

La compra de un coche es una decisión muy importante para tus finanzas personales. Debes tener en cuenta qué coche es el que realmente puedes comprar y cómo financiarlo.

La adquisición de un vehículo es uno de los mayores gastos que ha de soportar tu economía personalii9 junto a la adquisición de vivienda. Por ello, del mismo modo que aplicamos buenas dosis de realidad a la compra de nuestra casa, o deberíamos hacerlo, si estás pensando comprar un coche debes tratar de ser lo más racional posible, y, aplicar algunas sencillas reglas financieras.

La tentación de adquirir un vehículo superior al que realmente podemos aspirar está siempre ahí. Gracias a opciones de financiación a largo plazo puede incluso parecer que lo tienes al alcance de la mano. Sin embargo, esto no siempre va a ser una buena idea ni mucho menos.

Compra el coche que realmente puedes comprar

Hay muchas fórmulas e ideas alrededor de cómo valorar el tipo de coche que realmente puedes permitirte. La gran mayoría de ellas se basan en la financiación a plazos con lo que el gasto real del vehículo va a ser muy superior al inicial. Pocas de estas ideas parten de algo tan sencillo como adquirir el coche que realmente deberías por tu situación económica.

Una regla muy sencilla es no adquirir un vehículo cuyo coste sea superior a nuestros ingresos de un año. A partir de esta regla podrías aplicar un sistema básico que dividiría en tres apartados la adquisición: entrada, plazo de financiación, porcentaje de gasto.

Entrada del vehículo

Es fundamental aportar una entrada en la compra del vehículo a financiar. Si no tienes al menos el 20% del coste del coche para poder aportarlo como entrada no deberías comprarlo. Se trata de haber tenido un objetivo de ahorro a tal efecto. Recuerda que la depreciación de los vehículos hace que el dinero de la entrada se vea casi por perdido en cuanto conduces el coche por primera vez. Se calcula esta depreciación en torno al 19% durante el primer año.

Si has conseguido ahorrar ese 20% del coste del coche llega el momento en el que debes plantearte la financiación del resto del precio. Obviamente a mayor entrada menor financiación y menor impacto de los intereses.

Plazo de financiación

Tanto las financieras de las propias marcas como quien puede ofrecerte un crédito, estan deseando vender sus productos. Esto significa que en ambos casos pueden ofrecerte plazos relativamente largos para la financiación del coche. Estos plazos pueden llegar a encarecer el vehículo de manera increíble.

Por regla general el periodo máximo de financiación para la adquisición de un coche debería ser de cuatro años. Más años harán que el precio de nuestro coche haya sido tremendamente elevado, para un bien que, además, no se revaloriza sino que pierde valor con el tiempo.

Porcentaje de gasto

Esta sería la última regla para aplicar en este proceso en el que vas a comprar un coche. Debes tratar de determinar cuál es el porcentaje de gasto mensual que puedes asumir en la compra del vehículo.

Un coche debe ser considerado como una herramienta de servicio, los gastos que acarrea no terminan con su adquisición. Desde gastos de mantenimiento, aparcamiento, combustible… Esto hace que, realmente, al margen de su coste, un coche suponga un gasto constante.

Si hay una regla no escrita que dice que no debemos dedicar más del 25% o 30% a mantener créditos, en el caso del porcentaje de gasto para la financiación del vehículo este no debería ser superior al 10% de los ingresos mensuales.

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Cuánto puedes desgravar por aportar al máximo a tu plan de pensiones

Un plan de pensiones no sólo es un instrumento de ahorro para tu jubilación, también es una buena herramienta para desgravar aprovechando sus ventajas fiscales.

La contratación del plan de pensiones te va a permitir tener unos ingresos complementarios a tu jubilación en el futuro, pero, además, te va a proporcionar en el presente unas importantes ventajas fiscales.

