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La declaración de la renta para autónomos

Los autónomos también tienen que hacer la declaración de la renta y tributar por sus ganancias, sólo que en su caso las ganancias no tributarán como rentas del trabajo sino en actividades económicas. Descubre las diferencias y cómo enfrentarte al IRPF.

La declaración de la renta para autónomos

La declaración de la renta es obligatoria para todos los contribuyentes, aunque después hay excepciones que permiten no hacer el IRPF en función de los ingresos. Sin embargo, esto es algo que no que deba preocuparte si eres trabajador por cuenta propia. Y es que en el caso de los ingresos por actividades económicas, solo con superar los 1.600 euros deberás saldar cuentas con Hacienda.

Esta es la cifra que no debes perder de vista como autónomo y no es la única diferencia respecto a los trabajadores ‘al uso’, los contratados. Los trabajadores por cuenta ajena incluyen sus ingresos salariales dentro de las denominadas rentas del trabajo, donde también habrá que consignar los que provengan de las pensiones, tanto públicas como privadas. La cosa cambia para los autónomos, que deberán rellenar el apartado de “Actividades Económicas”, lo que complica ligeramente la cuestión.

El problema para los autónomos es que Hacienda desconoce la composición de sus gastos e ingresos, ya que al hacer la declaración de IRPF deben distinguir los ingresos según el tipo y también los dispendios. La traducción práctica es que el borrador llegará vacío, al no saber la Agencia Tributaria dónde incluir los datos fiscales –éstos sí te llegarán, pero siempre conviene repasarlos-.

Lo primero que habrás de hacer cono autónomo es indicar la modalidad de tributación, si es por estimación directa u objetiva y en el primero caso si es normal o simplificada –el límite para tributar en régimen simplificado es de 600.000 euros de facturación-. Esto determinará algunas casillas que deberás rellenar en el IRPF. Los ingresos se consignan de la casilla 092 a la 095 para el régimen simplificado y se dividen entre ingresos de explotación –los normales del negocio-, otros ingresos, autoconsumo y transmisión de elementos patrimoniales.

Conviene detenerse en el autoconsumo, que se refiere al consumo por parte del autónomo de sus propios servicios o productos. El ejemplo más típico es el de un empresario con un supermercado que hace en su propio establecimiento la compra o un ebanista que se ‘compra’ sus propios muebles.

Los gastos se consignan entre las casillas 097 y 111 en ellos deberás incluir los consumos de explotación, que son los gastos generales, la seguridad social del empresario y los trabajadores a cargo, sueldos y salarios, arrendamientos, servicios profesionales contratados, gastos financieros… Hay una casilla para cada tipo de gasto y en la mayoría de ocasiones estos dispendios se corresponderán con los de la declaración trimestral de IVA, aunque puede haber diferencias porque el criterio de IVA soportado no es el mismo que el de gasto en términos de IRPF.

Lo que no cambia para el autónomo es el funcionamiento de la tablas de IRPF ni el porcentaje que deben aplicar, así como los impuestos sobre sus ahorros.

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En el caso de las rentas del ahorro, también se basarán en las mismas tablas que el resto de ciudadanos y se regirán por los mismos criterios a la hora de sumar beneficios y compensar pérdidas con ganancias.

Del mismo modo, los mínimos familiar y personal también permanecerán inalterados.

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Cómo incluir los productos de ahorro en la declaración de renta

Llega el momento de presentar la declaración de la renta y se agolpan las dudas fiscales. Una de las más habituales tienen que ver con nuestras inversiones y ahorros. Es decir, ¿Qué pasa con el dinero de la cuenta corriente? ¿Y con el de los depósitos o los fondos de inversión? Lo cierto es que todos los productos de ahorro a largo plazo tributan en el IRPF y hay que pagar impuestos por ellos y, más concretamente, por las ganancias que generan.

Cómo incluir los productos de ahorro en la declaración de renta

Las inversiones forman parte de lo que se conoce como rentas del ahorro y que, salvo excepciones, tributan en función de tres tramos para el conjunto de las ganancias obtenidas. Son los siguientes:

  • 21% para las ganancias inferiores a 6.000 euros
  • 25% para las ganancias entre 6.000 y 24.000 euros
  • 27% para las ganancias que superen los 24.000 euros.

A la hora de incluirlos en la declaración de la renta se tendrá en cuenta la suma de todos los beneficios obtenidos, no las rentabilidades particulares de cada inversión. Dicho de otra forma, se integrarán las ganancias que, una vez juntas, pagarán impuestos en función de los mencionados tramos. Así, por ejemplo, si hemos obtenido 9.000 euros, Hacienda se llevará un 21% de por los primeros 6.000 euros, lo que equivale a 1.260 euros y un 25% de los 3.000 restantes, que serían 750 euros adicionales.

Los productos de ahorro se incluyen en la página 3 de la declaración de la renta de rendimientos de capital mobiliario y en la novena, en el apartado G2, destinada a la las ganancias y pérdidas patrimoniales derivadas de la transmisión de elementos patrimoniales. Tanto la entidad bancaria como nuestro bróker o entidad gestora de los fondos de inversión y planes de pensiones deberá remitirnos la información básica respecto a las operaciones del pasado ejercicio fiscal.