La fiscalidad de los planes de pensiones permite una reducción en la base imponible del IRPF. Esto significa que en los años en los que realices aportaciones a tu plan de pensiones pagarás menos impuestos. Eso sí, en el momento del rescate del plan deberás tributar como rendimiento del trabajo por dicho rescate. Es decir, te habrás beneficiado de una fiscalidad en diferido de la que puede sacar partido si por ejemplo, reinviertes lo que desgravas de manera anual en tu propio plan.

Las aportaciones a los planes de pensiones quedan limitadas no sólo desde el punto de vista financiero, sino también desde el punto de vista fiscal. Esto significa que estas aportaciones sólo podrán tener un máximo de 8000 € anuales. Con ese máximo aportado podremos realizar la deducción en nuestra declaración de la renta de la menor de estas dos cantidades:

  • 8000 € anuales para cualquier contribuyente de manera independiente a la edad.
  • El 30% de los rendimientos netos del trabajo y actividades económicas.

De manera adicional, las personas cuyo cónyuge no tiene rendimientos netos del trabajo y/o cuyas actividades económicas son inferiores a 8000 € anuales, pueden aportar al plan del cónyuge un máximo de 2500 €

Por otro lado para aquellas personas con minusvalía física igual o superior al 65% y psíquica igual o superior al 33% el límite máximo anual de las aportaciones asciende a 24.250 € incluyendo aquellas aportaciones de terceras personas, que no pueden exceder los 10.000 € anuales.

Reducción de los tramos y tipos marginales en el IRPF

Ya hemos visto la desgravación que surge de la aportación máxima al plan de pensiones. Pero, conviene tener en cuenta los tramos y tipos marginales que se aplican en el IRPF.

  • De 0 € a 12.450 €      19 %
  • De 12.450 € a 20.200 €         24 %
  • De 20.200 a 35.200 €            30 %
  • De 35.200 a 60.000 €            37 %
  • Más de 60.000 €        45 %

En definitiva, una fiscalidad en diferido, a la que debemos hacer frente en el momento del rescate del plan de pensiones, pero que, nos permite aprovechar el dinero deslavado para otros fines, por ejemplo para buscar más herramientas complementarias de ahorro para la jubilación.

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Cuánto pierdes al jubilarte de forma anticipada

La jubilación anticipada permite que te jubiles antes del tiempo legal establecido para ello, pero, trae consigo unas reducciones en la cuantía de la pensión a cobrar.

Las medidas que reformaron el mercado laboral trajeron consigo una modificación importante en cuanto a los años a los que podemos retirarnos de manera anticipada. Pero, también trajeron consigo la aplicación de una serie de reducciones a tener en cuenta para este tipo de jubilación.

Generalmente nos centramos en conocer la edad mínima a la que podemos jubilarnos de manera anticipada, pero, es conveniente que también sepas cuánto pierdes al jubilarte antes de tiempo.

Las reducciones en las jubilaciones anticipadas

Según el nuevo marco legal para la jubilación, retirarse anticipadamente del mercado laboral se penaliza más que antes. Esta penalización viene dada por el aumento de los coeficientes reductores que se aplica para el cálculo de la pensión de jubilación.

Existen hasta cuatro tramos que tener en cuenta según tu edad y los años cotizados a la hora de jubilarte.

Para la jubilación anticipada voluntaria los coeficientes de reducción serían los siguientes:

  • 2% trimestral para periodos de cotización que resulten inferiores a 38 años y seis meses
  • 1,875% trimestral para periodos de cotización entre 38 años y seis meses y 41 años y seis meses
  • 1,70% trimestral para periodos entre 41 años y seis meses y 44 años y seis meses
  • 1,625% trimestral a partir de los 44 años y seis meses de cotización acreditada

Recuerda que se trata de porcentajes trimestrales. Es decir, que traducido a un cálculo anual de tu pensión podrás perder un 8%, un 7,5%, un 6,8%, y un 6,5% respectivamente.

Cuando la jubilación anticipada no es voluntaria, es decir, en el caso que te veas forzado a jubilarte de forma anticipada, estos coeficientes reductores se modifican ligeramente:

  • 1,875% trimestral de anticipo para aquellos periodos de cotización que llegan hasta los 38 años y seis meses
  • 1,750 trimestral para los periodos de cotización que van desde los 38 años y seis meses hasta los 41 años y seis meses
  • 1,625% trimestral para los periodos de cotización que resulten a partir de los 41 años y seis meses

Por tanto, en este caso, la reducción máxima anual sería del 7,5% y la mínima del 6,5%.

Lógicamente en el cálculo de tu pensión ante una jubilación anticipada la edad y los periodos de cotización son claves, pero, en cualquier caso, la pérdida de dinero respecto a la jubilación estándar es notable.

Si quieres conocer más sobre todo lo que necesitas para tu ahorro e inversión, contacta con los mejores asesores financieros.

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Las cuatro peleas de dinero que tendrás en pareja y cómo abordarlas

Dentro de la vida en pareja las discusiones motivadas por la gestión del dinero son una fuente de problemas a tener en cuenta. Veamos las cuatro peleas de dinero más habituales y cómo abordarlas en pareja.

En el año 2014 la revista Money publicaba una encuesta en la que el dinero se mostraba como la razón más común por las que una pareja casada discute, por delante de cuestiones como tareas domésticas o la propia convivencia.

Desacuerdos sobre el gasto

Esta es probablemente la más habitual. En una pareja se da un desequilibrio entre una persona gastadora y otra ahorradora. Cuando la persona gastadora realiza un gasto  la persona ahorradora no lo alcanza a comprender y se produce una discusión sobre la responsabilidad o el consumo.

Evitar comunicar el gasto es probablemente la peor idea que se puede tener en este sentido. Ocultar el dispendio puede agravar la mala sensación de la persona ahorradora, y además, generar un sentimiento de culpa en el comprador.

Una buena manera de abordar esto, cuando se produce esta diferencia en la pareja, es tener fondos de dinero separados para gastos. Cada uno hace las compras que el otro podría llegar a considerar innecesarias con su fondo, y esto no afecta a la convivencia ya que son fondos pactados. Eso sí, hay que respetar las cantidades adecuadas a los fondos.

Quién controla el dinero

Esta es otra cuestión que puede generar muchos problemas matrimoniales. Se puede dar tanto por la propia personalidad de los cónyuges, como por imposiciones basadas en quién gana más o quien gana menos. Se trata de un principio peligroso que puede realmente socavar una relación de pareja de manera muy grave.

Lo principal para evitar este problema es tener una sensación de equipo en lo que a dinero se refiere. Independientemente de mantener fondos separados o cuentas separadas, la necesidad de valorar las decisiones como decisiones en conjunto y el dinero como dinero en conjunto es el principio básico para evitar la preponderancia de uno u otro en la toma de decisiones financieras.

Reacciones al riesgo

La capacidad de asumir el riesgo es muy personal y, rara vez, la pareja va a coincidir en su tolerancia al riesgo. Hablamos no sólo de riesgo desde el punto de vista de la inversión, sino también a la hora de afrontar gastos o proyectos de vida.

Obviamente quien tiene mayor tendencia a tolerar el riesgo va a buscar decisiones más arriesgadas que pueden chocar de frente con una posición más conservadora o de menor tolerancia al riesgo financiero.

En este caso la mejor manera de solucionar el problema previamente es pactar unos límites de riesgo asumibles por ambas partes. Se trata de tener en ambos casos, en el caso de quien desea asumir más riesgo bajando su nivel de Asunción de riesgo, y de quien posee el perfil más conservador asumiendo un poco más de riesgo del que asume.

Esta solución pactada, podrá permitir que ambas partes cumplan en cierta medida con su personalidad financiera. Tener un buen plan de inversión, pensado previamente, va a ayudar a la pareja a moverse de manera más cómoda por los diferentes niveles de tolerancia al riesgo.