En términos generales, sólo tributaremos al hacer efectivas las ganancias acumuladas, no por el incremento del valor de la inversión cuando esta se encuentra ‘bloqueada y todavía no se ha hecho efectiva’. Así, por ejemplo, no habrá que pagar impuestos por la subida del 50% en nuestras acciones si todavía no las hemos vendido y lo mismo puede aplicarse a los fondos de inversión.

En cualquier caso, nunca está de más recordar cómo tributan las principales inversiones y ahorros:

Depósitos: los rendimientos obtenidos tributarán en función de los tres tramos ya comentados. Cada vez que venza el plazo y nos paguen intereses habremos de pasar por la caja de Hacienda.

Fondos de inversión: tributarán conforme a los tramos expuestos con la salvedad que no será necesario pagar impuestos si optamos por reinvertir el dinero obtenido en la contratación de otro fondo.

Letras del tesoro y bonos del tesoro: se cobran a vencimiento o en forma de cupón anual y deberemos incluir ese dinero con el resto de rentas del ahorro para tributar conforme a los tres tramos comentados.

Intereses en cuentas: funcionan igual que los depósitos. Los rendimientos que ofrecen anual o mensualmente se sumarán a la base imponible del ahorro.

Inversiones en bolsa: pagaremos impuestos por las ganancias obtenidas al vender las acciones. La salvedad es que podremos compensar las pérdidas con ganancias, incluso de ejercicios posteriores y que en caso de vender las acciones antes de tenerlas un año en cartera, las ganancias tributarán al tipo marginal de IRPF.

Planes de pensiones: este producto funciona de forma diferente a los anteriores y hay que distinguir entre las aportaciones y el rescate. Las primeras, entendidas como el dinero que invertimos anualmente, darán lugar a una reducción de la base imponible y, por lo tanto, ayudarán a pagar menos impuestos. Además, no habrá que pagar impuestos por las ganancias que obtenga el plan hasta el rescate del dinero, por lo que su fiscalidad está diferida. Al rescatarlo, la factura fiscal dependerá del modelo elegido. Si recuperamos el dinero en forma de capital, todo de golpe, este se considerará una ganancia que hará subir nuestra base imponible, mientras que si lo hacemos como renta, esta tributará como lo venía haciendo nuestro suelo.

Imagen de Flickr por WerWolf_RUNNER



¿Quiénes están exentos de presentar la declaración de la renta?

Una de las primeras tareas que todo contribuyente debería llevar a cabo al comenzar la campaña de la renta es asegurar si está o no obligado a declarar. Después o al mismo tiempo ya podrá solicitar el borrador de IRPF para ver el resultado de la declaración y decidir si presenta o no el IRPF.  Y es que no todo el mundo está obligado a tributar en la renta y existen perfiles que quedarán libres de esta obligación.

Quiénes están exentos de presentar la declaración de la renta

En primer lugar habrá que repasar la parte relacionada con los ingresos, pues existe un mínimo exento para hacer la declaración de la renta. Con carácter general estas son las cifras:

  • Personas cuyos rendimientos íntegros del trabajo no superen los 22.000 euros siempre que provengan de un solo pagador.
  • Personas cuyos rendimientos íntegros del trabajo no superen los 11.200 euros existiendo más de un pagador y el segundo y siguientes pagadores superen en conjunto los 1.500 euros anuales.
  • Personas cuyos rendimientos no superen los 11.200 euros siempre que se trata de pensionistas cuyos únicos ingresos provengan de las prestaciones pasivas del artículo 17.2ª de la Ley de IRPF, provenga de dos o más pagadores y hayan sufrido retención.
  • Los ingresos de hasta 11.200 euros para pensiones compensatorias del cónyuge o anualidades por pensión de alimentos no exenta.
  • Los ingresos de hasta 11.200 euros cuando el pagador no está obligado a retener.
  • Los ingresos de hasta 11.200 euros por rendimientos íntegros del trabajo sujetos a tipo fijo de retención.
  • Las personas que hayan obtenido rendimientos íntegros del trabajo, del capital o de actividades económicas inferiores en su conjunto a los 1.000 euros anuales u pérdidas patrimoniales de cuantía inferior a 500 euros.

Los dos primeros supuestos son los más habituales y para entenderlos, nada mejor que un ejemplo. Un empleado al uso que cobra 18.000 euros de su empresa sin ningún otro trabajo o ingreso, no estará obligado a declarar, aunque podrá hacerlo si así lo desea y si el resultado le es positivo o incluso si es negativo, a ingresar.

¿Y en el resto de casos? Vamos a poner un caso concreto. Si Pedro ha ingresado 15.000 euros de dos empresas, 14.000 euros por la primera y 1.000 euros por la segunda no estaría obligado a presentar la declaración de IRPF porque pese a superar los 11.200 euros, no ha percibido más de 1.500 del segundo y posterior pagador. Sin embargo, vamos a ver qué pasa cuando alteramos las cifras. Supongamos que ha cobrado esos 15.000 euros pero 13.000 eran de la primera empresa y 2.000 euros más de paro. En este caso sí estaría obligado a declarar porque la prestación por desempleo actúa como segundo pagador y habría recibido más de 1.500 euros del segundo con unos ingresos globales que superan los 11.200 euros.

¿Alguna duda? Sólo tienes que formularnos tu pregunta y trataremos de resolverla.

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