Desacuerdos sobre ayudar económicamente a la familia

Esta es probablemente una de las discusiones financieras más difíciles dentro de una pareja. Aquí entran en juego factores emocionales que no siempre son controlables desde el punto de vista de las finanzas personales.

Un préstamo a un miembro de la familia de uno de los cónyuges puede generar tensiones en el otro cónyuge que no entienda dicho préstamo o dicha ayuda.

Por supuesto la anticipación es la base de la solución a este tipo de problemas. Aunque no siempre estemos preparados para que un familiar necesite ayuda económica, tenerlo previsto no es difícil y podría ayudar en el momento de producirse.

Todo debería basarse en una serie de acuerdos a partir de las siguientes preguntas

  • ¿Puedes considerar el dinero que le das a la familia como un obsequio en lugar de un préstamo?
  • Si tiene que ser un préstamo, ¿puedes aceptar que se redacte un documento de préstamo legal para asegurarme que se le reembolse?
  • ¿Cuál es la cantidad máxima de dinero que estás dispuesto a dar o prestar a la familia en una emergencia?
  • ¿Hay un número máximo de veces que estás dispuesto a ayudar al mismo miembro de la familia?
  • ¿Hay formas no financieras que puede ofrecer para ayudar si no está en juego el dar o prestar dinero?

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Así funciona la regla del 10/10/10 con la que controlar tus gastos

Existen muchos métodos y herramientas para tratar de controlar nuestros gastos. La regla del 10/10/10 puede ser realmente eficaz para ello.

Realmente todos los métodos de control de gasto parten de un mismo punto de vista: el análisis de la necesidad de la compra o del gasto que vamos a realizar. Se trata simplemente de utilizar una herramienta que nos permita que este análisis sea lo más realista posible.

Para algunas personas bastará echar un vistazo a su presupuesto para entender si un gasto es adecuado o no, pero, hay otras personas que necesitan una implicación más emocional con las decisiones financieras. Para ellas la regla del 10/10/10 puede ser realmente útil.

Una herramienta para todo tipo de decisiones

Estamos ante una herramienta que realmente puede ser útil en cualquier tipo de decisiones que tomemos en nuestra vida, pero que se muestra muy eficaz desde el punto de vista emocional en las decisiones financieras.

Para ello, cuando vamos a afrontar una compra, un gasto o la contratación de un servicio deberíamos ser capaces de responder a tres preguntas sencillas:

  • ¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 minutos?
  • ¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 meses?
  • ¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 años?

La respuesta a estas tres preguntas, si es coincidente en lo positivo, probablemente acabe aconsejando la compra o contratación, si es muy dispar debería hacernos reflexionar sobre lo idóneo de esta compra, y obviamente si es negativa debería evitar el gasto.

La mejor manera de ver cómo funciona este sistema es haciendo un ejercicio práctico.

Vamos a suponer que ya tenemos un dispositivo móvil en buen uso pero nos alcanza una oferta para otro dispositivo móvil nuevo, se trata de un gasto que no deberíamos hacer por obligación pero que puede apetecernos por consumo.

Supongamos que esto va a suponer un desembolso de 500 €, y que realmente nos motiva la compra aunque no sea estrictamente necesaria. Deberíamos comenzar a responder a las preguntas.

¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 minutos? Probablemente dentro de 10 minutos estaré emocionado con mi nuevo móvil, esperaré a llegar a casa para desenvolverlo y utilizarlo por primera vez y disfrutar realmente de esa sensación inmediata que produce la compra.

¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 meses? Esta es la parte más difícil de analizar, y sobre todo la que más esfuerzo de honestidad requiere. Probablemente dentro de 10 meses siga utilizándolo, pero, también con mucha probabilidad el dispositivo móvil anterior seguiría en perfecto funcionamiento 10 meses después con lo cual esos 500 € se podrían haber destinado a otro gasto o incluso al ahorro. En esta parte del análisis es donde debemos hacer un ejercicio de responsabilidad con la necesidad real y separarla de la compra poco razonada.

¿Cómo me sentiré acerca de esto dentro de 10 años? Es muy probable que dentro de 10 años este dispositivo recién adquirido no vaya a ser útil, del mismo modo que ocurriría con mi dispositivo anterior que aún se mantiene en buen funcionamiento. Es decir, a largo plazo el rendimiento de ambos va a ser más o menos el mismo y su futuro también. A estas alturas es probablemente más fácil imaginar no haberse desprendido de 500 € que haber gastado este dinero en algo no necesario.

La conclusión de este análisis nos diría que no necesitamos realizar este gasto, y que probablemente sea un gasto mal hecho y mal enfocado para nuestra economía personal, pudiendo emplear el dinero en otros objetivos tal vez más necesarios como el propio ahorro para la jubilación, o la planificación de unas simples vacaciones como objetivo más inmediato.

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Por qué pedir un préstamo para tu boda puede ser una mala idea

Recurrir a la financiación para pagar los gastos de una boda es relativamente frecuente. No obstante, no en todos los casos un préstamo puede ser la mejor fórmula para pagar tu boda.

El primer lugar hay que tener en cuenta que un préstamo va a acarrear unos gastos, comisiones e intereses que aumentarán el coste total de tu boda. Esto es importante porque no siempre visualizamos el impacto real que en nuestro bolsillo tiene este tipo de productos financieros.

Así que, el principal motivo por el que un préstamo para tu boda puede ser una mala idea es evidente: vas a acabar pagando más dinero del que realmente cuesta la boda.

Cargarse de préstamos siempre es mala idea

Resulta muy probable que quien se plantea solicitar un crédito para los gastos de su boda tenga a su vez otros productos de financiación abiertos. Bien sea tarjetas de crédito en uso, préstamos personales o préstamos hipotecarios.

La acumulación de productos de financiación es el camino más directo a un gran enemigo de la economía familiar: el sobreendeudamiento.

Antes de solicitar un préstamo para cubrir los gastos de la boda es muy importante analizar a fondo el resto de productos de financiación que tenemos en vigor, sus importes, sus vencimientos y, sobre todo, nuestra capacidad de respuesta a las cuotas de todos ellos, sumando el nuevo crédito que queremos solicitar.

No existe una fórmula mágica para determinar hasta dónde puedes endeudarte en lo que a financiación se refiere, pero, el sentido común te indicará donde están estos límites.

Acudir a los préstamos personales o préstamos preconcedidos debe ser un recurso orientado de manera planificada. Del mismo modo, el uso de las herramientas de financiación debe formar parte lógica de un plan financiero personal, nunca debe ser utilizado de manera impulsiva o sin reflexión.

Buscar alternativas a la financiación es una buena idea

Como ya hemos visto un préstamo para vuestra boda puede acabar resultando caro, puede acabar contribuyendo a una mala función de la economía doméstica, y, peor aún, puede llevarnos a una situación de impago en caso de acumulación de mucha deuda.

Desde luego ninguno de los escenarios anteriores es el más interesante para los primeros periodos de vida en común. Por tanto, la planificación de la boda siempre debería incluir la búsqueda de alternativas a la financiación crediticia.

Probablemente el ahorro durante un periodo de tiempo, bien a través de herramientas de ahorro como los propios seguros de ahorro o similar, en combinación con otro tipo de herramientas como las listas de boda o similar, podría ser un buen principio para todo esto.

Por otro lado, ajustar realmente el gasto en función de lo que puedes gastar, es un buen comienzo para cualquier proyecto de vida en común. Es una buena idea comenzar a dar los primeros pasos de una economía familiar desde la racionalidad y el gasto contenido.

Si aun así has decidido acudir a un préstamo para financiar la boda, procura buscar aquellas opciones que mejor se adapten a tu bolsillo. Comprueba si puedes pedir préstamos preferentes, o a tipo de interés bajo, y huye siempre de cuestiones como reunificar deuda a través de crédito hipotecario o similar.

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